El plan para afrontar un torneo como la Copa del Mundo pasa por saber gestionar las expectativas, sobre todo cuando una selección se muestra tan optimista que se siente candidata al título, como es el caso de España. No se trata de responder a la condición de favorita en cada partido, sino de pautar los diferentes objetivos hasta llegar en las mejores condiciones al tramo decisivo del campeonato, y más cuando su formato es tan novedoso como el de 2026. Y el equipo se olvidó de que para conquistar el trofeo es mejor ganar el primer partido, que suele tener su riesgo por ser el del debut, especialmente cuando se cruzan apuestas por el número de goles que se marcarán, sin reparar en el rival, simplemente por su condición de debutante en un Mundial. El 0-0 expresa el gatillazo, obliga a abandonar el boato y a pensar en el próximo partido sin renunciar a las aspiraciones propias de un campeón de Europa.EspañaESP 0 Cabo VerdeCAB 0 FinalNada peor para un estreno que la euforia previa a la presentación advertida camino del Atlanta Stadium. La actuación española, de momento, no transmitió ni siquiera la energía suficiente para levantar el ánimo de una afición acostumbrada al buen fútbol y a los resultados excelentes desde 2024. No es que fuera un equipo ansioso, sino que más bien pareció insensible, por no decir inanimado, ajeno a la emoción, supuestamente agarrotado por la tensión, irreconocible si no se rebobina hasta los tiempos en que la posesión era estéril y los partidos podían acabar también 0-0 como pasó con Marruecos en Qatar. La alineación resultó tan fallida como los cambios que metió progresivamente el seleccionador cuando vio que la victoria se escapaba, encomendado a Lamine Yamal, que no jugaba desde abril contra el Celta. La agitación generada por el delantero azulgrana no alcanzó para vencer a un rival limitado futbolísticamente como Cabo Verde.La alineación resultó fallida por la falta de extremos, ocupadas las bandas por Ferran y Gavi, un falso nueve y un volante, incapaces de desbordar o regatear, y por la poca influencia de Rodri para dar ritmo a un partido disputado a cámara lenta desde el minuto 0 hasta el 95. A falta de amplitud, solo asomaba por el costado izquierdo Cucurella y de vez en cuando se apreciaba algún toque interesante de Pedri. La pelota iba lenta, de pie a pie, fácil de defender para Cabo Verde. Faltaba velocidad e ingenio para filtrar pases, dinamismo para generar espacios y desmarque para armar el tiro ante un contrario acreditado por haber superado previamente a Camerún. España jugaba más rígida que el palo de una escoba, sin profundidad ni capacidad para generar ocasiones, remitida al descanso a un par de chuts de Ferran Torres.Negada y estéril colectivamente, sin velocidad ni cambio de marcha, la selección buscó soluciones individuales para salir del atasco y ganar verticalidad con futbolistas que todavía están en fase de recuperación como Lamine, que a sus 18 años debutó en la Copa del Mundo, y Nico. El fútbol español ganó viveza sin llegar a atropellar a Cabo Verde. Un pase de Lamine con el exterior de su zurda para Olmo y el disparo final de Oyarzabal anunciaron el juego que se espera y que no se dio de una selección que no supo romper líneas ni arriesgar, alejada de una carta de naturaleza que contempla el desacomplejamiento, la verticalidad y un punto de inconsciencia para sortear adversidades como las planteadas por la disciplinada Cabo Verde.A España le faltó chispa y frescura, física y mentalmente, como si estuviera cansada antes de empezar el Mundial. Las imprecisiones fueron continuas y las dudas, constantes en el equipo de De la Fuente. Las sensaciones no fueron las mejores y el contratiempo tiene difícil explicación a falta de enfrentarse a Arabia Saudí y Uruguay. Aunque decepcionante, el empate no supone en cualquier caso ningún drama, sino que exige una buena digestión y una reformulación de las expectativas sin caer en los extremismos propios de España.
España, extremistas sin extremos
La alineación resultó tan fallida como los cambios que metió progresivamente Luis de la Fuente cuando vio que la victoria se escapaba













