El pueblo de Burela, puerto pesquero gallego de referencia en el Cantábrico, apenas llega a los 10.000 habitantes. De ellos, alrededor del 10% de la población es originaria de Cabo Verde, un país compuesto por diez islas en el Atlántico. Hace dos años, visitó Burela el presidente de la República, José Pereira Neves y dejó una sentencia clara sobre el puerto lucense: “Es una isla más de nuestro archipiélago”.
Así que este lunes no será un día cualquiera en Burela, enclavada en la comarca luguesa de A Mariña. Es el día en el que la selección de Cabo Verde, los conocidos como Tiburones Azules, juega el primer partido de su historia en un Mundial de fútbol, y además lo hace contra España. Hay una mezcla de ilusión y excitación máxima en el pueblo y piques constantes en la calle. “¿Qué? ¿Estáis preparados? Vais a chupar el lunes”, cuenta Manuel Mendes que lo acribillan a diario en plan vacile sus conocidos desde el otro lado de la acera.
Manuel Mendes (Burela, 1991), Manolito para todos en el pueblo, es hijo de padres caboverdianos que a finales de los 70 llegaron a Galicia buscando un futuro, después de que su país se independizase de Portugal en 1975. La historia de la familia de Manolito podría ser la de muchas familias caboverdianas que fueron las primeras en llegar a A Mariña. “Mi padre llegó en 1978 para trabajar en la construcción de la fábrica de Alúmina y años después vino mi madre y nací yo”, explica. Como la gran mayoría de caboverdianos en Burela, su padre procedía de la Isla de Santiago y conocía bien el mar, por lo que al poco tiempo dejó la construcción y se embarcó.












