Fue un pequeño gesto. El presidente de EE UU, Donald Trump, reposteó en su red social, Truth, un mensaje del ministro iraní de Exteriores, Abbás Araghchí: “El memorándum de entendimiento (…) nunca ha estado tan cerca”. Después de semanas de mensajes contradictorios sobre un acuerdo para acabar con el conflicto, violaciones del alto el fuego alcanzado el 8 de abril y amenazas de guerra total, ambas partes coincidían. 48 horas después se hacía realidad. Pero, ¿qué han logrado?Resulta difícil de evaluar cuando ni siquiera está claro cuáles eran los objetivos de la guerra en la que Washington se embarcó alentado por Israel. Para empezar, y sea cual sea el lenguaje grandilocuente que utilice Trump, no estamos ante un acuerdo de paz global que solucione los problemas de Oriente Próximo, ni siquiera entre EE UU e Irán. Según lo conocido hasta ahora, el memorando de entendimiento prorroga 60 días el alto el fuego existente, lo que sin duda es una buena noticia para los iraníes y quienes viven en los países árabes ribereños del golfo Pérsico (aunque no está claro si también alcanzará a los libaneses, como pide Teherán y rechaza Tel Aviv).Otra cosa distinta son los objetivos que ambos firmantes se plantean avanzar en los próximos dos meses: la reapertura del estrecho de Ormuz, que Irán deje de enriquecer uranio y que se deshaga del uranio altamente enriquecido (HEU) en su haber. Pírricos logros de Trump. El estratégico paso de Ormuz, cuyo doble bloqueo ha encarecido los combustibles en todo el mundo, estaba abierto a libre navegación internacional antes de que EE UU e Israel atacaran a Irán el pasado 28 de febrero.Respecto al programa nuclear, verdadera obsesión del presidente norteamericano (y del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu) tampoco se aprecia que la guerra haya logrado concesiones substanciales. Los dirigentes de la República Islámica, que siempre han negado que su proyecto tuviera un objetivo militar, no parecen haber renunciado a su derecho a enriquecer uranio, como Trump pretendía. Según las informaciónes, se trata de un cese temporal (en el texto en inglés, freeze, congelar), algo que por otra parte, ya era una realidad desde los bombardeos contra sus instalaciones atómicas que Israel y EE UU llevaron a cabo hace un año.Desde entonces hay dudas sobre el paradero de los 450 kilos de HEU (el uranio enriquecido por encima del 60%) que Irán había acumulado desde que Trump abandonó en 2018 el acuerdo nuclear firmado tres años antes. Aquel pacto, trabajosamente negociado durante una década, ya logró en su día lo que ahora pretende EE UU: dificultar que la República Islámica se haga con armas atómicas. Al parecer, Teherán ha aceptado diluir ese HEU hasta que no supere el 5%, suficiente para usos civiles. Queda pendiente saber qué controles (y por parte de quién) van a establecerse al respecto. Ni mención al programa de misiles ni al apoyo a grupos armados en la región.Más llamativo aún. A cambio de estas supuestas concesiones, Irán obtiene importantes beneficios financieros, que sin duda van a dar un respiro a un régimen cuestionado por gran parte de su población. Por un lado, la liberación de 25.000 millones de dólares (unos 21.600 millones de euros), aproximadamente una cuarta parte de los fondos que tiene bloqueados en bancos extranjeros a raíz de las sanciones de EE UU o internacionales. Por otro, Washington levanta las sanciones sobre su petróleo y se compromete a no imponer nuevas restricciones hasta que se alcance el acuerdo final.Y esa sigue siendo la gran duda, si habrá un acuerdo final o si, tras salvar la cara con este memorando, se prolongará el estado de ni paz ni guerra, con la incertidumbre de cuando volverán a estallar las hostilidades. La respuesta tal vez dependa de que Trump logre refrenar a un Netanyahu que quería destruir Irán.
Cuando Trump retuiteó a Araghchí
El anuncio de un entendimiento entre Washington y Teherán confirma el fracaso de la guerra en la que Israel embarcó a EE UU















