El objeto hallado en el yacimiento del Turuñuelo de Guareña conserva una decoración con varias figuras mitológicas. La octava campaña de excavación del edificio monumental del siglo V antes de nuestra era ha desenterrado también centenares de marfiles

“Hemos buscado por tierra, mar y aire, y no hemos encontrado nada igual”, explican los arqueólogos del CSIC Esther Rodríguez y Sebastián Celestino sobre el carro de bronce que acaban de desenterrar en el yacimiento tartésico del Turuñuelo de Guareña, en Badajoz, donde se está excavando un impresionante edificio monumental de hace 2.500 años. Se trata de la mitad de un carro votivo, es decir, usado para algún tipo de ceremonia o ritual, que conserva perfectamente reconocibles, en los laterales, las figuras de dos grifos (animales mitológicos mitad león, mitad águila, cuyo origen se puede rastrear hasta al Antiguo Egipto y Mesopotamia); en la parte frontal, un Aqueloo (el dios del río del mismo nombre, uno de los más antiguos y poderosos espíritus de agua en la mitología griega) y tiene dos figuras más, probablemente dos atlantes, que sujetan el conjunto.

El yacimiento del Turuñuelo, codirigido por Celestino y Rodríguez, representa uno de los vestigios más completos y mejor conservados de la cultura tartésica, que dominó el suroeste de la península Ibérica durante la primera mitad del primer milenio antes de nuestra era. De allí han emergido, por ejemplo, los restos de cinco bustos de piedra de tamaño casi natural que han dado un vuelco al estudio de Tarteso al ser las primeras esculturas halladas en este contexto.