Actualizado a las 07:25h.

El envejecimiento no es solo un proceso físico, sino también psicológico, así lo atestiguan los expertos en esto de la ciencia de la longevidad, que sostienen que el verdadero antídoto no está en un laboratorio, sino en la constancia diaria. Y es que la clave está en empezar a cuidarse, cuanto antes, mejor. La literatura científica ha dejado de centrarse solo en prolongar los límites de la vida intentando revertir la edad biológica para enfocarse en alargar la salud.

Así, cada vez son más las investigaciones que demuestran que los hábitos adquiridos desde edades tempranas tienen un impacto decisivo en la velocidad del envejecimiento biológico. En la actualidad los españoles tenemos una esperanza de vida de 84 años, una cifra jamás alcanzada, y es algo que se refleja en las estadísticas del Instituto Nacional de Estadística: la media de edad de los hombres se sitúa en los 81 y la de las mujeres en 86.

«Los estudios indican que la etapa más difícil de nuestras vidas a nivel de bienestar está entre los 40 y los 55 años»

Adoptar una alimentación equilibrada, mantener una rutina de ejercicio regular y dormir bien no solo mejora la calidad de vida, sino que retrasa el deterioro celular y previene enfermedades crónicas asociadas a la edad. No obstante, manuales y revisiones médicas recientes han demostrado que casi todos los grandes cambios bioquímicos que acompañan al envejecimiento se concentran en dos momentos concretos de la vida adulta, aproximadamente a los 44 y a los 60 años. «Coincide con la etapa más estresante de la vida y donde se registran los niveles más bajos de bienestar y felicidad, entre los 40 y los 55 años», indica Pere Estupinyà , químico, bioquímico y divulgador científico.