La cultura Tarteso comenzó a poblar el sudoeste de la Península Ibérica hacia el siglo IX antes de Cristo, entre las actuales Huelva, Cádiz y Sevilla. Un pueblo nacido de la mezcla de los indígenas y de los que llegaron del Mediterráneo Occidental (fenicios y griegos).Desde hace mucho tiempo esta cultura se ha convertido en una verdadera obsesión. “los griegos lo citaban como el lugar donde el mundo conocido terminaba, una tierra de riqueza fabulosa en el extremo occidental del Mediterráneo y desde el Renacimiento, esa referencia antigua alimentó la idea de que en algún lugar del sur de la Península yace enterrada una capital perdida”, informa un artículo de Muy Ineresante.Como si fuera una Troya o una Atlántida hispana, los arqueólogos siempre tuvieron el descubrimiento como uno de sus grandes objetivos. Hace una década, Sebastián Celestino, investigador del Instituto de Arqueología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (el CSIC), inició el proyecto Construyendo Tarteso.En una entrevista con National Geographic, Celestino explica que “con la llegada de los fenicios a la península ibérica, lo que hacen los griegos es situar un hecho histórico y desarrollarlo poco a poco. Por lo tanto, Tarteso pasa ya a hacer aludido por todas las fuentes romanas, medievales…Una especie de construcción histórica para entender lo que se desarrolla culturalmente en esa zona de la Península”.Un yacimiento claveMucho antes de comenzar el proyecto Construyendo Tarteso, Jorge Bonsor (1882) y Adolf Schulten (1924) buscaron vestigios de la mítica ciudad, sin saber que, en realidad, se trataba de una cultura. Luego, en 1958, el hallazgo, fortuito del Tesoro del Carambolo, en el municipio de Camas, a pocos kilómetros de Sevilla, llevó la búsqueda al terreno de la arqueología y volvió a alimentar el mito.En El Carambolo se encontraron 21 piezas de oro macizo (collares, brazaletes, pectorales, placas decoradas con motivos geométricos de gran precisión). Casi de inmediato, los arqueólogos coinciden en que es el tesoro de un rey de Tarteso y durante décadas, El Carambolo fue la pieza más importante de la arqueología prerromana en España. Pero, si no era allí, ¿dónde estaba la famosa ciudad?En 2015, un equipo de arqueólogos comenzó a excavar un cerro en Badajoz y así nació el Yacimiento Casas del Turuñuelo. El Ayuntamiento de Guareña explica que “este lugar pertenece a la cultura tartésica del siglo V a.C., y se destaca por ser uno de los enclaves más relevantes de dicha civilización”.En ese yacimiento, se encontraron restos de sacrificios masivos de animales, con al menos 52 caballos, 4 vacas, 4 cerdos y 1 perro. También, los primeros relieves figurativos humanos de la cultura Tarteso (figuras femeninas adornadas con pendientes característicos de la orfebrería tartésica y una figura de un guerrero con casco).“El sitio también ha proporcionado valiosa información sobre la arquitectura y las prácticas rituales tartésicas. Por ejemplo, se ha encontrado una notable estructura que incluye estancias superiores, un gran patio inferior y una escalera hecha con mortero de cal”, agrega el Ayuntamiento. Los investigadores creen que habría sido un templo o centro ceremonial destacado de esa cultura.El yacimiento de unos 125 m2 “estaba ocupado por más de medio centenar de animales sacrificados a modo de hecatombe u ofrenda a la divinidad. También había vidrios procedentes de Macedonia y el área cartaginesa, un completo sistema de pesas de bronce y una escultura hecha en mármol de las canteras del monte Pentélico, junto a Atenas”, explica el Ayuntamiento.De esta manera los descubrimientos de El Carambolo y de Casas del Turuñuelo, aunque todavía no brindan indicios de que hubiera una ciudad de Tarteso, revelan que en verdad existió una cultura fascinante.