La relación entre Donald Trump y Benjamín Netanyahu se presta más al análisis psicológico que al político, después de una década en la que el volátil presidente de EE UU ha regalado al primer ministro israelí —según el momento— insultos y halagos desmedidos, a veces casi en la misma frase. La guerra que lanzaron juntos en Irán hace 100 días los ha ido separando a medida que se disolvía el plan inicial: una operación breve, exitosa y con beneficios petroleros de por medio, al estilo de la captura de Nicolás Maduro en Venezuela. Más allá de los términos en que se resuelva la guerra de Irán —si se resuelve—, su legado definitivo bien puede acabar siendo el del distanciamiento entre los dos gobernantes.El empantanamiento de la campaña bélica, y muy en especial la invasión israelí en Líbano tras la entrada en escena de Hezbolá, el grupo islamista chií aliado de Irán, ha ido sacando a la luz las diferencias estratégicas entre los dos aliados, hasta mostrarse con particular claridad en los últimos días.El culmen llegaba este lunes, cuando Netanyahu respondió con una oleada de bombardeos a un ataque previo de Irán, pese a que Trump le había pedido no hacerlo. Ya en medio del fuego cruzado, el republicano insistió en que él “decide todo” y Netanyahu, no; y sentenció: “Israel e Irán deben detener inmediatamente los disparos”. Mientras los dos adversarios detenían el fuego —por el momento, han advertido—, el mandatario estadounidense volvía a lanzar una apostilla que ponía de manifiesto su malestar: “Las negociaciones definitivas continúan, condicionadas a que se interponga la ignorancia o la estupidez”. Los dos dirigentes hablaron por teléfono este lunes. Según el portal de noticias Axios, Trump asegura que llegó a amenazar a Netanyahu con dejarle solo si decide continuar la guerra por su cuenta. “Le dije: ‘Bibi, más te vale tener cuidado o te quedarás solo muy pronto’”, ha explicado el presidente estadounidense, según ese medio. Los intereses de Estados Unidos e Israel se han hecho cada vez más divergentes en este conflicto. Trump desea poner fin a una campaña que daña su economía y popularidad a cinco meses de las elecciones de medio mandato, y no lo esconde, aunque proclame una y otra vez que es Teherán quien está desesperado por llegar a un acuerdo. Pero Netanyahu también tiene una cita con las urnas, como tarde en octubre, y no puede llegar sin un solo éxito estratégico que presentar a la población después de tres años de guerras y movilización de reservistas. Pese a toda la destrucción que ha causado, Hamás sigue en el poder en parte de Gaza; Hezbolá, armado y activo en Líbano; y el régimen de Teherán, en pie, con uranio enriquecido y envalentonado tras resistir ante dos de los ejércitos más poderosos del mundo.Netanyahu, por ello, está dispuesto a continuar la pelea contra la República Islámica y contra Hezbolá en Líbano. Pero Trump no quiere que descarrilen las conversaciones con Irán: la prueba definitiva llegó la semana pasada, cuando Israel amenazó ya con bombardear el sur de Beirut y Teherán advirtió que suspendía las negociaciones hasta que Netanyahu desistiera. El presidente estadounidense telefoneó casi de inmediato al primer ministro. En esa acalorada llamada telefónica, el estadounidense llegó a llamar “puto loco” al israelí, al exigirle que renunciara al ataque para no poner en riesgo las negociaciones de paz entre Washington y Teherán.Shmuel Rosner, experto en las relaciones entre Israel y Estados Unidos e investigador principal del centro de análisis Jewish People Policy Institute, con sede en Jerusalén, circunscribe los roces de los últimos días a un “conflicto de intereses”, no a “desavenencias personales. ”Obviamente, los dos acumulan algo de frustración con el otro, pero se trata sobre todo de que en este momento el Gobierno de EE UU y el de Israel quieren cosas diferentes”, señala por teléfono. Para EE UU, lo más importante ahora mismo es “mantener el alto el fuego y no agitar demasiado las aguas de forma que puedan desencadenar una nueva erupción de la guerra”. Para Israel lo es, en cambio, “que sus enemigos no tengan la sensación de que han ganado la guerra”. “No puede, por ejemplo, permitir a Irán presentar una nueva formulación en la que pueda disparar contra Israel cuando éste opere en Líbano [...]. Así que es una situación muy complicada estratégicamente”, señala Roshner.En conflicto con la Casa BlancaComo siempre, y más en el caso de Trump, los mensajes cambian a diario y las divergencias se teatralizan por conveniencia. Lo señalaba este lunes Anna Barsky, comentarista política del diario israelí Maariv: “A primera vista“, el bombardeo de Irán el lunes “refleja un conflicto feroz con la Casa Blanca”, pero “en la práctica la situación es más compleja” y no está claro si Israel ha actuado en contra de la postura estadounidense o Trump ha querido dar esa impresión. “Nadie puede descartar la posibilidad de que ambas cosas sean ciertas simultáneamente: Trump buscaba mantenerse al margen de la actual ronda de combates, e Israel intentaba dejar claro a Teherán que no debía confundir la moderación estadounidense con debilidad israelí”, señala.No es el primer enfrentamiento público entre ambos líderes y aliados. Trump guarda rencor a Netanyahu por echarse atrás en el último momento en el asesinato, en 2020 en Bagdad, del poderoso general iraní Qassem Soleimani, según relató en un momento tan sorprendente como seis días después de la matanza de Hamás en Israel, en octubre de 2023. “Nunca olvidaré que Bibi Netanyahu nos decepcionó. Mucho, profundamente [...]. Pero nosotros mismos hicimos el trabajo, con absoluta precisión... y luego intentó atribuirse el mérito”, lanzó.Cuando Joe Biden le ganó en las urnas, en 2020, Trump no solo digirió mal el resultado (sembrando dudas sobre su veracidad), sino también que Netanyahu fuese uno de los primeros líderes en felicitar al candidato demócrata. “Me sigue gustando. Pero también me gusta la lealtad […] Que le jodan”, dijo al respecto un año más tarde en una entrevista.Sus años en el poder (han coincidido seis) también lo han sido, sin embargo, de halagos, incluso sonrojantes. Además de no desperdiciar una ocasión de llamar a Trump “el mejor amigo que Israel ha tenido jamás en la Casa Blanca”, Netanyahu también ha sugerido que es el mejor presidente que ha tenido nunca EE UU, por “su determinación, su firmeza y su claridad de pensamiento”. No solo Israel, sino el mundo entero, tiene suerte de que presida EE UU, ha llegado a decir. En 2025, lo propuso formalmente para el Premio Nobel de la Paz, por el acuerdo que permitió la entrega por Hamás de sus últimos rehenes en Gaza. Incluso este lunes, pese a la tensión, Netanyahu no ha olvidado llamarlo “mi amigo” en su discurso a la nación.Trump, por su parte, ha dicho textualmente que el Estado de Israel no existiría hoy con casi cualquier otro líder: “Bibi [el apodo de Netanyahu] es un hombre fuerte, puede ser difícil a veces, pero necesitas un hombre fuerte. Si tuvieras uno débil, no habría Israel hoy”. Y viene presionando —insultos incluidos— al presidente de Israel, Isaac Herzog, para que le conceda un perdón extraordinario por los tres casos de corrupción en los que está imputado.Es la misma conexión que mostraron en la reunión en la Casa Blanca el pasado febrero en la que Netanyahu defendió la necesidad de atacar Irán. El republicano, aún sorprendido de la facilidad con que se había resuelto la operación para capturar a Maduro un mes antes, fue todo oídos ante el primer ministro israelí, que le aseguraba que se encontraban ante una oportunidad única. Que podría presumir de ser el presidente estadounidense que puso fin a la República Islámica, némesis constante de Washington desde la revolución de Jomeini en 1979. Nadie en el entorno de la Casa Blanca quiso o supo llevarle la contraria. Diversos intentosNo era una sugerencia nueva por parte de Netanyahu, que durante décadas ha intentado persuadir a las diferentes administraciones estadounidenses de que la República Islámica debe ser destruida. “Netanyahu quiso convencernos de lo mismo durante la Administración Obama, pero nosotros decidimos apostar por el acuerdo nuclear con Teherán (que las grandes potencias acabaron firmando en 2015 y del que Trump retiró a Estados Unidos en 2018). El éxito de la operación que detuvo a Nicolás Maduro persuadió a Trump de que el cambio de régimen podía ser barato y rápido… Pero en todas las simulaciones de guerra sobre Irán ocurre lo que acabó pasando: el estrecho de Ormuz se cierra enseguida y la Guardia Revolucionaria se convierte en el poder dominante. Trump ha evitado prestar oídos a los expertos, pero al final eso le acabó pasando factura”, opinaba recientemente el antiguo consejero de Seguridad nacional adjunto del presidente Barack Obama, Ben Rhodes, en entrevista con este periódico. Ahora Trump debe enfrentarse a la realidad. El régimen iraní piensa que ha ganado la guerra por el mero hecho de haber sobrevivido, y se siente reforzado. “Es la primera vez en décadas que una potencia regional tiene la capacidad, los medios y la voluntad de utilizar (sus herramientas militares) contra las maniobras o la agresión de Israel contra una tercera parte. Esto es particularmente significativo dado que Trump ha dado señales de que busca frenar a Israel para que no continúe la escalada”, explica Trita Parsi, cofundador del think tank Quincy Institute for Responsible Statecraft. “Desde una perspectiva estadounidense, apoyar a Israel en este punto del conflicto vuelve a comprometer a Estados Unidos con su política de décadas de buscar un equilibrio en la región que permita un dominio casi completo de Israel. Esa política ha sido extremadamente costosa a los intereses de Estados Unidos, ha desestabilizado la región y permitido que los israelíes sean cada vez más agresivos y temerarios (ya que no encaran las consecuencias de ello)”, opina este experto. “Por problemática que haya sido hasta el momento, será aún más desestabilizadora en el futuro, puesto que mantener la dominación de Israel necesitará la continuación de la guerra contra Irán. Eso contradice claramente los intereses de Estados Unidos”, apunta Parsi.