Investigadores señalaron que ninguna intervención médica demostró prolongar la vida humana al combatir el envejecimiento en sí (Imagen Ilustrativa Infobae)La búsqueda de longevidad, rapamicina y otros protocolos de autoexperimentación ha ganado visibilidad entre millonarios de la tecnología, pero una revisión de Nature mostró que esas prácticas suelen apoyarse en biología plausible y no en pruebas clínicas sólidas en humanos. El artículo titulado ”Los magnates de la tecnología están modificando sus cuerpos para vivir más tiempo: ¿hay alguna base científica para sus métodos?" fue destacado en X por el doctor Eric Topol, referente mundial en Longevidad, quien posteó esta respuesta: “No, no hay evidencia científica que lo respalde. Un nuevo artículo sobre los multimillonarios que practican el biohacking para lograr la longevidad”.PUBLICIDADEl caso más visible citado por Nature es el de Bryan Johnson, que abandonó en septiembre de 2024 su ensayo personal con ese inmunosupresor tras registrar efectos adversos y concluir que los beneficios no compensaban los inconvenientes.Bryan Johnson busca revertir el envejecimiento con su proyecto "Blueprint" Johnson, empresario de 48 años, probó dosis de cinco, seis y 10 mg con esquemas diarios, semanales y quincenales, según relató en X. De acuerdo a la revista, describió infecciones cutáneas intermitentes, glucosa alta, anomalías en los lípidos en sangre y una frecuencia cardíaca en reposo elevada, y escribió que, al no identificar otra causa subyacente y no ver cambios tras ajustar la dosis, decidió suspenderla por completo.PUBLICIDADSu programa, el Proyecto Blueprint, es una estricta combinación de ciencia, tecnología y hábitos meticulosos diseñados para reducir el envejecimiento biológico. Para Johnson, no se trata solo de vivir más, sino de vivir mejor. El problema central, según investigadores citados en el artículo, es que no existe ninguna intervención médica que haya demostrado prolongar la vida humana al combatir el envejecimiento en sí. Andrew Steele, investigador independiente sobre longevidad afincado en Berlín, afirmó a la revista que podrían existir métodos prometedores, pero que ninguno se probó jamás en humanos con ese objetivo.PUBLICIDADLa rapamicina prolongó la vida de ratones entre 23 % y 60 % al inhibir la vía mTOR, pero ese efecto antienvejecimiento todavía no fue demostrado en personas (Imagen Ilustrativa Infobae)Nir Barzilai, presidente de la Academia de Gerociencia e investigador del Albert Einstein College of Medicine de Nueva York, sostuvo ante Nature que muchos de estos protocolos “se basan en la biología, pero no en evidencia clínica”. Ese matiz resumió el debate: una intervención puede tener sentido mecanístico y seguir sin demostrar que mejora la esperanza de vida o la longevidad saludable.Matt Kaeberlein, biogerontólogo y fundador del Instituto de Investigación sobre Envejecimiento Saludable y Longevidad de la Universidad de Washington en Seattle, describió la situación como un problema de “relación señal-ruido”. En los pocos datos disponibles, dijo a Nature, hay indicios, pero también mucho ruido, y esa mezcla dificulta distinguir efectos reales de expectativas o percepciones.PUBLICIDADLa rapamicina es un medicamento que se usa para impedir que el cuerpo rechace los trasplantes de órganos o médula ósea. La rapamicina impide que ciertos glóbulos blancos rechacen tejidos y órganos ajenos.La evidencia más citada sobre rapamicina procede de estudios en animales. Según Nature, investigaciones previas mostraron que este inmunosupresor podría prolongar la vida de los ratones entre 23 % y 60 % al inhibir la vía mTOR, una cascada de reacciones químicas que regula el crecimiento celular y está implicada en el envejecimiento.PUBLICIDADLa gerociencia sigue con interés fármacos como metformina, agonistas GLP-1, inhibidores de SGLT2 y bisfosfonatos (Imagen Ilustrativa Infobae)Ese es el hallazgo que alimentó gran parte del entusiasmo en redes y foros de biohacking. Lo que todavía falta es demostrar en humanos que bloquear esa vía se traduzca en más años de vida o en menos años con enfermedades crónicas relacionadas con la edad.En cuanto a pruebas en personas, varios investigadores mencionaron un estudio de 2014 con un análogo de la rapamicina, everolimus, que mejoró la respuesta a la vacunación contra la gripe en más de 200 adultos de 65 años o más. Un ensayo fase II de 2018 halló que el fármaco redujo las infecciones del tracto respiratorio en personas mayores durante un año.PUBLICIDADKaeberlein y su equipo también publicaron en 2023 una encuesta a 333 personas que habían tomado rapamicina fuera de las indicaciones aprobadas, sobre todo con fines antienvejecimiento. Los participantes informaron mejoras percibidas en la calidad de vida, pero los autores advirtieron que el trabajo se basó en autoinformes y no pudo descartar que quienes sufrieron efectos negativos y dejaron el fármaco hubieran quedado fuera de la muestra.El análisis resalta que la autoexperimentación con fármacos y rutinas antienvejecimiento no cuenta con respaldo en estudios controlados en humanos (Imagen Ilustrativa Infobae)El patrón no se limitó a la rapamicina. El artículo recordó que las cetonas exógenas, promovidas durante años en Silicon Valley como ayuda cognitiva y estimulante para ejecutivos, perdieron impulso cuando Tim Ferriss y Kevin Rose alertaron en marzo sobre suplementos con 1,3-butanodiol.PUBLICIDADFerriss dijo en su podcast que datos emergentes en animales sugerían que ese compuesto podría provocar en ratones una afección parecida al hígado graso. La revista precisó que esos hallazgos no se confirmaron en humanos y que algunos fabricantes cuestionaron esa caracterización.La misma lógica apareció en otros productos asociados a la longevidad o al rendimiento mental. Peter Thiel declaró a Bloomberg News en 2014 que tomaba hormona del crecimiento humana con la esperanza de vivir 120 años, aunque la Clínica Mayo advirtió sobre riesgos sustanciales y sobre la escasez de pruebas de que ayude a adultos sanos a recuperar juventud o energía, según Nature.PUBLICIDADBryan Johnson, su hijo y su padre realizan transfusiones de sangre como "terapia experimental" en el camino para alcanzar la inmortalidadLa Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. advirtió en 2019 y otra vez en 2024 sobre las infusiones de “plasma joven”, promocionadas como terapia antienvejecimiento. Johnson incorpora regularmente esas transfusiones a su régimen de bienestar, con donaciones de su hijo.“Completamos el primer intercambio de plasma multigeneracional del mundo”, escribió en su cuenta de Instagram en esa oportunidad la persona que fue señalada por la revista TIME como “el hombre que quiere vivir para siempre”.Otros promotores de la longevidad difundieron el uso de azul de metileno para mejorar la cognición y de bolsitas de nicotina para optimizar concentración y energía. La revista subrayó que el primero tiene aprobación médica limitada, sobre todo para un trastorno sanguíneo poco frecuente, y que en el caso de la nicotina existen preocupaciones bien documentadas por su capacidad adictiva.La respuesta directa de la ciencia disponible fue nítida: se descubrieron señales biológicas y resultados preliminares en animales o en estudios acotados, pero no pruebas concluyentes de que estos métodos prolonguen la vida humana. El mecanismo que más se cita es la inhibición de mTOR por rapamicina, asociada al envejecimiento celular, aunque esa relación todavía no alcanzó validación clínica para uso antienvejecimiento en personas sanas.Investigadores sobre influencers de salud advirtieron que el lenguaje técnico y el interés comercial pueden amplificar la confianza pública en terapias de longevidad no concluyentes (Imagen Ilustrativa Infobae)Margje Camps, investigadora de la Universidad de Utrecht que estudia a los influencers de salud, explicó a Nature que estas figuras actúan como difusores tempranos de ciencia y convierten hallazgos preliminares o anecdóticos en combinaciones de suplementos, compuestos y terapias mucho antes de una aprobación regulatoria. Añadió que el efecto dominó se potencia por las plataformas con las que difunden su contenido.La diferencia con otras formas de promoción de bienestar, según la revista, es que esta nueva camada de referentes tecnológicos recubre sus decisiones con vocabulario científico. Al hablar de perfiles lipídicos, inhibidores de mTOR o edad biológica, presentan intervenciones no concluyentes con una apariencia de solidez que gran parte del público podría no distinguir.Camps afirmó que se volvió normal asumir que hace falta algún suplemento. Nature añadió que algunos influencers de longevidad también venden productos con sus propias marcas en sitios web y redes sociales, por lo que existe un interés comercial que no siempre resulta evidente para sus seguidores.Nir Barzilai mencionó que algunos fármacos aprobados para enfermedades crónicas tienen pruebas razonables de ralentizar procesos del envejecimiento (Imagen Ilustrativa Infobae)Faye Mythen, fundadora de Reborne Longevity en Londres, describió el fenómeno ante Nature como una “segunda fase encubierta”, en alusión a una etapa regulada de los ensayos clínicos. Su crítica apuntó a que fundadores tecnológicos y celebridades con mucho dinero hacen experimentos consigo mismos y luego esos resultados pasan directamente a la población.Mythen explicó que en su clínica suelen analizar biomarcadores, biología celular y genética para predecir riesgos futuros y ofrecer tratamientos personalizados. Aun así, dijo que muchos clientes llegan pidiendo el protocolo Blueprint de Johnson o una molécula concreta antes de que se les haya medido un solo biomarcador.Barzilai señaló a Nature que parte de la evidencia más útil podría provenir de medicamentos ya aprobados para enfermedades crónicas relacionadas con la edad. Mencionó cuatro grupos con pruebas que él consideró razonables para ralentizar enfermedades asociadas al envejecimiento: la metformina, los agonistas del receptor GLP-1 como Ozempic, los inhibidores de SGLT2 y los bisfosfonatos.Sobre metformina, explicó que él y sus colegas la evalúan en el ensayo TAME para medir si puede retrasar el desarrollo o la progresión de enfermedades crónicas vinculadas con la edad. También destacó a los agonistas GLP-1 porque parecen afectar rasgos distintivos del envejecimiento más allá de la pérdida de peso, y a los inhibidores de SGLT2 por beneficios cardiovasculares y renales.Johnson y su equipo de Blueprint defendieron ante Nature que, aunque los ensayos controlados aleatorios siguen siendo el método de referencia para evaluar terapias individuales, la medición en una sola persona, n = 1, representa “la próxima frontera”. Steele estimó que un ensayo con rapamicina y potencia estadística adecuada en adultos sanos costaría entre USD 50 millones y USD 100 millones.
Magnates y longevidad: un artículo advierte que faltan pruebas científicas de sus terapias
Una revisión de la revista Nature, destacada en X por el reconocido doctor Eric Topol, señala que no existen aún estudios clínicos que confirmen que estos métodos prolonguen la vida











