La UE y España deben redoblar sus esfuerzos para consolidar y ampliar los acuerdos con el continente vecino
China ha anunciado recientemente que extenderá su política de aranceles cero –ya existente para los países menos desarrollados– a las importaciones de 53 países africanos. Así marca un hito significativo que refuerza una de las relaciones comerciales más dinámicas del siglo XXI. La decisión no solo supone un comprom...
iso político para profundizar en la cooperación Sur-Sur, sino que también refleja los cambios estructurales que han ido remodelando los lazos económicos entre China y África durante casi tres décadas.
La historia comienza a finales de la década de 1990, cuando China puso en marcha su estrategia de “salida al exterior”, un ambicioso programa de apoyo a las empresas para invertir en el extranjero. Según la UNCTAD, el stock de inversión extranjera directa (IED) china pasó de unos 33.000 millones de dólares estadounidenses en 2003 a casi 614.000 en 2013, con una tasa de crecimiento nominal anual del 30%. África se convirtió en una de las regiones donde este impulso fue más visible.
Muchos observadores veían con escepticismo la inversión china en África argumentando que Pekín pretendía asegurarse el acceso al petróleo, los minerales y otros recursos naturales. Algunos temían que las economías africanas quedaran atrapadas en actividades de bajo valor añadido, fortaleciendo el patrón tradicional de dependencia de las materias primas. Los riesgos de la “diplomacia de extracción de recursos” fue tema de debate en los círculos políticos internacionales.







