Se agrava la brecha entre Estados Unidos e Israel a raíz del acuerdo preliminar entre Washington y Teherán y de los ataques de Israel en Líbano. Después de las críticas públicas del presidente estadounidense, Donald Trump, hacia el primer ministro Benjamín Netanyahu, este jueves el vicepresidente J. D. Vance se ha pronunciado también con dureza hacia el gobierno amigo, al que ha advertido que no se queje sobre el pacto ni intente obstaculizarlo. “Yo no me metería con el único aliado poderoso que me queda en todo el mundo”, ha señalado Vance, el jefe del equipo que negoció el pacto con Irán y que se ha convertido en el gran defensor del documento ante el aluvión de críticas.Lejos parecen los tiempos en los que los dos países lanzaron de manera conjunta la operación Furia Épica, el apodo militar de la guerra, el 28 de febrero. Más lejos aún, los tiempos en los que Netanyahu se reunió con Trump en la Casa Blanca para persuadirle de que apostar por la vía de la fuerza contra Irán era una buena idea; que su nombre pasaría a la Historia como el del primer presidente que se atrevió a plantar cara de veras a la República Islámica en 47 años. Que la guerra precipitaría una insurrección popular que depondría al régimen de los ayatolás y la victoria sería rápida y segura.Aquellos cálculos resultaron garrafalmente erróneos. Y a medida que la guerra se alargaba, el efecto sobre la economía global empeoraba y crecía el descontento de los votantes contra Trump, también se elevaba el resentimiento del presidente estadounidense hacia su aliado. Su malestar estalló a raíz de la invasión y los ataques israelíes en Líbano, que pusieron en peligro las negociaciones indirectas entre Washington y Teherán y amenazaron con mandar al traste el memorando de entendimiento el mismo día en que iba a anunciarse el acuerdo, el domingo pasado. En una serie de llamadas telefónicas al primer ministro israelí, el mandatario estadounidense arremetió contra él para llegar a llamarle “puto loco” y acusarle de “no tener una puta brizna de juicio”. Este jueves, en un mensaje en redes sociales, llamaba a mantener la paz en Líbano: “Estados Unidos está comprometido con la PAZ, y animamos a cualquiera en la región de Oriente Medio a mantener su compromiso para que nuestras negociaciones puedan desarrollarse con éxito… esperamos un alto el fuego total en todos los frentes, incluido Líbano, Hizbulá e Israel”. En una rueda de prensa el día antes al término de la cumbre del G7 en Evian-les-Bains (Francia), el republicano reconocía que “tenemos una pequeña pelea sobre Líbano… y yo digo, ‘puedes ir con un poco más de suavidad, Bibi. No tienes que derrumbar un edificio cada vez que entra alguien de Hezbolá”. “Pueden portarse mejor. Pueden hacerlo mejor”, agregaba. Netanyahu, el gran perdedor del acuerdo y que se enfrenta a unas elecciones en octubre en las que los sondeos no le son favorables, no se ha pronunciado personalmente contra el acuerdo. Pero dentro de Israel y de su Gobierno sí han surgido numerosas voces contra el pacto, que consideran una capitulación ante Irán. “Me molesta que hemos visto gente dentro del gabinete de Bibi (Netanyahu) que han atacado el acuerdo e incluso han atacado de manera muy personal al presidente de Estados Unidos”, ha advertido Vance este jueves en una rueda de prensa en la Casa Blanca. “Donald Trump es el único jefe de Estado en todo el mundo que se siente bien dispuesto hacia la nación de Israel en estos momentos, y es el jefe de Estado de la superpotencia mundial”, ha agregado. “Si yo estuviera en el gobierno israelí, no atacaría al único aliado poderoso que me queda en todo el mundo”. Ayuda militarEl vicepresidente también ha recordado el apoyo militar que Estados Unidos presta a Israel, de 3.800 millones de dólares anuales e imprescindible para las fuerzas armadas de ese país. “A lo largo de los últimos tres meses, dos tercios de las armas defensivas que han protegido su patria se han construido con las manos de estadounidenses y se han pagado con dólares de los contribuyentes estadounidenses… el que piense en Israel que sy mayor problema es el presidente de Estados Unidos necesita despertarse y ver la realidad”. En una entrevista con el periódico New York Times este jueves, Vane había arremetido específicamente contra el ministro de seguridad nacional israelí, Itamar Ben-Gvir, y el de Finanzas, Bezalel Smotrich, ambos críticos públicos del acuerdo. “Les diría, ¿ustedes qué proponen exactamente?”, explicaba, antes de añadir “no puedes recurrir a matar como modo de resolver cada uno de los problemas de seguridad nacional que tengas”. Israel no es firmante del acuerdo, pero el memorando de entendimiento estipula, entre sus términos, el fin “inmediato y permanente de las operaciones militares en todos los frentes, incluido Líbano”. En su rueda de prensa, Vance, que continuará al frente de las negociaciones en su nueva fase, ha defendido el acuerdo con Irán a capa y espada frente a quienes argumentan que Estados Unidos obtiene cosas que ya existían antes de la guerra —la apertura del estrecho de Ormuz, que Irán cerró al comienzo de las hostilidades, el compromiso de Irán a no desarrollar armas nucleares— mientras que Teherán obtiene grandes compensaciones económicas: puede volver a exportar su petróleo desde este mismo jueves, y el memorando prevé la descongelación de fondos iraníes retenidos en el extranjero, el levantamiento de sanciones y un plan de reconstrucción por valor de 300.000 millones de dólares. El vicepresidente subraya que esos premios solo llegarán si la República Islámica va cumpliendo sus compromisos. Washington ya ha empezado su parte: este jueves ha levantado el bloqueo que imponía sobre los puertos iraníes. “Si los iraníes no cumplen, nosotros aún tendremos cada herramienta y elemento de presión con los que contamos” ahora, ha subrayado el número dos del gobierno estadounidense. El hecho de que Vance esté al frente de las negociaciones le ha convertido en blanco de las críticas sobre el acuerdo. El propio Trump ha parecido dar a entender que, en caso de fracaso del pacto, le considerará responsable. “Si funciona, me llevaré yo los aplausos. Si no funciona, le echaré la culpa a J.D. ¡Ten cuidado, J.D!”, declaraba el miércoles en Francia. Su número dos restaba importancia a la advertencia. “El presidente bromeaba, como le gusta hacer con frecuencia”, apuntaba. Los términos del acuerdo han suscitado malestar incluso dentro del propio Partido Republicano de Trump. Muy especialmente, el plan de reconstrucción por 300.000 millones de dólares. Un comunicado del senador por Texas Ted Cruz indicaba el miércoles que “hemos destruido la fuerza militar iraní, y no deberíamos sufragar su reconstrucción”. El presidente del Comité de Servicios Armados del Senado, el también republicano Roger Wicker, ha apuntado que ese fondo “aunque no estará pagado por los contribuyentes estadounidenses, haría que el pago a Irán contemplado en el acuerdo nuclear del presidente Obama de 2015 pareciera una miseria en comparación”.