DOMINGA.– Abelardo de la Espriella ruge detrás de un vidrio blindado. “Hoy más que nunca estamos firmes por la patria”, dice desde la tarima en la que vino a celebrar su victoria en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia, vestido con la camisa amarilla de la selección de su país, convertida en la marca de reconocimiento de sus seguidores.

“Comienza la patria milagro”, agrega con el puño en alto en esta homilía, más cercana a una prédica evangélica que a un mitin político, en la que prometió “ser el presidente de todos los colombianos”. Es domingo 21 de junio de 2026 y el hombre que hasta hace unos meses era cuestionado de ser un destacado abogado de narcotraficantes y paramilitares, además de un cantante de ópera histriónico, acaba de ser elegido como presidente, con 49.66% de votos escrutados contra 48.70% su rival Iván Cepeda, en un preconteo que ya fue apelado por el gobierno.

Más allá de lo local, es una nueva ficha que se suma a la ola de dirigentes ultraderechistas que arrasa en el continente bajo el paraguas de Donald Trump. Y a la fecha, medio país aún se pregunta cómo es que sucedió esto.

Como otros mandatarios de ultraderecha, Abelardo de la Espriella adoptó como distintivo un felino | Especial