Con el nacimiento de mi segundo hijo, en 2021, me di cuenta de que necesitaba un nuevo sistema de crianza. En aquel momento estábamos saliendo del confinamiento, y me sentía cansada y abrumada. Durante la pandemia, mi esposo y yo habíamos construido nuestra pequeña unidad familiar en Reino Unido, ya que nuestras familias vivían en Estados Unidos. Yo había decidido fundar mi propia agencia literaria en cuanto mi hija tuviera edad suficiente para ir a la guardería, a los seis meses. No era el momento ideal, pero quería empezar cuanto antes.

Abordé la búsqueda de un sistema de crianza como creo que lo hacen muchas mujeres de mi generación, con la misma intensidad con la que abordamos una tesis universitaria. Decidí recurrir a la colaboración colectiva para mi investigación: vi videos de madres que educaban a sus hijos en casa en EEUU mostrando sus rutinas matutinas, leí todos los libros sobre crianza que pude, escuché podcasts de madres que aparentemente “lo tenían todo” y escuché a otras que argumentaban que “tenerlo todo” era imposible.

Mi esposo es profesor investigador y científico, y su enfoque de la crianza siempre ha sido fundamentalmente práctico. Así, cuando comencé a trabajar después del nacimiento de mi segundo hijo, diseñó una hoja de cálculo con una clasificación por colores para organizar nuestras tareas.