Para la Casa Blanca hay un riesgo real que teme más que la eventual ruptura por Irán de un armisticio. Se trata del chantaje que está planteando al proceso de paz el mayor aliado estadounidense en Oriente Medio, Israel, cuya estrategia en la región está marcada únicamente por sus propios intereses, coincidan o no con los de Washington. Para el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, no habrá paz si antes no ha caído el régimen de los ayatolás y si Israel no ha cumplido todas sus ambiciones territoriales en el Líbano. PublicidadEste domingo, en medio del tira y afloja diplomático entre EEUU e Irán, el ejército israelí continuó su ofensiva mortal en Líbano -con tres nuevos asesinatos-, lanzada bajo el pretexto de combatir a los aliados de Teherán en ese país y sin que nada ni nadie, ni siquiera Trump, le tenga que decir qué es lo que debe hacer. Todo ello cuando Irán ha repetido hasta la saciedad que cualquier acuerdo de paz con EEUU pasa por la retirada israelí del Líbano.La larga lista de boicots protagonizados por Netanyahu a las negociaciones en Gaza, el Líbano y con el propio Irán no ofrece un horizonte de tranquilidad ante el eventual fin de las hostilidades entre la Casa Blanca y el régimen iraní. A pesar del compromiso adquirido hace una semana con Trump para frenar su imparable escalada militar en territorio libanés, violando una y otra vez el alto el fuego vigente desde abril, Israel ha acelerado sus acciones militares con un objetivo evidente: demostrar que en Oriente Medio es este país el que, de facto, marca el paso y los demás han de seguirlo.En Gaza se alcanzó una especie de acuerdo de paz en octubre pasado, auspiciado por Trump, que detuvo las matanzas a gran escala que dejaron en la Franja más de 73.000 muertos, de ellos 21.000 niños, desde que comenzó la invasión israelí en octubre de 2023. Sin embargo, los asesinatos de gazatíes por las fuerzas ocupantes judías continúan, así como la destrucción de sus hogares, una estrategia de tierra quemada que ya ha permitido a Israel hacerse con la mitad de ese territorio palestino, con la intención de llevar la ocupación al 70% sin que nadie levante la voz.Una estrategia, la del erial, que Israel está repitiendo en el sur del Líbano. El 28 de febrero pasado, Israel y EEUU lanzaron la guerra con Irán y dos días después, el 2 de marzo, con el pretexto de que las milicias libanesas proiraníes de Hezbolá lanzaron unos cohetes sobre territorio israelí sin víctimas, Netanyahu ordenó retomar con más intensidad la invasión desplegada en el país vecino entre octubre y noviembre de 2024.PublicidadEsta vez la campaña militar no era de tanteo. A las fuerzas israelíes que habían quedado estacionadas en el sur del Líbano se les añadieron decenas de miles de soldados y la puesta en marcha de una limpieza étnica solo comparable a la de Gaza, con más de 1,5 millones de libaneses obligados a dejar amplios territorios del sur y este del país.El objetivo israelí no es solo HezboláSon más de 3.700 los libaneses muertos en esta nueva guerra buscada por Israel, que ya no oculta que sus intereses en el Líbano incluyen la ocupación de hasta una quinta parte del país como "zona de protección" susceptible de ser ocupada por colonos judíos en el futuro, como ya se hizo con los Altos del Golán sirios, por ejemplo.Los aliados ultraderechistas de Netanyahu respaldan esta ampliación de territorio como parte de la construcción del Gran Israel. Este domingo, cuando se dirimía la firma del memorando de paz entre EEUU e Irán para detener la guerra, dos de los ministros ultranacionalistas israelíes, el de Finanzas, Bezalel Smotrich, y el de Seguridad Nacional, Itomar Ben Gvir, clamaban por una ofensiva generalizada sobre Líbano.PublicidadSmotrich, que además de ministro es un colono ilegal en Cisjordania, el otro territorio palestino ocupado por Israel, reclamó que se expulse a toda la población libanesa de los barrios meridionales de Beirut, donde viven militantes de Hezbolá, pero también decenas de miles de personas del mismo credo chií.La guerra de Israel en Líbano no es contra las autoridades libanesas, que apenas tienen la capacidad militar para detener invasión alguna e incluso simpatizan con Tel Aviv, aunque el ejército judío mate a sus soldados y a los de la ONU allí desplegados. La campaña militar de Israel en Líbano es oficialmente contra las fuerzas paramilitares de Hezbolá, el "Partido de Dios", un grupo de decenas de miles de milicianos de credo chií que ante todo quieren la independencia de su país y no su sumisión al régimen sionista. Hezbolá controla buena parte del poder político en el Líbano y se declara enemigo jurado de Israel. El ejército israelí ha utilizado desde los años ochenta del siglo pasado, cuando apareció Hezbolá tras la invasión del Líbano de 1982, el pretexto de aplastar a esta agrupación para lanzar sus campañas destinadas a debilitar cada vez más al país vecino.Un pacto en la cuerda flojaEsta vez, a nadie se le escapa ya que la intención final no sea tanto desarmar a Hezbolá, tarea ímproba salvo que se ocupe todo Líbano, como hacerse con una considerable parte de este país para crear una barrera infranqueable a los chiíes, reforzada con colonos judíos armados y protegidos por el ejército israelí, como ocurre en Cisjordania y pronto podría suceder en Gaza.Por eso en todo el sur del Líbano ya ocupado el ejército hebreo está reduciendo a escombros decenas de localidades, desde aldeas a pequeñas ciudades, para crear esa zona de protección. Y mientras no acaben su tarea, no servirá de nada un acuerdo de paz entre EEUU e Irán en el que Teherán reclame el fin de la contienda en el Líbano. Los israelíes han llegado a Líbano para quedarse y no cejarán ante las presiones de Trump ni ante el que consideran un espejismo de paz con Irán. Está en juego el propio futuro político de Netanyahu, ahora respaldado por los extremistas de su partido y de los otros grupos ultras en el Gobierno.El ministro Smotrich reclamó a Netanyahu este domingo en la red social X la evacuación forzosa del barrio beirutí de Dahye y el derribo de todos sus edificios. Smotrich se hacía eco de los ataques de Hizbulá con cohetes contra territorio israelí que, aunque no causaron daños ni heridos, eran el mejor pretexto. Ataques no sin motivo: el sábado, el ejército judío atacó y destruyó 70 infraestructuras en 24 horas en el sur del Líbano, supuestamente vinculadas a Hezbolá.Hasta la oposición israelí reniega de un pacto Irán-EEUUNi siquiera la oposición a Netanyahu contempla con satisfacción la paz negociada entre EEUU e Irán. En la noche del sábado, el líder opositor Yair Lapid afirmó que tal acuerdo "no logra ninguno de los objetivos bélicos de Israel: el régimen [iraní] sobrevive, el programa de misiles persiste e Irán puede reconstruir su programa nuclear", afirmó Lapid, quien calificó como "un fracaso absoluto para Netanyahu" esa estrategia.El primer día de la guerra, Israel y EEUU lograron asesinar al líder supremo iraní Alí Jameneí y a muchos miembros de la cúpula militar y política de Teherán. Antes de que el 8 de abril se alcanzara un alto el fuego, se destruyó también gran parte de la capacidad militar de Irán. Sin embargo, el régimen islámico ha hecho de la resiliencia su arma y en estos momentos aparece reforzado.PublicidadLos deseos de Lapid, que son los mismos que los de Netanyahu, y que pasan por la aniquilación del régimen iraní, el desarme de Irán y la anulación de su capacidad nuclear, solo podrían conseguirse con una intervención terrestre y la práctica obliteración a bombazos del país. Y esto no está en manos de Israel, sino de EEUU, que pagaría un precio descomunal a nivel interno e internacionalmente por una nueva invasión como la que llevó a cabo en Irak en 2003, en un escenario, Irán, muchísimo más complicado.Hora de terminar la guerra… pese a IsraelLos políticos israelíes son, en este sentido, muy dados a protestar cuando otros no les hacen el trabajo sucio y por eso ahora acusan casi todos a Netanyahu de plegarse ante Trump, cuando en realidad fue aquel quien arrastró al líder republicano a esta guerra.El jueves Trump telefoneó a Netanyahu y le comunicó que quería ya un pacto con Irán, aunque no le gustara a Israel. "Es un gran acuerdo y es hora de acabar con esta guerra", le indicó al primer ministro israelí, según publicó el canal de análisis Axios citando fuentes de la Casa Blanca. Este domingo, el mandatario estadounidense dijo que el ataque de Israel a Beirut "no debería haber ocurrido" y pidió a Netanyahu que detenga los bombardeos. En ese acuerdo se recogía la exigencia iraní de que acabe la campaña israelí en el Líbano. Uno de los temores de Israel es que ahora, cada vez que quiera realizar una operación contra Hezbolá, deba consultarla con EEUU y esperar su beneplácito.PublicidadPor eso en los últimos días se han acelerado las operaciones israelíes en el Líbano. En la actual situación, la única ventaja que le puede quedar a Israel de esta guerra está en este segundo frente, con el mayor desgaste posible de los aliados de Irán y la ampliación de sus conquistas territoriales.Para dejar claro este desacuerdo, desde primera hora del domingo y mientras se negociaba contrarreloj el memorando de paz entre EEUU e Irán, bombarderos israelíes martillearon el suburbio chií de Dahiye, en Beirut. Hace una semana, cuando también estaba cercano el acuerdo, Israel hizo lo mismo, solo que entonces Irán y sus aliados hutíes del Yemen respondieron con misiles contra territorio israelí.Entonces, Israel volvió a bombardear Irán e incluso se preparaba para lanzar oleadas de misiles y drones contra las infraestructuras energéticas iraníes, lo que habría a su vez desencadenado otra respuesta de Teherán contra los aliados de EEUU en el Golfo Pérsico, donde el régimen islámico sabe que puede causar más daño. Fue Trump quien frenó en el último momento a Netanyahu y así encauzó la negociación entre Washington y Teherán.La rabia de Israel ha sido patente este fin de semana. Tanto como las prisas de Trump para conseguir un principio de acuerdo con Irán antes de que el 4 de julio EEUU celebre el 250 aniversario de su declaración de independencia en 1776. El mayor peligro es que el memorando de paz sea dinamitado más tarde o más temprano por Netanyahu. Y Trump sabe que, suceda lo que suceda, los lobbies judíos en el Congreso y en la Casa Blanca obligarán al presidente a estar junto a Israel.PublicidadY eso lo sabe mejor que nadie el primer ministro israelí y podría llevarle a lanzar un órdago, más aún con las elecciones en octubre a la vuelta de la esquina y sabiendo que solo la guerra podría evitarle un desastre en las urnas y en sus tres procesos por corrupción.En todo caso, lo que parece improbable es que la presión israelí conlleve un endurecimiento de la guerra hasta llegar al despliegue terrestre de fuerzas estadounidenses o a una ofensiva aérea muy larga que acabe dejando vacíos los arsenales del Pentágono. Incluso en los círculos más cercanos a Israel en EEUU se percibe con claridad que la apuesta israelí es muy alta, pero que la cuenta la acaba pagando siempre Washington.