An�lisis
RAFAEL PAMPILL�N
Actualizado 17
JUN.
2026 - 01:28Embarcaciones en el estrecho de Ormuz.US CENTCOMEXPANSIONLa reapertura del estrecho de Ormuz implica menores costes de importaci�n para petr�leo y gas, una reducci�n de las tensiones inflacionistas y una mejora de las expectativas empresariales.Durante meses, el estrecho de Ormuz record� al mundo que la geograf�a sigue teniendo mucho poder. Cada misil o dron lanzado en el Golfo, cada ataque a infraestructuras energ�ticas y cada amenaza de cierre de esta estrecha v�a mar�tima a�ad�an tensi�n a unos mercados que, antes del conflicto, ya conviv�an con guerras comerciales y dificultades en las cadenas de suministro. Por eso, la consolidaci�n del alto el fuego y la reapertura efectiva del estrecho constituyen, probablemente, la mejor noticia econ�mica internacional de este a�o. No porque el mundo haya recuperado, de repente, la estabilidad perdida. Sino porque se ha evitado uno de los escenarios m�s peligrosos para la econom�a global: una interrupci�n prolongada del flujo energ�tico.Antes de la guerra, no �ramos conscientes de la importancia de Ormuz. Pero cuando ese cuello de botella se bloquea, el problema no afecta �nicamente a Oriente Pr�ximo. Lo acaba pagando el conductor que llena el dep�sito en Madrid, el agricultor que compra fertilizantes en Castilla y Le�n, la empresa industrial alemana que consume gas, la aerol�nea que transporta turistas hacia las costas espa�olas, o el barco de pesca que faena en aguas de Galicia.La reapertura de Ormuz equivale, en cierto modo, a retirar un enorme impuesto invisible, que durante meses ha pesado sobre la econom�a mundial.El petr�leo deja de ser una amenaza inmediata | Durante los �ltimos a�os hemos hablado mucho de inteligencia artificial, digitalizaci�n o transici�n energ�tica. Pero la realidad es que una parte muy importante de la econom�a mundial sigue movi�ndose gracias a los combustibles f�siles. Esa dependencia explica que el estrecho de Ormuz siga siendo uno de los puntos m�s sensibles del planeta para la econom�a mundial. Por eso, la reapertura de esta v�a mar�tima est� siendo recibida con alivio por los mercados energ�ticos. Esta semana el precio del petr�leo inici� una senda descendente al aumentar la confianza de que el oro negro volver� a fluir desde Arabia Saud�, Emiratos �rabes Unidos, Irak, Ir�n, Kuwait y Catar. As�, las familias destinan menos renta al combustible y a la energ�a. Las empresas reducen costes. Sus m�rgenes mejoran. La inflaci�n se modera. Y la confianza econ�mica recupera terreno.No es casualidad que, pr�cticamente, todos los activos sensibles al coste de la energ�a est�n reaccionando positivamente. Bajan el precio del petr�leo y del gas, suben las bolsas y mejoran las perspectivas para el eur�bor y los tipos de inter�s. Los inversores empiezan a descontar un escenario con menos inflaci�n, m�s crecimiento y una pol�tica monetaria menos restrictiva.Europa sale especialmente beneficiada | Si existe una regi�n que gana con la paz es Europa. Estados Unidos ha aumentado su producci�n energ�tica durante los �ltimos quince a�os. Europa, en cambio, contin�a siendo una importadora neta de energ�a. La guerra de Ucrania ya hab�a demostrado hasta qu� punto la dependencia energ�tica puede convertirse en una amenaza. La crisis del Golfo ha servido para recordarlo una vez m�s. La reapertura del estrecho implica menores costes de importaci�n para petr�leo y gas, una reducci�n de las tensiones inflacionistas y una mejora de las expectativas empresariales. Pero existe adem�s un beneficio menos visible y quiz� m�s importante: devuelve margen de maniobra al Banco Central Europeo.Durante esta crisis, el BCE se enfrentaba a un dilema. La energ�a empujaba los precios al alza mientras el crecimiento econ�mico segu�a siendo d�bil. Una combinaci�n potencialmente peligrosa. La reapertura de Ormuz no resolver� todos los problemas de Europa, pero s� elimina uno de los obst�culos m�s importantes que amenazaba su recuperaci�n. Insisto: menos inflaci�n, tipos de inter�s m�s bajos, energ�a m�s asequible y empresas m�s competitivas. Es dif�cil encontrar una combinaci�n m�s favorable para una econom�a que necesita recuperar dinamismo. Y pocas cosas necesita hoy m�s Europa que combinar energ�a relativamente barata con financiaci�n m�s accesible.Espa�a obtiene una ventaja adicional | Para Espa�a, donde el turismo, el transporte y buena parte de la actividad productiva son especialmente sensibles al coste de la energ�a, la noticia llega en el mejor momento posible. Espa�a sale incluso mejor posicionada que muchos de sus socios europeos.Nuestra econom�a importa pr�cticamente todo el petr�leo que consume. Esto significa que cada descenso del precio del crudo genera una mejora inmediata en la producci�n nacional. Pero adem�s existe una segunda raz�n. Espa�a es una potencia de servicios, transporte y turismo. Precisamente tres sectores especialmente sensibles a los costes energ�ticos. Por poner tres ejemplos, las aerol�neas, los camiones y los cruceros consumen combustible. Los hoteles dependen de costes energ�ticos relevantes. La agricultura utiliza fertilizantes y maquinaria intensivos en energ�a. Cuando el petr�leo baja, toda esta estructura productiva gana competitividad. Eso es especialmente importante en un momento en el que Espa�a sigue batiendo r�cords tur�sticos. Un entorno de costes energ�ticos m�s moderados permite proteger m�rgenes empresariales, mantener precios competitivos y reforzar la capacidad de crecimiento del sector. Existe adem�s un efecto macroecon�mico adicional que suele recibir menos atenci�n. Una factura energ�tica menor mejora la balanza comercial. Espa�a sigue registrando un importante d�ficit en el comercio de bienes. Parte de ese d�ficit procede precisamente de la importaci�n de energ�a. Si el petr�leo cuesta menos, la factura exterior disminuye y la econom�a necesita menos recursos para financiar sus compras al exterior.El consumidor tambi�n gana | Los economistas hablamos mucho de inflaci�n, d�ficit exterior, deuda p�blica o productividad. Pero las econom�as tambi�n funcionan gracias a las percepciones. Cuando los consumidores observan que los precios de los combustibles dejan de subir, su sensaci�n de seguridad mejora. Eso suele traducirse en una mayor predisposici�n al gasto y una mejora de la confianza. Y la confianza es uno de los activos econ�micos m�s importantes. Las familias compran viviendas, coches o bienes duraderos cuando creen que el futuro ser� m�s estable. Las empresas invierten cuando perciben que los riesgos disminuyen. Por eso la reapertura de Ormuz tiene un componente psicol�gico que no debe infravalorarse. Despu�s de sufrir pandemia, inflaci�n, guerra en Ucrania, tensiones comerciales y conflicto en Oriente Pr�ximo, cualquier reducci�n de la incertidumbre genera efectos econ�micos positivos.Pero no volvemos al mundo anterior | Ahora bien, la reapertura de Ormuz no significa que hayamos regresado al mundo que conocimos durante las tres d�cadas posteriores a la Guerra Fr�a. Aquella globalizaci�n, basada en energ�a abundante, comercio cada vez m�s libre, Europa protegida militarmente por Estados Unidos y cadenas de suministro extremadamente eficientes, pertenece cada vez m�s al pasado que al futuro. La crisis del Golfo deja varias lecciones. Europa ha comprobado que la seguridad energ�tica tiene un coste. Las empresas han descubierto que incluso las cadenas de suministro m�s sofisticadas pueden ser vulnerables. Y los gobiernos han entendido que una dependencia excesiva del exterior puede transformarse, de la noche a la ma�ana, en un problema estrat�gico. Los seguros mar�timos seguir�n siendo m�s caros. Las empresas mantendr�n inventarios m�s elevados. Las refiner�as, aumentar�n sus stocks y a la vez continuar�n diversificando sus fuentes de suministro. Y Europa tendr� que seguir reforzando su capacidad de Defensa. El mundo ha evitado una crisis energ�tica de gran magnitud. Pero tambi�n ha aprendido que la seguridad, la energ�a y la geopol�tica vuelven a formar parte del c�lculo econ�mico cotidiano. Los precios de la energ�a ser�n m�s estables que durante los tres meses de guerra, pero dif�cilmente volver�n a ser tan baratos como antes del conflicto. Adem�s, Europa afronta otros desaf�os de enorme magnitud: envejecimiento demogr�fico, creciente competencia tecnol�gica de Estados Unidos y China y una fragmentaci�n comercial cada vez m�s evidente. La reapertura del estrecho de Ormuz no resolver� todos nuestros problemas, sin embargo, elimina uno de los mayores riesgos que amenazaban la econom�a mundial en 2026. Y eso, en los tiempos que corren, ya es una excelente noticia.Rafael Pampill�n | Profesor de la Universidad CEU-San Pablo y del IE Business School.econom�a














