En el verano de 2023 el precio del aceite de oliva virgen extra —el de mayor calidad— se vendía en los lineales de los supermercados a 10 euros por litro. Tres años después, esa misma botella no pasa de los seis euros. Las tensiones entre productores y otros actores de la industria están provocando este hundimiento de los precios. Si hace tres años el argumento que explicaba la fuerte subida era el escenario de sequía que había provocado una drástica caída de la cosecha, ahora los productores culpan a la distribución de esta fuerte espiral bajista por una “estrategia especulativa”, en palabras de varias organizaciones del sector, que pasa por extender la creencia de una próxima campaña oleícola muy generosa. Pero esa es una hipótesis de la que dudan la mayor parte de los productores por las condiciones climáticas de los últimos meses.La organización agraria COAG considera que el sector olivarero ha dejado de ingresar desde octubre (fecha de inicio de la actual campaña) más de 1.000 millones de euros al vender los productores el aceite de oliva por debajo del umbral de rentabilidad (situado en unos cinco euros para el olivar tradicional, mayoritario en las principales zonas productoras). El sector achaca esta situación a “una estrategia deliberada de los envasadores para controlar los precios antes del inicio de la próxima campaña”. “No tiene sentido la caída que se produce en el precio del aceite de oliva”, indica Francisco Elvira, responsable del Olivar de COAG en Andalucía, que llama al sector a “no ceder a las estrategias que llegan desde arriba y que están hundiendo los precios sin justificación”.Desde la patronal de los envasadores justifican la situación en que los precios del aceite de oliva se rigen por la ley de la oferta y la demanda. “El año pasado todos teníamos la expectativa de que la producción fuera mayor de lo que fue y yo creo que ahora estamos en un optimismo equivalente al de entonces, pero tenemos que ser prudentes”, ha manifestado Primitivo Fernández, director general de la Asociación Nacional de Industriales Envasadores (Anierac).Y esta situación tan anómala se produce en un momento en el que el mercado está mostrando una gran fortaleza, ya que en los ocho primeros meses de comercialización han salido de las bodegas casi 980.000 toneladas, es decir, el 76% de todo lo producido. “La nota negativa es que el aceite se está vendiendo a un precio en origen que nos hace perder dinero en el olivar tradicional”, se lamenta Jesús Cózar, responsable de la UPA en Andalucía. Esta organización demanda “la aplicación real y efectiva” de la Ley de la Cadena Alimentaria para garantizar que se cubran los costes de producción: “Está muy claro que necesitamos mecanismos de mercado para que el precio en origen sea el adecuado, tanto para el productor como para el consumidor, y que esté a niveles superiores a los 5 euros”, apunta Cózar.Cooperativas Agro-alimentarias de España ha trasladado al Ministerio su preocupación por la fiabilidad de los datos de comercialización publicados por la AICA (Agencia de Información y Control Alimentarios), pues entienden que las cifras comunicadas por los envasadores no reflejan la realidad observada por las cooperativas productoras y envasadoras. Por ello ha solicitado una revisión exhaustiva de la información remitida al Sistema de Información de Mercados Oleícolas (SIMO). Cristóbal Gallego, presidente de la sectorial del aceite de oliva de Cooperativas Agro-Alimentarias de Andalucía, ha advertido del “error” de “anticipar campañas” y pide al sector no funcionar a base de “miedo, rumores o previsiones interesadas”. En la misma línea se ha pronunciado el presidente de la IGP Aceite de Jaén y de la recién creada asociación de olivar tradicional OliveA, José Gilabert. “El mercado demuestra que todo el aceite producido termina comercializándose. Vamos hacia un nuevo enlace de campaña [los meses entre el final de una campaña y el arranque de la siguiente] con existencias muy cortas y no podemos permitirnos seguir depreciando un producto estratégico para miles de familias. Vender por debajo de costes no solo pone en riesgo la rentabilidad de los agricultores, también el futuro mismo del olivar tradicional”, ha expuesto este olivarero de Mogón (Jaén).Además, COAG cree que otra causa que motiva la distorsión del mercado interno es la entrada de “aceite fantasma tunecino”. Según esa organización agraria, en 2025, el 81% del aceite de oliva tunecino que entró en España lo hizo por una vía que elude los controles del contingente europeo, y una parte lo puede hacer incluso a través de otros países europeos, como Portugal, donde pierde su rastro de origen antes de llegar al lineal del supermercado. Esa situación de opacidad en la trazabilidad reúne, a juicio de COAG, los requisitos para que la Comisión Europea active los mecanismos de salvaguardia previstos en la normativa vigente y suspenda la entrada de aceite de Túnez, una petición que ya se ha elevado al Ministerio de Agricultura.