La lengua española vive un momento de expansión en el África subsahariana. En apenas una década, la cifra de estudiantes de español se ha duplicado hasta los 3,5 millones. En algunos países, como Camerún o Costa de Marfil, más de un millón de jóvenes lo aprenden como segunda lengua. La demografía del continente, con una población muy joven y en crecimiento, explica buena parte de este incremento. Pero esta expansión, que no es fruto de ninguna estrategia gubernamental ni geopolítica, también refleja un interés creciente y genuino por la cultura hispana y latinoamericana y el poder del idioma como herramienta de comunicación de futuro. Apuntalan este interés una cultura con una música que actualmente es la banda sonora de la juventud global, su manera de contar el mundo a través de productos audiovisuales o de la literatura, o el fútbol como fenómeno global capaz de provocar que en la aldea más remota de África se siga con pasión la Liga española. Influye el fenómeno migratorio, el progresivo cambio de rostro de la sociedad española que hoy es más rica y diversa. Los intercambios familiares, culturales o económicos se han intensificado. Y su hilo conductor es el español, que conecta a quien lo habla con una comunidad global de más de 600 millones de personas, en Europa y América.El terreno está abonado. España, ya sea por su proximidad geográfica, por haberse convertido en el país de acogida de decenas de miles de migrantes en los últimos años o por el escaso peso de su pasado colonial en esta región, disfruta de una imagen menos problemática que otros países como Francia, sumida hoy en una tormenta de rechazo que le ha llevado a perder buena parte de su músculo, empresarial y militar sobre todo en África occidental. Y también cultural. Otro factor detrás del crecimiento del español en África ha sido el infatigable trabajo de generaciones de profesores e hispanistas africanos que han echado imaginación y esfuerzo a la endémica falta de recursos para defender una lengua que han hecho suya. Además del aula que se acaba de inaugurar en Abiyán, el Instituto Cervantes cuenta con una sede en Dakar que coordina actividades para toda África subsahariana. Es una presencia aún escasa para una región que aporta el 13,5% de los estudiantes de español de todo el mundo. La oportunidad salta a la vista. Muchos de los grandes desafíos del siglo XXI son globales y afectan tanto a África como a Europa y América. El tejido de las relaciones empresariales, diplomáticas, científicas o políticas que buscan soluciones se enhebra mejor cuando se comparte cultura y no centros de retención de inmigrantes. A diferencia de épocas en las que las lenguas fueron parte de una estrategia de dominación, este español que crece en África lo hace con múltiples acentos y al son de ritmos caribeños. Por su propia naturaleza diversa, es una lengua que suma.