La Praza da Mariña en Burela se ha convertido este lunes en uno de los grandes epicentros del Mundial de fútbol, y en una gran fiesta caboverdiana para celebrar su primer e histórico punto en una Copa del Mundo, logrado contra España. Unas 2.000 personas se reunieron en esta plaza, con mayoría caboverdiana y con un estallido final de alegría, música y bailes.
Este pueblo pesquero, donde casi el 10% de su población de apenas 10.000 habitantes es de origen caboverdiano, fue durante todo el día un hervidero de gente con camisetas de las selecciones de España y Cabo Verde, desde horas antes de que comenzase el partido.
Un par de horas antes del encuentro, todos reservan sitio ante la pantalla gigante instalada en la plaza. Está pinchando el conocido músico Alejandro Guillán, Baiuca, que lleva una camiseta verde poco identificable. “Hoy me he puesto la camiseta del Burela porque quiero mantener la neutralidad”, bromea.
Hay niños, mayores, jóvenes, la mayoría con las camisetas de las selecciones, bailando y respirando el olor a salitre que desprende el Cantábrico. Los niños sentados delante, los jóvenes de pie y los mayores en unas sillas laterales, todo perfectamente ordenado. La mayoría de los caboverdianos llevan la camiseta de Cabo Verde, casi ninguno la de España. Sin embargo, hay muchos españoles con la camiseta de Cabo Verde. “Es que me cae más simpática la selección de Cabo Verde que la de España”, dice un joven ataviado con la elástica de los Tiburones Azules, estampada en la espalda con el once de la selección, donde destaca por encima de todos la figura de Pedro Leitão Brito, Bubista, el entrenador y héroe del país que ha clasificado a su selección para el Mundial. Comienza el partido con sonido en directo de la Radio Galega para el público, que se entusiasma con el pitido inicial. En medio de esta plaza, camufladas entre la pasión del fútbol, se esconden emocionantes historias de emigración, pérdidas recientes o viejas amistades.











