El dueño de un burdel parisino encargó a Toulouse-Lautrec 16 cuadros en 1892 para decorar el salón principal de su prostíbulo. En uno de ellos, En la cama: el beso, dos personas desnudas se abrazan y besan tapadas por una sábana hasta sus brazos. Una de ellas tiene el pelo largo, la otra, corto, motivo por el que la historiadora y divulgadora Clara González (@Claramore) identifica que se ha “dado por hecho” que eran una pareja heterosexual. Pero no.
“Eran dos prostitutas que se daban entre ellas el amor que no encontraban en sus clientes”, explica a elDiario.es sobre uno de los lienzos que ha incluido en Nos recordarán (Temas de hoy), el libro en el que recorre la historia del arte para demostrar que no ha sido tan heterosexual como nos han contado, empezando por el colegio, siguiendo por hasta la carrera de Historia del Arte (donde apenas le mencionaron a artistas mujeres, y mucho menos LGTBIQ+) y los museos.
Clara González propone con su ensayo un didáctico paseo por los márgenes de la historia del arte, con mención a no solo figuras y obras silenciadas, invisibilizadas o desconocidas hasta la fecha; sino también a grandes renombres que no habían sido contemplados desde esta perspectiva. Entre aquellas el citado lienzo de Toulouse-Lautrec, pero también de Rubens, Hilma af Klint, Natalie Barney o La Anunciación de Fra Angelico, expuesta en el Prado, que sirve a la autora para describir que los ángeles que aparecen son andróginos.












