DirectoCerca del famoso Beverly Hills, hay una zona de Los Ángeles con un nombre curioso: Therangeles, el acrónimo que sale de unir Teherán y Los Ángeles. No tiene el glamur ni el poder adquisitivo del televisivo barrio, pero en los últimos tiempos no le faltan miradas encima. Aquí se concentra desde hace décadas un buen número de comercios iraníes, punto de desembocadura de la abundante colonia de este país que vive en Estados Unidos, lejos del régimen de los ayatolás. Después de cuatro meses bajo el foco por la guerra entre ambas naciones, ahora la comidilla es que la selección de Irán disputa sus dos primeros partidos del Mundial en la capital de California: en la madrugada del lunes al martes contra Nueva Zelanda (3.00, Dazn) y el domingo 21 ante Bélgica. “No, esa selección no representa a Irán, representa a la República Islámica de Irán”, puntualiza enérgico Roozbeh Farahanipour, erigido casi en una especie de portavoz de la comunidad persa en la zona ante el mutismo de la inmensa mayoría. “El himno que van a cantar, y el escudo y la bandera que van a llevar son los del régimen. Yo no voy a ir al estadio. Soy alérgico a esos símbolos, no quiero ni verlos”, añade.El punto central de esta área es la Plaza Persa —en realidad, un cruce de calles del montón—, y allí la bandera que manda es la representativa de la disidencia iraní: tricolor (verde, blanca y roja), pero con un león y un sol en lugar del emblema islámico. El ministro de Deportes del país, Ahmad Donyamali, ya ha amenazado con que, si ven el estandarte de los opositores dentro del estadio, el equipo se retirará. “Hemos informado a la FIFA de que abandonaremos tan pronto como escuchemos consignas políticas”, avisó esta semana. La cita futbolística supone un elemento de tensión más en un conflicto de máxima gravedad y no se descarta que, al margen de lo que suceda en el interior del recinto, fuera pueda haber protestas contra el régimen iraní. En las redes ya están circulando convocatorias. “Esto no es solo un partido, es una máquina de propaganda para el régimen. Y también para la otra parte. Creo que deberíamos exigir responsabilidades a la FIFA, porque estos tres partidos podrían trasladarse a Canadá. ¿Por qué van a celebrarse en Estados Unidos cuando los dos países están en guerra? No tiene sentido”, protesta Roozbeh Farahanipour, que lleva 26 años instalado en Therangeles. “En el 99, era líder de un movimiento estudiantil y me condenaron a muerte. Escapé del país y vine aquí. Desde entonces, vivo, trabajo y sirvo a la comunidad de Los Ángeles. Tengo dos restaurantes”, explica este hombre, que ronda los 60, sentado en la mesa de uno de ellos, de comida griega. En apenas unos metros se agrupan varias librerías, restaurantes, una pizzería, un mercado, una gestoría para tramitar documentación y la tienda de alfombras de Alex Helmi, uno de los veteranos y más reconocidos de la zona. En la entrada a su establecimiento, tiene una foto con George Bush padre. Pero él, como casi todos, rechaza hablar sobre la inminente llegada a Los Ángeles de la selección iraní. La FIFA decidió que el campamento base del equipo, que iba a estar en Arizona, se trasladara a Tijuana (México), aunque mantuvo la sede estadounidense de los tres encuentros. El tercero será en Seattle, el viernes 26, frente a Egipto, una cita que, además, la federación internacional había planeado convertir en el partido del Orgullo, en defensa de los derechos LGTBIQ+, una decisión que enfadó a los dos Estados, que condenan y persiguen la homosexualidad. La selección volará para cada choque y, tras el pitido final, volverá a cruzar la frontera. La expedición informó este domingo de que, además de los 15 miembros a quienes se les denegó el visado por pertenencia a la Guardia Revolucionaria (el poderoso ejército paralelo iraní considerado una organización terrorista por EE UU), a otras dos personas del equipo de comunicación también se les ha rechazado la entrada. Del alrededor de medio millón de iraníes o descendientes de iraníes que viven en el país, la mayoría lo hace en Los Ángeles. La revolución islámica de 1979 multiplicó las llegadas. La visita de la selección ha provocado protestas que trascienden a la Plaza Persa. El pasado martes, un grupo de personas se concentraron frente al Ayuntamiento para denunciar que el Gobierno iraní utiliza el Mundial para lavar su imagen.“Antes de esta guerra, en cada evento internacional, los atletas mostraban desobediencia civil contra el régimen”, apunta Farahanipour. “En enero, varias futbolistas no cantaron el himno nacional en Australia y a algunas las obligaron a pedir asilo y otras tuvieron que regresar a Irán porque sus familias fueron tomadas como rehenes. También vimos gestos en competiciones internacionales de ajedrez y taekwondo. Incluso en la selección de fútbol, en 2009, con la Revolución Verde, muchos jugadores llevaban en el campo una muñequera verde. ¿Por qué no esta vez? Por la guerra. La reacción natural de la gente común es unirse en torno al régimen y al Gobierno central para defender la integridad territorial. No los culpo, sé que el sentimiento nacionalista es enorme ahora. Para nosotros, como personas que promueven la desobediencia civil, nuestra labor consiste en asegurarnos en atraer a la gente a nuestro bando en el momento oportuno”, analiza Farahanipour en el centro de Therangeles, esa pequeña isla persa que estos días vive con incomodidad, o incluso enfado, el viaje a su ciudad de la selección iraní. Y todavía podría ser peor, porque si Estados Unidos e Irán acaban segundas de sus grupos, se cruzarían en dieciseisavos el 3 de julio. Pero eso ya sería en Dallas.
Therangeles, la pequeña Irán de Los Ángeles: “Aquí no va a jugar nuestro país, sino la República Islámica de Irán”
El barrio de la capital californiana, punto de encuentro de la amplia colonia persa, recibe incómoda a la selección, que debuta en la ciudad ante Nueva Zelanda











