Mientras que, según las encuestas, el 60% de los adultos en Estados Unidos tiene ahora una opinión desfavorable de Israel, en una pinza entre la extrema derecha y la izquierda por el impacto de las guerras en Gaza y ahora contra Irán, la extraña relación entre el presidente Donald Trump y el primer ministro Benjamin Netanyahu no hace más que fortalecer ese rechazo, esa idea de que con amigos como estos para que se quieren enemigos.La sociedad estadounidense muestra cada vez más rechazo por el conflicto con la república islámica, del que se cumplen 100 días, sin saber muy bien a qué agarrarse en esa montaña rusa que es la relación entre Trump y Netanyahu.Trump dejó este lunes claro que no estaba contento con los nuevos ataques de Israel contra Irán, la última de una serie de críticas que han planteado dudas sobre si los aliados están alineados en lo que respecta a las guerras que Washington intenta poner fin.Irán e Israel intercambiaron ataques el domingo y el lunes por primera vez desde que se alcanzó el alto el fuego el 8 de abril. La escalada puso de relieve hasta qué punto se ha ampliado la brecha entre los líderes estadounidenses e israelíes desde que decidieron lanzar conjuntamente su ofensiva contra Irán el 28 de febrero.La nueva escalada bélica abortada por Trump plantea dudas de si Israel y Estados Unidos son aliados alineados en los frentes de Oriente MedioEn apariencia, Trump sigue tratando de avanzar hacia un acuerdo de paz, en tanto que Netanyahu busca ampliar la guerra contra los enemigos de Israel.Hace solo una semana que el mandatario estadounidense llamó a su amigo de Jerusalén y le dijo que “estaba jodidamente loco”, por propiciar que Irán anunciara que abandonaba la mesa de negociaciones por los ataques a Líbano del ejército israelí.“¿Qué demonios estás haciendo?”, le planteó un furioso Trump. Además llamó desagradecido a Netanyahu porque si no fuera por él ya estaría en la cárcel, por las investigaciones de corrupción. En cambio, daba la imagen de que solo pretendía dinamitar el pacto con Teherán para reabrir el estrecho de Ormuz y prolongar el alto el fuego por 60 días para cerrar la negociación en que se abordará la retirada del uranio enriquecido e impedir que Irán tenga el arma nuclear.La semana pasada Trump llamó “jodidamente loco” al líder hebreo por haber provocado que Teherán abandonara la mesa de negociacionesNetanyahu hizo caso sin hacer caso alguno, como si en verdad le diera la razón a su amigo de la Casa Blanca para seguir haciendo lo que marca su agenda expansionista, despreciando y toreando a Trump. Pero desde Irán no se creen que el primer ministro israelí actúe unilateralmente. Consideran que, en realidad, eso solo es una fachada y que Israel sigue consignas de Washington.No es precisamente lo que emerge de la Casa Blanca. Desde aquella llamada telefónica, sin embargo, la situación no ha hecho más que complicarse. Los bombardeos cruzados de este domingo y primera hora del lunes han soliviantado a Trump.“Israel e Irán deben dejar de dispararse inmediatamente”, escribió el presidente en su red social. Su súplica pareció ser escuchada, aunque ya nadie confía en lo que puede venir.Trump habló esta misma jornada por teléfono con Netanyahu por segunda vez en menos de 24 horas. Le recalcó que si continúan con esa escalada, Israel muy pronto estará aislado en el mundo. El líder israelí, que le explicó que preparaba un gran ataque, frenó ese dispositivo y se comprometió a no bombardear Irán, pero no descartó mantener el pulso en Líbano. Pero este otro cese de hostilidades es condición obligatoria de Teherán para avanzar en las negociaciones de paz que Trump dio por prácticamente cerradas hace un par de semanas, con la desaprobación de Israel. Y todo continúa en el limbo.“Ambas partes, Israel e Irán, están buscando un alto el fuego inmediato”, insistió el presidente estadounidense en su red social. “Las negociaciones finales sobre la paz están avanzando, siempre que la ignorancia o la estupidez no se interpongan en el camino”, recalcó con unos descalificativos directamente dirigidos a Netanyahu y al líder supremo iraní.Netanyahu mantiene su agenda expansionista, pero Irán recela y cree que no actúa unilateralmente sino siguiendo consignas de WashingtonEl estrecho de Ormuz, con la disrupción del comercio global, sigue cerrado al tráfico y Trump perseveró en que el bloqueo decretado por EE.UU. a los puertos iraníes se mantendrá hasta que se alcance un acuerdo final. “Las cosas deberían avanzar con rapidez”, sostuvo.Las crecientes tensiones entre EE.UU. e Israel por Líbano han dado a Irán una oportunidad y han tensado lo que comenzó como una guerra estrechamente coordinada entre los dos aliados en la región.El mandatario estadounidense intentó contener un estallido de hostilidades entre Israel e Irán que amenazaba con descarrilar el frágil alto el fuego vigente. Las primeras señales indicaron que la región se había calmado, en parte por la intervención de Trump, cuando daba la impresión que se regresaba a una guerra total. La pausa de este lunes ofreció un respiro y un alivio para la Casa Blanca.