El arqueólogo alemán Adolf Schulten, al no encontrar restos de la cultura tartésica, provocó una mayúscula confusión que perdura un siglo después
La cultura tartésica es uno de los temas más apasionantes de la Arqueología mundial. Pero también lo es de la Historia Antigua. Y eso genera un problema descomunal, porque ambas disciplinas no coinciden a la hora de definir qué era exactamente Tarteso. La primera referencia a esta civilización proviene “del siglo XVI, en la Crónica General de España, donde ya se habla de su longevo monarca Argantonio como una muestra de la antigüedad y legitimidad de la monarquía española”. Todo esto lo cuenta en el ameno y educativo artículo Tarteso: pasado, presente y futuro. Esther Rodríguez González, del Instituto de Arqueología (CSIC–Junta de Extremadura) y codirectora del yacimiento tartésico de El Turuñuelo, la joya de la corona de arqueología nacional. [Este texto es un extracto del boletín semanal sobre arqueología de EL PAÍS, ‘Cuatro piedras’. Para recibir la newsletter, puedes apuntarte aquí].
Relata Rodríguez en la revista Complutum que el comienzo del embrollo parte del arqueólogo alemán Adolf Schulten (1870-1960), que, como no pudo encontrar a Tarteso, aseguró que se lo había tragado el mar, por lo que llegó a la conclusión de que Tarteso era la Atlántida de la que hablaba Platón. Asunto arreglao.






