Desde la salida a la luz de su debut como novelista, el superventas Intemperie, a Jesús Carrasco le cayó la etiqueta de escritor serio, amigo de los argumentos más o menos dramáticos. Lo confirmó en sus obras posteriores, La tierra que pisamos, Llévame a casa y Elogio de las manos, con la que conquistó el premio Biblioteca Breve. Sin embargo, en su último lanzamiento, El detalle (Seix Barral), Carrasco da un giro inesperado y se atreve a introducir un nuevo elemento en su narrativa: el humor.

“No es que quisiera desmarcarme de lo que he hecho antes, pero sí tenía ganas de practicar el humor porque, como saben quienes me conocen, para es algo fundamental, y en la distancia corta lo practico bastante”, explica el escritor. “Nunca lo había llevado al terreno de la narrativa y me pareció que ya era hora, porque me apetecía mucho y también era un reto literario: escribir sobre un tema que me interesa, con peso, pero hacerlo desde una perspectiva desenfadada. No fue tanto por sacudirme una imagen de seriedad o solemnidad, sino por apetencia”.

El argumento de 'El detalle' se resume en un matrimonio en crisis y en la loca idea de un viaje sorpresa al lugar donde se conocieron –Liubliana– muchos años atrás. “La novela comienza como una peripecia aeroportuaria y, poco a poco, los personajes van ganando peso y la crisis de la pareja se hace con la novela, que para mí es lo más interesante”, apunta Carrasco. “Trabajando en este texto, me he dado cuenta de que cualquier asunto puede tratarse desde la comedia si hay tiempo y distancia. En este caso, la distancia la tomo yo como autor, y el personaje la toma porque cuenta los acontecimientos una vez han pasado. Mira hacia atrás, con cierta perspectiva, y eso le permite hacer una interpretación del dolor que a veces resulta divertida e irónica, incluso en una situación dramática como una crisis de pareja”.