La reproducción asistida se ha convertido en una realidad cada vez más presente en muchas familias. En España, una de cada seis parejas no puede tener hijos, según registros de la Sociedad Española de Fertilidad. Los avances médicos han ampliado las posibilidades reproductivas de miles de personas, pero el abordaje social de la infertilidad continúa lleno de simplificaciones, mitos y comentarios que, aunque suelen formularse desde la buena intención, pueden resultar profundamente dolorosos para quienes atraviesan estos procesos.“Deberías relajarte”, “cuando menos lo busques llegará”, “todo pasa por algo”, “mi prima se quedó embarazada justo cuando dejó de intentarlo” o “todavía eres joven” son algunas de las frases que muchas mujeres escuchan de forma recurrente durante un tratamiento de fertilidad. Expresiones aparentemente inofensivas que reflejan una dificultad colectiva para sostener conversaciones cargadas de incertidumbre y frustración.En muchos casos, este tipo de comentarios parte de una idea profundamente instalada en el imaginario social: que el embarazo depende en gran medida de la actitud emocional de la madre. Como si el estrés, la ansiedad o el deseo intenso de ser madre fueran responsables directos de las dificultades reproductivas. Sin embargo, esta mirada no solo simplifica procesos complejos, sino que, además, desplaza la responsabilidad hacia quien ya está atravesando una experiencia física y emocionalmente exigente. La infertilidad no constituye únicamente una cuestión médica, sino también una experiencia psicológica, corporal y relacional de gran intensidad. Los tratamientos hormonales, la espera constante, los resultados inciertos, las pérdidas gestacionales o la sensación de falta de control sobre el propio cuerpo generan un desgaste emocional que impacta en múltiples áreas de la vida.A ello se suma el impacto social de una maternidad que continúa fuertemente condicionada por expectativas culturales y de género. Aunque las dificultades reproductivas afectan tanto a hombres como a mujeres, el peso simbólico y emocional sigue recayendo principalmente sobre ellas. En este contexto, preguntas aparentemente inofensivas como “¿y vosotros para cuándo?”, “¿no quieres darle un hermanito?” o “¿no se te va a pasar el arroz?” pueden convertirse en un recordatorio constante de una experiencia tremendamente dolorosa. Teniendo en cuenta que muchas personas desean ayudar sin saber exactamente cómo hacerlo, quizá resulte útil recuperar una idea básica del acompañamiento emocional: no todo malestar necesita una solución inmediata.Qué ayuda durante un proceso de fertilidadAunque no existe una fórmula perfecta para acompañar, sí hay formas de estar cerca que suelen resultar mucho más cuidadosas y útiles.Escuchar sin intentar ofrecer soluciones inmediatas. Una de las necesidades más frecuentes en los procesos de fertilidad es poder expresar emociones difíciles sin recibir de forma inmmediata consejos, soluciones o frases positivas. A menudo, expresiones sencillas como “lo siento”, “tiene que ser muy difícil” o “estoy aquí para lo que necesites” generan más alivio que cualquier intento de animar rápidamente. Validar emocionalmente no empeora el dolor sino que permite compartirlo.Evitar los consejos no pedidos. Muchas personas recurren automáticamente a recomendaciones sobre alimentación, descanso, terapias alternativas, vacaciones o gestión emocional. Sin embargo, quien atraviesa un tratamiento de reproducción asistida suele estar ya expuesto a una enorme cantidad de información médica y a decisiones constantes. Antes de aconsejar, conviene preguntarse si la otra persona realmente ha pedido opinión o simplemente necesita ser escuchada.Respetar los tiempos y los límites. Hay mujeres que necesitan hablar constantemente del proceso y otras que prefieren mantenerlo en la intimidad. Algunas comparten cada paso; otras solo cuentan aquello que pueden sostener emocionalmente. Acompañar de manera respetuosa implica, necesariamente, no presionar con preguntas, no pedir actualizaciones continuas y entender que el silencio muchas veces funciona como una forma de protección emocional.No convertir el optimismo en obligación. Intentar mantener la esperanza puede ser importante, pero exigir una actitud positiva de manera constante puede resultar agotador. Frases como “tienes que ser fuerte” o “seguro que todo saldrá bien” pueden generar la sensación de que no hay espacio legítimo para el miedo, la tristeza o el cansancio. En procesos de fertilidad, conviene aprender a validar las emociones difíciles y permitir que se expresen sin juicio.Ofrecer ayuda concreta. Muchas veces el apoyo más útil no pasa por encontrar las palabras perfectas, sino por pequeños gestos prácticos: acompañar a una cita médica, preguntar cómo ayudar, cuidar de otros hijos, respetar una ausencia o simplemente estar disponible sin invadir. La ayuda concreta suele aliviar mucho más que los discursos motivacionales.El impacto psicológico de la infertilidadLa infertilidad tiene un impacto psicológico significativo. La evidencia científica ha demostrado de forma consistente que este proceso no solo afecta a la esfera médica o reproductiva, sino también al bienestar emocional y mental de las personas que lo atraviesan. La revisión sistemática Infertilidad y Género: Revisión Sistemática de sus Principales Consecuencias Psicológicas, publicada en 2025 en la revista Clínica Contemporánea, describe cómo la infertilidad se asocia con un aumento de síntomas de ansiedad, depresión, estrés y afectación de la autoestima, especialmente durante los tratamientos de reproducción asistida. Y precisamente por eso el lenguaje importa tanto. Porque las palabras no son neutras: algunas alivian, otras simplifican y otras añaden peso a experiencias que ya resultan suficientemente difíciles. Quizá una de las formas más cuidadosas de ayudar a mujeres o parejas que se encuentran inmersas en un proceso de estas características consista, simplemente, en abandonar la necesidad de encontrar la frase perfecta. A veces basta con escuchar, permanecer cerca y entender que existen circunstancias vitales que no necesitan soluciones rápidas, sino espacios seguros en los que poder ser acompañados.
Cómo ayudar, y lo que no hay que decir, a mujeres en un proceso de reproducción asistida
Expresiones aparentemente inofensivas como “deberías relajarte” reflejan una dificultad colectiva para sostener conversaciones cargadas de incertidumbre y frustración. Aunque no existe una fórmula perfecta para acompañar durante un tratamiento de fertilidad, escuchar y evitar los consejos no pedidos son clave












