Es preciso acercar a la ciudadanía como algo concreto un concepto que ha demostrado su eficacia

Hay ideas que en política gozan de amplio consenso… precisamente porque no obligan a nadie a aplicarlas. El federalismo es una de ellas. El mes pasado Barcelona acogió el Congreso de la Unión de Europeístas y Federalistas en su 80 aniversario. Durante dos días, responsables políticos y voces europeístas coincidieron en una misma tesis: Europa necesita más integración, más unidad y más capacidad de decisión compartida para hacer frente a un mundo cada vez más inestable. Lo expresaron con claridad figuras

" rel="" title="https://elpais.com/internacional/2025-10-20/el-president-illa-revindica-los-principios-multilaterales-y-los-valores-de-europa-en-la-apertura-del-world-in-progress.html" data-link-track-dtm="">como Salvador Illa, el ministro José Manuel Albares o Enrique Barón. El diagnóstico es compartido: sin una Europa más unida, nuestra capacidad de influir, proteger y avanzar se verá seriamente limitada. Pero si el diagnóstico es claro, la pregunta es inevitable: ¿por qué seguimos instalados en el discurso… y no en la práctica? Porque el problema del federalismo —en Europa y también en España— no es su falta de formulación teórica. Es su falta de aplicación real, o mejor dicho su aplicación solo a medias.