El gigante asiático fortalece su presencia en el continente gracias a la enseñanza de idiomas, mientras crece el número de estudiantes africanos en universidades chinas, siendo el segundo destino académico para los jóvenes africanos, solo por detrás de Francia

Damaris Mutinga es una mujer keniana que desde que era niña tenía el sueño de trabajar en el sector del ferrocarril. De adulta descubrió que una de las puertas para lograrlo era aprendiendo mandarín, ya que gran parte de las empresas del sector provenían de ese país. Tras acabar sus estudios universitarios, la keniana Faith Mworia aprovechó una beca y se fue a China para aprender el idioma. Años después, ha hecho de su pasión su oficio; tiene su propia academia en Nairobi, donde enseña a sus compatriotas los secretos de la lengua y la cultura china. A miles de kilómetros del continente, Elizabeth O., una joven ugandesa de 24 años, estudia su segundo año de máster en Pekín gracias a una beca del Gobierno chino.

Sus historias reflejan una tendencia que ha ido tomando forma en los últimos años. A través de becas, programas universitarios y la expansión del aprendizaje del mandarín, China ha convertido la educación en una de las vías para fortalecer su presencia en África y estrechar lazos con el continente. En un momento de creciente competencia internacional por la influencia en la región, formar a quienes ocuparán puestos clave en gobiernos, empresas y universidades se ha convertido en una apuesta más de inversión, con la que Pekín ha tomado la delantera.