El show está por arrancar, y la campaña presidencial de Abelardo de la Espriella enciende lo que parece el tráiler de una película. En pantallas gigantes se ven hermosos paisajes de la geografía colombiana, mientras suena una cumbia futbolera argentina: celebra al “tigre de mi vida”, grita “vamo colombianos”, le dice al candidato “sos la alegría de mi corazón”. La escena se repite en Bogotá, en Barranquilla, en Cali, en decenas de localidades colombianas y, finalmente, en Buga, la ciudad religiosa donde el aspirante a la presidencia cerró su campaña presidencial el pasado domingo. “¡Colombia: acá está tu tigre que ruge y que muerde!”, grita De la Espriella cuando aparece en una tarima ubicada en el centro de las pantallas. “¡Vamos a defender a Colombia por la razón o por la fuerza!”, anuncia el favorito de las encuestas para ganar la segunda vuelta de este domingo. “Nosotros fuimos llamados para cambiar la historia de Colombia”. Bienvenidos a la Patria Milagro. La política siempre tuvo algo de espectáculo, pero Abelardo de la Espriella lo ha llevado a un nuevo nivel en Colombia, muy lejos del TikTok que en 2022 impulsó a Rodolfo Hernández, otro candidato de derecha que casi llega a la presidencia. Lo del penalista es una combinación de inteligencia artificial con la producción de un espectáculo patriotero milimétricamente controlado. Primero suena el himno nacional de Colombia, cantado por el mismo De la Espriella, quien respira profundo y se da la bendición antes de salir al escenario. Aparece, hace varios saludos militares, sube el tono de voz cada dos frases en un discurso con varios clímax y, cuando agradece a los millones que lo siguen, suena inmediatamente una de las bandas sonoras de su campaña. Póngale la raya al tigre, se escucha. “¿Le van a poner la raya al tigre?”, grita mientras unos tigres hechos con IA bailan en las pantallas. Con frecuencia se golpea el bíceps derecho como signo de celebración, o como si estuviera a punto de dar un golpe en un ring de boxeo. A sus 47 años, muestra que tiene el físico para repetir una exigente coreografía al pie de la letra, cientos de veces, por toda Colombia.“Ni Shakira se atrevió a tanto”, dice un barranquillero cuando el candidato hizo un evento de campaña en su ciudad caribeña. Hubo fuegos artificiales junto al malecón de la ciudad, drones en el cielo que formaban la imagen de un tigre o de un soldado, y un enorme buque en el río Magdalena con la cara del candidato. Detrás del concepto están asesores de largo aliento, sobre todo su amigo y socio Carlos Suárez, de la firma Estrategia & Poder, y quien lo ha acompañado desde el primer día de la campaña. En la estrategia política se suele decir que un candidato no debe nunca salirse del guion que funciona, y De la Espriella es el mejor estudiante: la revancha contra el petrismo y los saludos patrioteros son la daga que cautivó el corazón de más de 10 millones de ciudadanos en la primera vuelta presidencial del pasado 31 de mayo.Si De la Espriella parece el cantante más famoso del momento, sus seguidores también se han tomado en serio el rol de los fanáticos en un concierto. El fandom, su séquito de fans, aparece en los eventos disfrazado de tigre, pero sobre todo uniformado con la camiseta de fútbol amarilla de Colombia, y repiten sus consignas: de la patria milagro, al firme con la patria, al saludo militar hecho con la mano derecha. Son seguidores que buscan la esperanza, los milagros e incluso el cambio que en 2022 prometió el izquierdista Gustavo Petro. “Creíamos en el cambio, y cambio no hubo”, dice una bogotana, en un show en el sur de Bogotá, que en cuatro años se mudó del petrismo de izquierda al abelardismo de ultraderecha, pero siempre en el voto antiestablecimiento. Detrás de cada escenario, el encargado de la minucia es un antioqueño afín al uribismo llamado Sebastián Restrepo, quien camina detrás del candidato cuando sale a la tarima. “El number one”, le dijo el candidato a su productor en enero, en redes sociales. Restrepo se mueve por el país entre los escoltas que cargan escudos para proteger al candidato, grita por unos audífonos con micrófono para que las luces y la pólvora salgan en el momento exacto, se levanta antes que todo el equipo de campaña para mirar que las pantallas, los micrófonos y toda la logística estén en pie. “¿Hoy no vamos con el himno?”, le pregunta De la Espriella antes de una presentación en Bogotá de enero. Restrepo niega con un gesto, indicando que ya es hora de salir a sonreírle al público. A la dupla de Suárez y Restrepo la apoya la logística de Joaquín Gutiérrez, amigo del candidato, su jefe de campaña y miembro de una tradicional familia terrateniente y política del Caribe.Pero de la Espriella no sale con Restrepo, Suárez o Gutiérrez en la tarima. Y, a diferencia de lo que hacía antes, ahora tampoco aparece con ninguno de las decenas de políticos que lo apoyan: ni el expresidente Álvaro Uribe, ni los miembros del clan Char de Barranquilla, ni los liberales o conservadores que han sido fieles a la campaña. Las excepciones son su fórmula vicepresidencial, el economista José Manuel Restrepo, y su familia de cuatro hijos y su esposa, Ana Lucía Pineda, quien lidera rezos de las tigresas de la patria. “Gracias, mis mujeres bellas, sin ustedes hubiera sido imposible, nena”, dice el candidato antes de terminar el show en Buga.“La próxima vez que nos encontremos, con la bendición del negrito, del Señor de los Milagros, y con la fuerza del pueblo colombiano, nos veremos en una nueva etapa de nuestra historia, la etapa de la reconstrucción nacional, la etapa de la grandeza, la etapa de la patria milagro”, terminó el evento de cierre. Vuelve a sonar la cumbia argentina futbolera sobre el “tigre de mi vida”, y a la pólvora y las pantallas se añaden unas ráfagas de fuego que salen de la parte baja de la tarima. Para quienes creen en el show, en la espectacularidad, el mejor momento de Colombia está por comenzar. E incluso quienes detestan al candidato, reconocen que en esta campaña hubo un espectáculo inolvidable.
Dentro de la campaña de De la Espriella, el espectáculo que divide a Colombia
El candidato de la ultraderecha repite con disciplina un guion que cautiva al electorado con la ayuda de tres productores y la promesa de una patria milagro












