An�lisisPedro S�nchez ha dado continuidad a la idea de la "Espa�a plural" y la alianza entre el PSOE y los partidos nacionalistasZapatero en Almer�aActualizado Mi�rcoles,
junio
00:17La coincidencia de la declaraci�n ante el juez del expresidente Zapatero, para aclarar el origen de la colecci�n de joyas que los t�cnicos valoran en 1,3 millones de euros, con el 20 aniversario de la aprobaci�n en el Parlament de un nuevo Estatuto de Autonom�a de Catalu�a -que deriv� en 2010 en una grave crisis pol�tica entre el Estado y Catalu�a, pre�mbulo del proc�s- ayuda a entender en su dimensi�n completa la figura del expresidente. Y tambi�n el porqu� de Pedro S�nchez.Dos d�cadas despu�s del Estatut, ninguno de los partidos que impulsaron esa reforma que intent� modificar desde Catalu�a la arquitectura constitucional del Estado -para adaptarla a la �Espa�a plural� de Zapatero, a la que S�nchez da continuidad con su Espa�a plurinacional- quieren acordarse de esta ley. Incomprensiblemente, porque es el eje que gu�e su actual estrategia pol�tica: modelo confederal, frente popular y construcci�n de un muro de exclusi�n a la derecha pol�tica y social. La l�nea de puntos que conecta a Zapatero con S�nchez.El proyecto del Estatut cambi� radicalmente la pol�tica espa�ola: dinamit� el pacto de la Transici�n, sus consensos y su espacio de reencuentro, recuperando la dial�ctica divisiva de la Guerra Civil; puso en crisis el concepto de naci�n, deslig�ndolo de Espa�a, al cuestionar que la soberan�a nacional reside en el conjunto del pueblo espa�ol y al reconocer a Catalu�a y el Pa�s Vasco como sujetos de soberan�a. Sin el apoyo de la clase pol�tica y econ�mica catalana, que a partir de 2003 quer�a barrer todo aquello que recordara la etapa de Aznar -olvidando el Pacto del Majestic entre el l�der del PP y Jordi Pujol en 1996, del que tanto se beneficiaron—, Zapatero no habr�a disfrutado de sus mayor�as parlamentarias . Y ser� gracias a ese apoyo del nacionalismo catal�n, y a conservar una buena relaci�n con Artur Mas, que Zapatero podr� convertirse en 2023 en el negociador en Waterloo con Puigdemont de la Amnist�a, penetrar en el n�cleo de poder del sanchismo y ejercer de ministro en la sombra.En su proyecto de acabar con el �r�gimen del 78� para moldear una nueva Espa�a, Zapatero vio en el socialista Maragall, que en 2003 hab�a llegado a la presidencia de la Generalitat tras 23 a�os de pujolismo, al socio adecuado para la ruptura del molde constitucional. A su vez, Maragall aspiraba a pasar a la historia como el presidente que solucion� el �problema catal�n� y prevalecer sobre el legado pujolista. Y con este empe�o, junto a Zapatero recuperaron el esp�ritu del Pacto de San Sebasti�n de 1930, c�nclave republicano al que acudieron Aza�a, Carrasco i Formiguera, Lerroux..., y que entre otras cosas se comprometi� a un �estatuto redactado libremente por Catalu�a para regular su vida regional y sus relaciones con el Estado�.El idilio de Zapatero con el el PSC y el establishment catal�n, desde el momento en el que el presidente prometi� en 2003, en un mitin ante 20.000 personas que abarrotaban el Palau Sant Jordi, que iba a apoyar el Estatut que surgiera del Parlament, se torn� en conflicto abierto al instante de incumplir aquel anuncio: primero, en 2006 cuando el PSOE �cepill�, en palabras de Alfonso Guerra, el texto en el Congreso; posteriormente, con la sentencia del Constitucional de 2010, presentada en Catalu�a como un ataque a su �integridad�, a pesar de que solo recort� algunos art�culos.Aquel choque entre el Estado y el poder catal�n hundi� electoralmente al PSC, conden� a Zapatero -que summaba una crisis territorial a la incipiente crisis econ�mica- y permiti� al nacionalismo construir el relato victimista que en 2012 cristalizar�a en el proc�s. Una pugna pol�tica y una fractura de las que surgir� S�nchez, al negociar en 2016 con Puigdemont la moci�n de censura que acabar� en 2018 con el Gobierno de Rajoy, restablecer la alianza entre el PSOE y el independentismo y agitar el discurso de las dos Espa�as, una democr�tica y otra franquista, enfrentadas e irreconciliables. Dando as� continuidad al proyecto pol�tico de aquel Zapatero que prometi� cambiar Espa�a y ha acabado declarando como presunto corrupto ante el juez.













