José Luis Vega estaba jugando a las cartas con sus amigos como cualquier otro sábado por la tarde cuando de repente entró “una muchacha” pidiendo voluntarios. Buscaba personas de la zona que quisieran ir a Bruselas a dar su opinión, a debatir con gente de otros países y, atención, ayudar a elaborar legislación europea. Si se lo tomó en serio fue porque la acompañaba un concejal de su pueblo, Covarrubias (500 habitantes), en Burgos. Había que apuntarse y responder un cuestionario. “Pensé que era un sorteo entre muchísima gente, pero era solo en nuestro código postal, y me llamaron”. Seis meses después José Luis, de 65 años, lo cuenta divertido en el edificio Charlemagne de la Comisión Europea, donde acaba de participar en la tercera sesión de un panel ciudadano sobre preparación para las crisis. José Luis y otras 11 personas representan a España en este proyecto, relativamente reciente, que se presenta como la quintaesencia de la democracia participativa. Los paneles ciudadanos reúnen dos veces al año a 150 personas llegadas de los 27 Estados miembros, elegidas de manera aleatoria para representar a toda la variedad geográfica, de género, origen socioeconómico, nivel educativo y actitud ante la UE de la Unión. Un crisol de lenguas, experiencias vitales y profesionales y visiones políticas del que, sorprendentemente, surgen propuestas consensuadas.La preparación ante futuras crisis es el octavo panel que ha puesto en marcha la Comisión. Se trata de preparar a Europa contra las crisis futuras, de todo tipo; desde catástrofes climáticas y ambientales, a pandemias, ciberamenazas o inestabilidad política. Un Eurobarómetro reciente desveló que el 49% de la ciudadanía europea no se siente bien informada sobre los riesgos de catástrofes. El 66% dijo no sentirse preparada para hacer frente a las emergencias. “Es difícil que 150 personas, cada una de su padre y de su madre, se pongan de acuerdo. Y se consigue”, asegura con un punto de admiración María Pilar Monsalve, empresaria jubilada de 67 años, del barrio de Aravaca, en Madrid, durante un receso en la última jornada. Los paneles se organizan en dos escenarios: grupos de discusión de 11 o 12 personas —en el de Monsalve se juntaron cuatro españoles, cuatro italianos, dos griegos y una letona— y plenarios con todos los participantes juntos. Los paneles ciudadanos surgen de la Conferencia sobre el futuro de Europa, un ejercicio democrático inédito que la Comisión puso en marcha entre 2021 y 2022. Consistió en una serie de debates presenciales y online dirigidos por los propios ciudadanos (800, también elegidos al azar) sobre los desafíos de la Unión que formularon una serie de recomendaciones a los políticos. Una de ellas fue precisamente mayor participación en la elaboración de las políticas comunitarias.A los participantes se les busca casi casa por casa. A Rúta Rastenyte, manager en un restaurante de Vilnius (Lituania), de 28 años, le llegó una carta al buzón. “Me apunté, pero estaba convencida de que era un timo hasta poco antes de subirme al avión”, dice entre risas. Dice estar sorprendida de lo poco que sabía sobre cómo prepararse para una emergencia. “Estoy aprendiendo mucho de otros europeos. Vivía en una burbuja con las preocupaciones de mi país”, dice. Antes de llegar a Bruselas, los participantes no tienen por qué saber nada sobre el tema que se trata. “Son expertos en la vida cotidiana”, apunta un alto cargo de la Comisión. “Queremos que cuenten sus experiencias, por ejemplo cómo vivieron la covid, una inundación o un apagón, y que lo compartan con el resto”, añade. También se espera de ellos que aporten sus distintas visiones ideológicas, aunque vayan en contra de lo que la propia Unión Europea representa. “Queremos euroescépticos”, afirma: “También son ciudadanos europeos”.Los participantes dialogan con libertad, pero guiados por facilitadores que encauzan la discusión para que no se atasque o se pierda en divagaciones. “¿En qué nos queremos centrar?”, pregunta la mediadora en la sala 1C, donde el sábado 23 de mayo se reunía el grupo 7. “Hay que motivar a los ciudadanos para que participen en paneles como este, pero a escala local”, propone un chico francés. “Me he leído la estrategia publicada el año pasado y creo que alguna de nuestras ideas es muy innovadora”, aporta un sueco. El diálogo de los 12 participantes es muy fluido. Por los auriculares escuchan la interpretación simultánea de 10 traductores que lo siguen atentos en sus cabinas. De repente parece que la cosa descarrila. “El punto 3 está muy politizado. En España ahora tenemos un problema enorme con la inmigración, se les dan muchas pagas, no estoy de acuerdo con eso”, dice una española. El chico francés tuerce el gesto, pero cuando le dan el turno explica muy calmado por qué no está de acuerdo con ella. Al final el polémico punto 3 se elimina. Han conseguido ponerse de acuerdo en otros dos, que acabarán en el texto con 20 recomendaciones que entregan a la Comisión Europea.La complejidad de la traducción se multiplica en el plenario, donde se hablan las 24 lenguas oficiales de la UE. No todos los días puede verse en funcionamiento, en tiempo real, el engranaje lingüístico de la UE, un sistema único en el mundo que trabaja con 552 combinaciones. Gracias a dos presentadores-mediadores, el diálogo avanza sobre cómo alertar a la población si se cae internet, de qué manera incluir a personas con discapacidad o qué debería incluir el famoso kit de 72 horas para sobrevivir en caso de crisis, pero de vez en cuando hay disrupciones. Al hablar de la confianza en las autoridades, un señor húngaro empieza pidiendo transparencia a la UE, pero acaba proclamando que la covid fue “un arma biológica diseñada para vender vacunas”. Unos se miran de reojo, otros asienten, y él sigue hablando sin interrupción. Más tarde, otro participante, holandés, asevera que hay que volver a comprar gas a Rusia. Acaba y le dan el turno a otro. Acabada la sesión, el húngaro, un agricultor y exmilitar de 53 años, se dice satisfecho de haber podido lanzar su mensaje. “Estoy feliz de participar en la democracia europea”, afirma sonriente en inglés. La UE ha celebrado ya ocho paneles ciudadanos, que han tratado cuestiones como el desperdicio alimentario, la eficiencia energética, la equidad intergeneracional o el presupuesto europeo. Se desarrollan en tres fines de semana. El primero, presencial, sirve para describir de qué se va a hablar; el segundo, online, permite trabajar los temas y buscar soluciones; en el tercero, otra vez en Bruselas, se elaboran las recomendaciones, que después se votan en el plenario. Organizar cada panel supone alrededor de 1,5 millones de euros. A los participantes, además de sufragar viaje y alojamiento, se les gratifica con 80 euros por día de trabajo o desplazamiento. “Creemos que vale la pena”, asegura el alto cargo europeo. “La confrontación directa de ideas refuerza la democracia y la ciudadanía europea”, dice. “En las evaluaciones posteriores mucha gente asegura: es la primera vez que me he sentido realmente europeo”.La Comisión, que el año pasado publicó su Estrategia de Preparación de la Unión, trabaja hace meses para emitir unas recomendaciones que eleven la capacidad de respuesta de los ciudadanos ante un escenario de crisis grave o guerra, de forma que sean capaces de afrontar todo tipo de emergencias. Por ejemplo, cree que los hogares deben estar equipados para ser autosuficientes al menos 72 horas en caso de que se interrumpa la prestación normal de servicios básicos.Al final del panel, tras votar cada una de las 20 recomendaciones, dos representantes de los ciudadanos —en este caso, la más joven, Marta, polaca de 17 años, y el más mayor, Winfried, alemán, de 85— las entregan a un representante de la Comisión. Maciej Popowski, director general de Protección Civil y Ayuda Humanitaria, fue el encargado de recibirlas. Les dio la enhorabuena y prometió que su esfuerzo no caerá en saco roto: “Trasladaré todo esto a los líderes políticos”.
150 europeos “de su padre y de su madre”: así escucha la UE a sus ciudadanos
De Burgos a Vilnius, los paneles con los que la Comisión intenta acercar la legislación a la calle juntan a ciudadanos corrientes, traductores en 24 lenguas y debates sin filtro













