El operario, con mascarilla y guantes, rasga el fardo con un cuchillo para extraer los 20 paquetes de cocaína con forma de ladrillo y un kilo de peso que hay en su interior. Con gesto mecánico, los lanza inmediatamente a una cinta transportadora que hay a sus pies y donde caen también los que está arrojando un compañero que se afana como él en vaciar uno tras otro los sacos de arpillera que se amontonan sobre un palé. Todo ello lo hacen rodeados por cuatro agentes de los Grupos de Reserva y Seguridad (GRS) de la Guardia Civil que, armados con fusiles de asalto, no les quitan el ojo de encima mientras manipulan la droga. Los seis protagonistas de esta escena, que tuvo lugar el pasado miércoles, son parte de las decenas de agentes del instituto armado y operarios de una empresa privada que han tomado parte en la laboriosa destrucción del mayor alijo de cocaína de la historia: los 30.215,84 kilos aprehendidos el 1 de mayo por la Unidad Central Operativa (UCO) a bordo del mercante Arconian en el océano Atlántico. Valorada judicialmente en 812 millones de euros, la “eliminación térmica” o incineración de esta enorme cantidad de estupefaciente se ha prolongado durante 51 horas y 40 minutos, en un proceso desarrollado día y noche en un horno industrial que finalizó el jueves poco después del mediodía. El lugar donde se ha quemado y la empresa que ha colaborado han sido catalogados como secretos dentro de un operativo en el que se han extremado las medidas de seguridad y al que ha asistido EL PAÍS.El año pasado, el Ministerio del Interior destruyó por orden judicial 497 toneladas de droga, en su mayoría hachís y cocaína ―cifra que incluye desde el estupefaciente a los precursores de drogas y los productos contaminados, como cajas, bidones o cualquier otro objeto susceptible de contener restos de droga―, según las estadísticas oficiales del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO, órgano dependiente de la Secretaría de Estado de Seguridad). La estimación para el año actual es que en los seis primeros meses de 2026 se superen las 300 toneladas, incluidas las 30 ahora quemadas, añaden fuentes del mismo organismo. Para lograrlo, el CITCO mantiene en la actualidad acuerdos con tres empresas con hornos industriales. Según los datos de un concurso público de 2023, el último conocido, Interior paga 990 euros, IVA incluido, por cada tonelada de estupefaciente incinerada.En el caso de la cocaína del Arconian ―que los investigadores vinculan a la todopoderosa Mocro Maffia holandesa y, en concreto, al narcotraficante Joseph Johannes Leijdekkers, alias Jos El Gordito―, el proceso para su destrucción se inició tras la llegada del mercante al puerto de Las Palmas el 3 de mayo, dos días después de que fuera interceptado por la UCO frente a las costas del Sáhara Occidental. Los fardos permanecieron en la isla canaria hasta el 19 de ese mes, día en el que fueron cargados en las bodegas del mayor buque de la Guardia Civil, el Duque de Ahumada, para su traslado a un puerto andaluz, donde llegó dos días más tarde.Desde entonces, el alijo durmió en tres almacenes del instituto armado de dos comunidades autónomas, siempre a bordo de dos grandes camiones cuyas cajas permanecían precintadas para evitar cualquier manipulación de la carga. Finalmente, a primera hora del martes, la droga recorría los 50 kilómetros que separaban su último lugar de depósito de la empresa donde iba a ser incinerada. Como en el resto de los traslados, los camiones con la cocaína fueron escoltados con un amplio despliegue de vehículos de la Guardia Civil y el sobrevuelo constante de un helicóptero y drones. “Es prácticamente imposible que una organización criminal intente asaltar uno de estos convoyes, pero aun así no se descuida ningún detalle”, señala a este diario el responsable del CITCO que ha coordinado el dispositivo.Una vez en la empresa, los fardos fueron descargados en la nave donde está el gigantesco horno cilíndrico bajo la permanente vigilancia de agentes de uniforme de la Guardia Civil fuertemente armados, para comenzar a continuación la extracción de los paquetes de cocaína, aún con el envoltorio de celofán y los distintivos que permiten a los narcotraficantes saber a qué organización pertenece cada kilo ―“Poseidón”, el símbolo de BMW, un simple número o la foto de una vaca, entre otros―. La cinta los llevaría hasta un molino para que la droga fuera triturada y mezclada con lo que técnicamente se conoce como Combustible Derivado de Residuos (CDR), desechos urbanos, comerciales e industriales no peligrosos. Esa mezcla fue llevada a una tolva y, antes de ser introducida en el horno, se le añadió un lodo. Con esa mezcla se busca evitar que durante la quema se alcance una temperatura excesiva que ponga en riesgo la maquinaria. “La cocaína, por su composición, arde de un modo especial, muy rápido, que hace que alcance temperaturas peligrosas. Por eso, por cada tonelada de cocaína hay que echar otras dos de CDR”, explicaba durante la quema el ingeniero de la compañía que controlaba desde cuatro pantallas el correcto funcionamiento de todos los equipos que participaban en la incineración. Este trabajador detallaba que se puede alcanzar una velocidad de destrucción de tres toneladas de esta mezcla a la hora ―de las que solo una es de cocaína―, aunque a veces se ralentiza para evitar daños a la maquinaria. Por eso, en lugar de las 30 horas inicialmente previstas, se tardó más de 51. Finalmente, a las 12.40 de este jueves se dio por terminada la destrucción del alijo y las cenizas resultantes fueron extraídas para su posterior traslado a un vertedero. Solo entonces, los agentes responsables del operativo levantaron el “acta de destrucción”. Desde ese momento, del alijo solo quedan los 29 paquetes de un kilo extraídos al azar de otros tantos fardos que se han salvado por si es necesario realizar algún contraanálisis antes de celebrar el juicio contra los 23 ocupantes del Arconian que fueron detenidos. Dos cargamentos de 10 toneladas de estupefacientes cada uno ya esperan en depósitos policiales para ser destruidos lo antes posible en el mismo horno.
Más de 51 horas para quemar las 30 toneladas del mayor alijo de cocaína de la historia
EL PAÍS asiste a la destrucción, entre fuertes medidas de seguridad, de la droga intervenida el 1 de mayo por la Guardia Civil a bordo del mercante ‘Arconian’










