El cielo de Madrid está de oferta. Los hoteles de la capital han anunciado ya la reapertura de sus mejores azoteas con vistas a la Gran Vía de cara al verano. Lo han hecho con grandes fiestas que prometen exactamente lo mismo: los espacios más privilegiados de Madrid, una estética pretendidamente bohemia o ibicenca y cócteles más pensados para la foto que para el deleite. EL PAÍS lleva siete años documentando este fenómeno. En ese tiempo, las azoteas con vistas a la Gran Vía prácticamente se han duplicado. Si en la primera ruta elaborada por este periódico, en 2019, se contabilizaron 18 terrazas entre Plaza de España y el Palacio de Cibeles —un recorrido de apenas dos kilómetros—, hoy ya se pueden contar 36. La cifra refleja la concentración de locales y la feroz competencia que se libra en esta milla de oro del gin-tonic madrileño. Todos quieren reinar ahí arriba.En los últimos años se han incorporado nuevos espacios como Urban Hive, Makaa —en el hotel Thompson— o el exclusivo Club Metrópolis. Los responsables de las terrazas tienen clara la explicación detrás de esta expansión. “Ya no basta solo con tener una azotea con vistas; el cliente busca una experiencia completa y coherente con el posicionamiento de la marca”, explican desde la azotea de Macarena. Buena parte de esa experiencia pasa por la estética y las redes sociales. “Tienen muchísima importancia. Muchos clientes vienen por vídeos que han visto en Instagram o TikTok. Se nota muchísimo que viene más gente gracias a las redes”, asegura un portavoz de Room Mate, cadena que cuenta con dos azoteas con vistas a la Gran Vía.Como consecuencia, las mismas leyes de la oferta y la demanda que parecen no funcionar abajo funcionan en el cielo de Madrid. Mientras los huevos, uno de los alimentos más consumidos, se han encarecido más de un 30% en el último año, según los últimos datos del IPC, en las azoteas de Gran Vía el gin-tonic se ha abaratado un 7%. El combinado estándar cuesta ahora, de media, 13,64 euros, mientras que el premium se sitúa en 17,63 euros. El gin-tonic estándar más caro supera los 16 euros y se encuentra en lugares como la azotea de Salvador Bachiller, mientras que el más asequible baja hasta los nueve euros en The Principal. El caso más singular vuelve a ser el del Hotel Riu, donde al precio del combinado —11,20 euros— hay que sumar entre cinco y diez euros de entrada no consumible. En la categoría premium, la copa más exclusiva se encuentra en Brach Madrid, con un precio de 21 euros, mientras que la más económica baja hasta los 12 euros en Aloft Madrid. “La apertura de nuevas azoteas es un síntoma de que las cosas van bien y existe una excelente salud turística y gastronómica en la ciudad. No competimos por precio, sino por identidad: la ubicación histórica de nuestros espacios”, explican desde Azotea Grupo.La caída no es homogénea y tiene protagonistas claros. Son, sobre todo, las azoteas que habían liderado la escalada de precios en años anteriores las que ahora encabezan el ajuste. Algunos de los espacios más caros han revisado sus tarifas para adaptarse a un mercado cada vez más competitivo y saturado.El motivo, explican los dueños de estos espacios, es que las azoteas ya no impresionan como antes. Después de años repitiendo que Madrid es el nuevo Miami, los precios a ras de suelo han terminado pareciéndose a los del cielo. Hace seis años parecía un escándalo pagar más de 20 euros por una copa, especialmente cuando la inflación media anual apenas rondaba el 0,7% en 2019 y el índice de Gini se situaba alrededor del 31%. Hoy, con una inflación cercana al 3% en 2026 —con tasas recientes del 3,2% interanual en primavera y previsiones de entre el 3% y el 3,4% para el conjunto del año— y una desigualdad prácticamente estable, con un índice de Gini en torno al 30,8%, este rango de precios se ha normalizado, explican los expertos. Desde el Hotel Urban, por ejemplo, aseguran que han mantenido su política tarifaria porque buscan ofrecer una experiencia de calidad a un precio razonable y competitivo dentro de la oferta de ocio de Madrid. Desde la azotea de Generator —que tenía el gin-tonic más barato del ranking en 2019— explican que la competencia ha crecido muchísimo y que eso también ha elevado el nivel de la oferta en Madrid. “Más que competir en precio, creemos que la diferenciación está en la identidad de cada espacio. En nuestro caso, apostamos por una experiencia más relajada y social, con una estética inspirada en rooftops internacionales, palmeras, zonas lounge, un servicio atento, cócteles de autor y una propuesta gastronómica informal y sabrosa, pensada para compartir y disfrutar sin prisas”.Frente a estos descensos, otros establecimientos se mueven en márgenes mucho más estrechos. Azoteas como Hyatt Centric, Vincci Gran Vía 66, Le Tavernier o Sky 44 mantienen sus precios en una banda muy compacta de entre 12 y 13 euros. En el extremo superior, espacios como Hotel Índigo, Emperador, Vincci Mint o Ella Sky Bar sitúan sus combinados en torno a los 15 euros, con algunos casos ligeramente por encima. El resultado es un mercado mucho más homogéneo en el que la distancia entre la copa más económica y la más exclusiva se acorta, algo poco habitual en la serie histórica, donde tradicionalmente las referencias más caras quedaban algo lejos. “Cada vez hay más oferta y eso hace que todos tengamos que esforzarnos más. Hoy no basta solo con tener buenas vistas; el cliente busca ambiente, buena música, atención cuidada y una propuesta con personalidad”, asegura una portavoz de Le Tavernier.Pese a la saturación del cielo madrileño, las cifras de afluencia muestran que sigue habiendo público para casi todas. No es casualidad que muchas pertenezcan ya a grandes grupos de restauración y hotelería: Azotea Grupo gestiona Picalagartos, el Círculo de Bellas Artes y Cornamusa; SmartRental Group controla Ella Sky Bar, La 14 y Tilda; mientras que Vincci suma Capitol, Vía 66 y The Mint.Todas, sin excepción, siguen llenándose cada tarde. Decenas de personas hacen cola sobre el suelo caliente de la Gran Vía esperando subir para fotografiar el atardecer, tomar una copa y contemplar Madrid desde arriba. “Dada la alta demanda de reservas y el constante interés por nuestras mesas con vistas privilegiadas, este año hemos implementado un consumo mínimo y una política de cancelación más estricta. Esta medida busca garantizar que quienes no puedan acudir liberen su espacio a tiempo, permitiendo así que otros clientes tengan la oportunidad de disfrutar plenamente de nuestra experiencia única”, explican Raúl Garate Acebo, Director del Jardin de Diana.El perfil cambia según el espacio, la hora y la temporada. “Seguimos recibiendo tanto turismo internacional como público local, y cada vez vemos más madrileños que quieren redescubrir la ciudad desde otra perspectiva y disfrutar de sus propias vistas”, explican desde una de las terrazas consultadas.Los hosteleros coinciden en que Madrid todavía tiene recorrido en este modelo. “Las azoteas ya no son una tendencia temporal; se han consolidado como una categoría imprescindible en el estilo de vida de la capital”, explican desde Azotea Grupo.