REPRODUCCIÓNUn técnico de laboratorio durante un proceso de fecundación in vitro.Foto: Antonio Márquez Lanza (Getty) (Getty Images)Hasta 2016, ni lesbianas ni mujeres solteras podían optar a técnicas de reproducción asistida por la sanidad pública. A partir de ese año, distintos centros y comunidades dejaron de discriminar por orientación sexual o situación afectiva y en 2021 el Ministerio de Sanidad cambió la normativa.¿Es lo mismo la inseminación que la in vitro? No, son dos técnicas diferentes. La inseminación artificial consiste en introducir semen de un donante en el útero. Fue el primer método que se amplió a estos colectivos.La fecundación in vitro (FIV) es un proceso más complicado, que implica la extracción de óvulos de la paciente para inseminarlos en el laboratorio e implantarlos después. Cataluña, a la cabeza. La comunidad fue la primera en cambiar de proceder. En concreto, lo hizo el Servicio de Medicina Reproductiva de la Fundación Puigvert-Hospital Sant Pau de Barcelona. Desde entonces, más de un millar de bebés han nacido gracias a estas técnicas en ese centro.La edad, factor determinante. En un primer momento, al dar por hecho que las mujeres solas o lesbianas no presentaban problemas de fertilidad, no se las sometía a las mismas pruebas ni estimulación ovárica que a las parejas heterosexuales. Pero el tiempo pasa igual para todas (a partir de los 35, las posibilidades de un embarazo natural van desinflándose) y la experiencia impuso también la extensión de estos procesos a los colectivos incorporados.©Foto: Antonio Márquez Lanza (Getty)Si quieres saber más, puedes leer aquí.