An�lisis"Los jueces estar�n acostumbrados a que todos los que pasan por su despacho para ser interrogados declaren su inocencia"El ex presidente del Gobierno Jos� Luis Rodr�guez Zapatero abandona la Audiencia Nacional.EFEActualizado Mi�rcoles,
junio
22:45Audio generado con IAJos� Luis Rodr�guez Zapatero siempre tuvo mucha labia. Gracias a su habilidad y destreza en el uso de la ret�rica optimista, pacifista, feminista, luminosa y emp�tica convenci� a muchos auditorios. Desde los m�tines de su partido a los encuentros con personas que, no compartiendo el ideario socialdem�crata, apreciaban la convicci�n de su relato. Pero nunca le hab�a echado un discurso a un juez de instrucci�n. Ni sab�a c�mo se siente una persona acusada de delito siendo interrogada por un juez de la Audiencia Nacional. Es probable que el ex presidente creyera que ser�a capaz de convencer al juez con su firme elocuencia, su tacto y su delicadeza ret�rica. El ex presidente dispone de un ropaje institucional que le permite llegar a declarar ante el juez en coche oficial y escoltado por las Fuerzas de Seguridad. No para conducirle ante el juez, sino para protegerle como bien de Estado.Pero el juez de instrucci�n Jos� Luis Calama, un desconocido para los espa�oles hasta hace un mes, no fue sensible a la gram�tica inocente del declarante. Los jueces estar�n acostumbrados a que todos los que pasan por su despacho para ser interrogados declaren su inocencia. Aunque llamar a declarar a todo un ex presidente, por primera vez en democracia, tiene que ser un trago.Zapatero no cree en absoluto haber dejado de ser el Zapatero que era. Est� acostumbrado a comparecer. Ante el Congreso, ante el Senado, ante los espa�oles en rueda de prensa, ante sus compa�eros de la Ejecutiva Federal, ante el Grupo de Puebla, ante las cumbres europeas o iberoamericanas, ante los comunicadores m�s adversos.Por lo que parece, el declarante sali� de la Audiencia optimista, creyendo que la defensa de su inocencia le hab�a salido tan bien como cuando se enfrentaba a Mariano Rajoy en los plenos del Congreso y desarmaba la iron�a gallega con el humor del talante, o como cuando se llevaba de calle a los auditorios socialdem�cratas y feministas. Sin embargo, el juez no fue sensible a sus encantos. Y al mismo tiempo que declin� quitarle el pasaporte, aplicando el sentido com�n, tambi�n aclar� que no hab�a apreciado motivos en la declaraci�n de Zapatero como para librarle de ninguna de las acusaciones que pesan sobre �l.Ni siquiera aport� claridad al espinoso y radiactivo ajuar de joyas propias de las familias reales que guardaba en la caja fuerte del despacho que le presta el PSOE. Las explicaciones que el ex presidente comprometi� ante los espa�oles y que los socialistas esperaban como agua de mayo no se han producido. Hubo un comunicado desp�es de la comparecencia en el que Zapatero pide confianza y fe a sus fieles. Las explicaciones de las joyas nadie las ha escuchado, pero el PSOE y el Gobierno est�n a la tarea de orillar las valiosas alhajas como si fueran una peque�ez, si se compara con el gigantesco fen�meno de que S�nchez y Zapatero sean combatientes contra Trump y precisamente por eso el ex presidente ha ido a parar a manos de la Audiencia Nacional. Yadem�s, que si Zapatero tiene esas joyas, con lo desprendido y austero que es, �qu� no tendr� Aznar que dijo aquello de que el que pueda hacer que haga? Oel em�rito, o Felipe Gonz�lez. Que abran sus cajas fuertes y las ense�en, claman las redes sociales devotas del ex presidente.De todos los argumentos para justificar y no poner ni una pega al comportamiento de Zapatero, el mas ex�tico es el que insiste en decir que es igual que todos los dem�s ex presidentes y ex jefes de Estado cuando se retiran o los retiran. Precisamente �l, que nos hab�a convencido de que era distinto de los dem�s, despegado del dinero, de los lujos y de lo mundano.Es probable que el ex presidente a�n no sepa qu� le est� pasando. O tal vez est� mal asesorado. O puede que crea que la batalla penal es parecida a las que ha librado contra sus adversarios pol�ticos, internos y externos. Qui�n sabe. Nadie conoce a nadie.













