Editora Ejecutiva de revista Weekend y su web, Editora General de Vivo.Perfil.com y de Lunateen.perfil.com. Columnista de espectáculos en Perfil.com y Reperfilar. Especializada en turismo y servicios al turista, gastronomía y lifestyle, series y TV paga, teatro y recitales, tendencias del mundo joven. TW e IG. @pato_daniele

En una gran urbe hiperconectada, donde las pantallas parecen unirlo todo, la soledad y el aislamiento paradójicamente se profundizan. Sobre ese diagnóstico de época se erige Caricias, la pieza del autor catalán Sergi Belbel que llegó a la cartelera porteña bajo la versión y dirección general del prestigioso Andrés Bazzalo. La obra explora, a través de una estructura fragmentada y no lineal, la compleja y muchas veces violenta superficie de los vínculos afectivos. Caption Para Bazzalo, quien cuenta con una trayectoria de más de 40 años en la enseñanza de la dirección escénica universitaria y terciaria, abordar este texto estrenado originalmente en 1991 supuso el desafío de actualizarlo para interpelar al espectador de hoy: "Esta sociedad está muy rota y quebrada; todos arrastramos muchas dificultades para relacionarnos -expresa el director-. Pero la reflexión final de la obra no es juzgar a los personajes, sino entender que, en el fondo, todos queremos ser amados, todos pedimos amor, pero no sabemos cómo hacerlo. Nos defendemos, nos peleamos y generamos una violencia involuntaria porque estamos desconcertados ante la vida". La dispersión digital y la pérdida del diálogo Uno de los aportes más significativos de esta versión de Caricias es la fuerte irrupción de la tecnología cotidiana. Bazzalo reescribió pasajes para introducir a la telefonía celular y a las computadoras de mano, elementos que operan como distractores permanentes en la comunicación real. "La comunicación actual es complejísima. Hoy estamos todo el tiempo pendientes del teléfono celular, de los mensajes de WhatsApp o de los mails de trabajo, pero la realidad es que no estamos leyendo ni escuchando al otro. Estamos perdiendo la capacidad de comprender porque sufrimos una dispersión de la atención permanente, y esa dispersión nos deja cada vez más solos. La obra expone precisamente ese quiebre del diálogo", analiza. Aquí la entrevista completa: