El Gobierno parece resignado a tres certezas. La primera es que hay dilemas que Javier Milei no puede resolver. La segunda es que la situación de Manuel Adorni se convirtió en uno de esos nudos que se traban muy adentro en la Quinta de Olivos, con orígenes enraizados en la intimidad inaccesible del Presidente y que la política no puede desatar. La tercera es que el Congreso sí tiene la capacidad de dar vuelta la situación y echar al jefe de Gabinete, porque la Constitución lo permite y porque la oposición y los aliados del Gobierno llegaron a un primer acuerdo para hacerlo.Esto puede ocurrir dentro de muy poco tiempo, porque Adorni tiene por delante varias finales seguidas que pueden dejarlo fuera del Gobierno y, en una pesadilla que lo atormenta, desprotegido frente a la investigación de los Tribunales y la inclemencia de la evaluación callejera.El próximo martes, la oposición impulsará en Diputados una sesión para emplazar a las comisiones a que traten un dictamen para interpelar al Jefe de Gabinete. Hasta este viernes a la noche, el Gobierno trabajaba para que esa sesión no ocurra, pero el PRO les propuso a sus aliados del Ejecutivo que acepten ese emplazamiento, porque de otro modo quedará siempre abierta la puerta para que ocurra en cualquier sesión en la que la oposición consiga el número para votarlo.Al día siguiente, el Gobierno quiere que los diputados aprueben el súper Rigi y otros proyectos, pero esa sesión dependerá de lo que haya sucedido 24 horas antes. Sin el emplazamiento de Adorni resuelto, para el oficialismo será muy riesgoso sesionar y esa situación puede convertirse en el candado que cierre el Congreso.El oficialismo logró este viernes retrasar el avance del proyecto de interpelación en el Senado. A diferencia de lo que se había acordado entre oficialismo y oposición, ahora el Gobierno consiguió que en esa cámara también intervenga la Comisión de Asuntos Constitucionales, donde se tratará un dictamen de interpelación. Ese dictamen agrega un escalón más que la oposición tendrá que sortear.La Constitución prevé, en su artículo 101, que la interpelación del jefe de Gabinete se haga en una de las dos cámaras -en este caso será la que llegue primero- y que la destitución, llamada moción de censura, se vote tanto en Diputados como en el Senado.Con esta nueva agenda, Adorni tendrá tiempo de ir al Senado el 2 de julio a dar su informe mensual en el Congreso. Para él, esa cita será algo muy parecido a una trepada al Calvario.Con su decisión de no renunciar, Adorni quedó en el centro de una carrera que involucra a los tres poderes del Estado. Es una carrera parecida a esas paradojas que descubren los matemáticos, porque el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial compiten, en este caso, por determinar quién consigue detener su avance para lograr que sea otro el que tome la decisión de expulsar a Adorni de la Jefatura de Gabinete.Corridos por el descontento que camina entre la sociedad, la Justicia da a cada rato señales de que el único camino posible que espera a Adorni es el del procesamiento del funcionario; opositores y aliados en el Congreso ya se desataron y hablan abiertamente de las fechas posibles de destitución y el Presidente -advertido de que su Jefe de Gabinete ya no puede mostrarse en público sin cercos que lo protejan- se resignó a designar a un vocero, el diputado pampeano Adrián Ravier, que hace algunos años, en la agitada prehistoria del gobierno libertario, tenía el privilegio de ser el economista más insultado por Milei en las redes sociales. Ravier -que dejó escapar algunos cuestionamientos al jefe de Gabinete en sus últimas entrevistas televisivas- no estará hoy en Rosario junto al Presidente, Adorni y el resto del Gabinete en los actos por el Día de la Bandera. Tiene previsto debutar en su nuevo puesto la semana próxima, luego de su jura en la Casa Rosada. En La Pampa creen que la idea del economista libertario es usar el trampolín y la exposición pública de la vocería para pelearle el año que viene la gobernación al peronismo, que aparece cada semana cruzado por una grieta más profunda.El poder en pleno da por descontado que Adorni dejará más temprano que tarde la Casa Rosada hundido por sus propios errores, pero nadie tiene ganas de ser el verdugo, porque esa tarea puede acarrear costos.Aunque la fecha del reemplazo todavía es una incógnita, hay un misterio que ya está resuelto. El reemplazo de Adorni será, otra vez, un satélite de Karina Milei.El Gobierno tomó esa forma definitiva cuando la victoria electoral de 2025 terminó de instaurar la infalibilidad de la palabra de la hermana presidencial.A fin de año, Karina concentró, con Eduardo Lule Menem, Martín Menem y Diego Santilli como sus vectores excluyentes, la relación con los gobernadores y con los diputados nacionales.Le quedó afuera de su red la operación directa en el Senado, que consiguió acaparar Patricia Bullrich. La crisis de esa relación entre las dos mujeres fuertes del Gobierno, que se agudizó con el escándalo de Adorni, explica por qué el intento de destitución del jefe de Gabinete comenzó con mayor velocidad en la Cámara alta y no en Diputados.El kirchnerismo esperó con bastante paciencia que se cumplieran de a una las etapas de la incineración de Adorni. Sólo se aceleró cuando el jefe de Gabinete presentó sus nuevas declaraciones juradas, una jugada pensada por sus abogados para intentar aliviar sus problemas en la Justicia pero que terminó incendiando las pocas herramientas y conexiones políticas que le quedaban.Sin la posibilidad de hablar con la oposición ni de emitir órdenes que sean respetadas por los ministros, sin la chance de anunciar las medidas del Gobierno ni de postear siquiera unas líneas en X que no queden sepultadas por una avalancha de réplicas y memes, Adorni tendrá que esperar a que el Presidente decida soltarlo, o que la Justicia o el Congreso se lo arranquen de las manos. A esta altura ya no le quedan opciones dulces.