Hubo una imagen de este Mundial que vamos a recordar tanto como los goles: termina el primer tiempo de la final y, en lugar del túnel y los 15 minutos de siempre, aparece un escenario. Madonna, Shakira, BTS, Justin Bieber y Gustavo Dudamel al frente de la Filarmónica de Nueva York, en el primer show de entretiempo de la historia de una Copa del Mundo. Días antes, el calor del verano norteamericano había obligado a incorporar pausas de hidratación que detenían los partidos a mitad de cada tiempo. Nadie cambió el reglamento. Y sin embargo, algo cambió para siempre: el espectáculo ya no rodea al partido; empezó a meterse adentro.Durante más de un siglo, el fútbol modificó casi todo —los formatos, las sedes, la tecnología, los horarios— menos una cosa: la arquitectura del partido. Dos tiempos de 45, un descanso de 15, la pelota rodando. El Mundial 2026 fue el torneo en el que esa frontera se corrió. El entretiempo de la final excedió el límite tradicional: la FIFA confirmó oficialmente una duración de 17 minutos para permitir el montaje del escenario y las presentaciones artísticas. Las pausas de hidratación, los horarios definidos por las televisoras y el show del descanso no son hechos aislados. Son manifestaciones de una misma lógica, la que hace décadas domina a la NFL y a la NBA: cada minuto del evento tiene un valor económico.El show de BTS, la banda de K-pop, durante el entretiempo de Argentina vs. España. Photo: Tom Weller/dpaTom Weller - dpa DPA¿Por qué ocurre? Porque los números son irresistibles. El ciclo económico 2023-2026 le reportó a la FIFA US$13.000 millones, de los cuales US$8.900 millones provinieron directamente del Mundial que terminó en Nueva Jersey con la victoria de España. Esa cifra representa un aumento del 56% respecto de Qatar 2022 y duplica lo generado por Brasil 2014. Terminado el torneo, el propio Infantino anunció que los ingresos del período superarían los US$15.000 millones —una cifra que incluye también el Mundial de Clubes y otros torneos del ciclo—, muy por encima de la meta original. Dentro de esos números está la respuesta: unos US$4.264 millones por derechos de transmisión, más de US$3.000 millones presupuestados por entradas y hospitality, y cerca de US$2.700 millones por derechos de marketing.Para entender hacia dónde va todo esto conviene mirar el espejo en el que la FIFA decidió reflejarse. En el Super Bowl de febrero, un spot de 30 segundos costó en promedio US$8 millones, con espacios premium que superaron los US$10 millones. Con esa vara, cada minuto adicional de pausa en una final que aspiraba a ser la transmisión deportiva más vista de la historia no es tiempo muerto: es inventario.Gianni Infantino y el presidente Donald Trump durante la premiación del Mundial 2026 Aníbal Greco / Enviado Especial - LA NACIONY acá aparece la idea que explica todo lo demás. Durante décadas, el negocio monetizó un producto que ya existía: compró derechos, vendió camisetas, puso carteles alrededor de la cancha. Hoy, el negocio empezó a diseñar el producto. No se agrega un show porque sea divertido, ni un cooling break únicamente porque hace calor. La propia FIFA defendió las pausas como una medida sanitaria necesaria —explicación válida—, pero esas interrupciones también abrieron nuevos espacios publicitarios. Cada modificación crea inventario comercial nuevo. Y ese inventario vale millones.Hay que decirlo: no todos pierden con esto. Ganan la FIFA y las federaciones, que reparten premios récord. Ganan los broadcasters, que multiplican minutos comercializables. Ganan los sponsors, el hospitality y hasta causas nobles: el show del entretiempo sirvió de plataforma para el FIFA Global Citizen Education Fund, que busca recaudar US$100 millones para ampliar el acceso a la educación infantil. Y gana una audiencia nueva, más joven, criada en la economía de la atención, que consume el fútbol como consume todo: en formato de entretenimiento integral.La selección argentina, durante una de las pausas de hidratación dispuestas durante el Mundial (Photo by Megan Briggs/Getty Images)Megan Briggs - Getty Images North AmericaPero toda buena historia necesita su contrapunto. El cooling break rompe el ritmo y funciona, en los hechos, como un tiempo muerto táctico que el fútbol nunca quiso tener. Un entretiempo más largo enfría físicamente a los jugadores y altera una rutina de vestuario que los cuerpos técnicos calibran al minuto. El hincha tradicional siente que le están vendiendo otra cosa. Y hay un riesgo que los propios broadcasters conocen bien: cuanto más larga la pausa, más fácil es que la audiencia cambie de pantalla. Ni siquiera el estreno fue unánime: buena parte de la crítica coincidió en que el show reunió demasiados artistas en muy poco tiempo y careció de un concepto unificador.FIFA halftime show 2026: cómo fue el entretiempo de la final del Mundial con BTS, Shakira y el venezolano DudamelEl fútbol siempre cambió. Cambió el offside, cambiaron los puntos por victoria, llegó el VAR. Pero durante décadas las modificaciones buscaron mejorar el juego. Las de este Mundial responden a otra lógica: hacer más rentable el producto. Por eso la pregunta de fondo no es si habrá más cooling breaks, ni si el próximo show durará 17 o 30 minutos. La pregunta es cuál es el límite. Durante más de un siglo, el negocio se adaptó al fútbol. En Estados Unidos, Canadá y México empezó a ocurrir lo contrario. Y todavía no sabemos hasta dónde puede estirarse esa cuerda sin cortar aquello que hizo del fútbol, precisamente, el deporte más popular del mundo.El autor es profesor del MBA y Director Académico de Sports & Entertainment Management, Universidad Torcuato Di TellaMundial 2026Fútbol y TVLa economía del fútbol