Excéntrico, ostentoso y millonario, el abogado Abelardo de la Espriella, “El Tigre” como le gusta que lo llamen, desterró a la izquierda del poder en Colombia con un discurso antisistema y la promesa de desterrar los carteles de narcotráfico que controlan gran parte del país. De 48 años, el ‘outsider’ respaldado por Donald Trump dejó atrás una vida lujosa en Italia para lanzarse por primera vez en la política, y ganó. En un balotaje ajustado, venció al senador Iván Cepeda, aliado del saliente mandatario Gustavo Petro, el primero de centroizquierda en gobernar Colombia. El abogado, conocido por defender a paramilitares, narcotraficantes, políticos corruptos y estrellas de fútbol, juró que va a “reconstruir la República” y que brindará “autoridad, orden y esperanza” al país.

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Luego de derrotar a la derecha tradicional, abrazó un discurso antisistema. “A toda esa mafia que desgobierna Colombia les digo: aquí hay una manada, hay un pueblo que no se arrodilla y que ha venido a enfrentarlos” y “a castigarlos”, enfatizó. Convencido de convertir al Estado en una empresa próspera, se inspira en los mandatarios Javier Milei, Nayib Bukele y Donald Trump. Cantante de ópera aficionado, suele vestir trajes impecables sin corbata y mocasines. También usa la camiseta amarilla de la selección de fútbol al estilo del expresidente de Brasil Jair Bolsonaro. Durante la carrera presidencial fue criticado por declaraciones consideradas machistas y homofóbicas, que sin embargo no afectaron su popularidad. De doble nacionalidad colombiana y estadounidense, le llueven cuestionamientos sobre sus vínculos pasados como abogado y el origen de su fortuna. Antes de postular a la presidencia, presumía en redes sociales de viajes en aviones privados, trajes de sastrería, sombreros y lentes oscuros de lujo. “No soy un mercader de ilusiones, soy un empresario de realidades”, justificó en campaña. Padre de cuatro niños, asegura que tiene “los cojones” para gobernar con “mano de hierro” al país con mayor producción de cocaína del mundo, enfrascado en un conflicto armado de más de seis décadas. “En mi gobierno, bandido que no se someta a la justicia será dado de baja”, dijo. Para combatir a las mafias planea aliarse militarmente con Estados Unidos e Israel. Apuesta por sepultar el tribunal surgido del acuerdo de paz con la guerrilla FARC en 2016, que juzga los peores crímenes del conflicto armado. En sus redes se le ve fumando tabaco o promocionando sus negocios de vinos y rones. Además, tiene su propia marca de ropa llamada “De la Espriella Style”. Asegura que vivía la “dolce vita” en Florencia y que la carrera presidencial fue un “sacrificio” por “la patria”. Defiende el porte de armas, la reducción del tamaño del Estado en un 40% y quiere construir megacárceles en las que los presos estén a “diez pisos bajo tierra” alimentados “con pan y agua”, al mejor estilo Bukele. Aunque expresa un abierto desprecio por los políticos “de siempre”, su gabinete está colmado de caras conocidas de la derecha colombiana. De la Espriella sostiene que vive “acorde a los principios judeocristianos”, pese a que antes se consideraba ateo.