Desde que comenzó el Mundial una canción profética recorre las redes sociales. Se trata de El Noticiero, de Ricardo Arjona, publicada hace ahora treinta años; en concreto la parte en la que dice: “El fútbol gana terreno en los Estados Unidos. Quieren cambiar la estructura pa' que tenga sentido. Hay que agrandar las porterías. Y ocho tiempos fuera pa' vendernos porquerías”. La canción de Arjona es una finísima sátira, pero la línea entre parodia y realidad, entre deporte y teletienda, entre fútbol y atracción de feria, se ha vuelto completamente difusa desde que Gianni Infantino comenzó a gestionar la FIFA como si fuese una franquicia de entretenimiento y no una institución deportiva.

El nombre oficial de la enésima rendición futbolística implantada por el Infantinato es el de “pausa de hidratación”, pero tras los primeros partidos del Mundial es fácil concluir que se trata de pausas publicitarias de toda la vida, una en cada tiempo de juego reglamentario durante tres minutos. La obviedad lucrativa es tal que, en Fox News, durante la segunda pausa del México-Sudáfrica, terminaron emitiendo anuncios a pantalla completa mientras los jugadores esperaban a que el árbitro recibiera la señal de que la televisión había terminado de vender zapatillas.