Hace dos días, y por enésima vez, se esparció la noticia de que el acuerdo entre Trump e Irán estaba a punto de concretarse. Era “cosa de horas”: el pacto que pondría fin a la guerra sería firmado. Poco después, sin embargo, la caballería de los halcones hizo notar su fuerza. Desde el Senado y la Cámara, hasta la prensa y las redes sociales; desde Washington hasta Tel Aviv, comenzó a decirse que Trump estaba siendo sometido y humillado por Teherán, y que la firma de un mal acuerdo sería contraproducente para EU. Poco después, Trump desaceleró el paso e indicó a los negociadores que no había que apresurar el acuerdo. Sus declaraciones de hoy son elocuentes: “El acuerdo con Irán debe ser grande y significativo, o no habrá acuerdo. Debe ser el opuesto exacto al JCPOA…” (es decir, el pacto nuclear firmado por Obama en 2015). Todavía hace unas horas, Trump afirmó que “debería ser obligatorio” que los países que están mediando entre EU e Irán —incluidos Qatar, Arabia Saudita y Pakistán— firmen los Acuerdos de Abraham y establezcan lazos diplomáticos con Israel. ¿Por qué? ¿A qué se refiere Trump con eso? ¿Qué hay detrás de estas declaraciones y de estos vaivenes? Más aún, ¿qué nos dicen esos vaivenes acerca del dilema en el que Trump está inmerso? Algunas notas al respecto: 1. Lo primero es que resulta evidente que el acuerdo que Trump eventualmente cierre con Teherán no puede ser percibido como algo inferior al pacto nuclear firmado por Obama junto con otras potencias e Irán en 2015 (el JCPOA), acuerdo del que Trump se retiró en 2018 tras calificarlo como “el peor jamás firmado”. Pero para entenderlo, hay que detenerse en los detalles: A. Ese acuerdo restringía la actividad nuclear iraní durante 15 años a un grado tal que, una vez puesto en marcha, si Teherán hubiese decidido violarlo, le habría tomado un año o más producir y ensamblar una bomba atómica. Entre otras cosas, Irán solo podía enriquecer uranio al 3.67% de pureza (para una bomba nuclear se requiere enriquecerlo al 90%), se apagaban 14 mil centrífugas y se dejaba solo 5 mil funcionando, se apagaba completamente su planta de plutonio y Teherán enviaba fuera del país aproximadamente 12 toneladas de uranio ya enriquecido. Todo esto a cambio de la suspensión de sanciones de Occidente contra Teherán. B. Las críticas de Trump y de los sectores duros de su partido eran que, además de enriquecer a Irán mediante la eliminación de sanciones: (a) el acuerdo tenía fecha de caducidad y, por tanto, no resolvía el problema de manera definitiva; (b) no contemplaba el proyecto de misiles iraníes, que avanzaba a pasos agigantados; y (c) tampoco abordaba el financiamiento, entrenamiento y armamento que Irán proveía a todo un eje de milicias aliadas en la región, como Hezbollah en Líbano, entre otras. 3. Por tanto, en teoría, si Trump abandonó ese “pésimo acuerdo” en 2018; lanzó desde entonces una campaña de máxima presión contra Irán, incluido un régimen de sanciones sin precedentes; combatió a varias de esas milicias aliadas e incluso ordenó el asesinato del General Soleimani, el segundo hombre más poderoso de Irán; y si además, ya en esta gestión, se sumó a los bombardeos israelíes contra instalaciones nucleares iraníes en 2025 y este año inició una guerra brutal contra Teherán que eliminó a su líder supremo y a buena parte de su círculo cercano, además de erosionar sus capacidades militares como nunca antes en la historia, entonces se asume que el acuerdo resultante de toda esa serie de medidas tendría que ser mucho mejor que el de 2015. A eso se refiere Trump cuando habla de “el opuesto total” al JCPOA. Cuando menos, un acuerdo posterior a la guerra tendría que ser percibido como mínimamente superior, de forma tal que tanto la guerra como todas las acciones previas —incluido el abandono del pacto de 2015— hubiesen valido la pena. 3. Sin embargo, lo que parece estar hoy sobre la mesa está siendo percibido como demasiado débil. Por ahora desconocemos todos los detalles y, por tanto, debemos partir de lo que se filtró a la prensa hace dos días. Menciono algunos de los puntos y su comparativo con el pacto previo: A. Por ahora, se habla de una extensión del cese al fuego de 60 días para negociar los distintos aspectos de fondo. B. Durante esos 60 días, el Estrecho de Ormuz permanecería abierto a la navegación comercial y EU eliminaría el bloqueo sobre los puertos iraníes. Esta medida es absolutamente necesaria en 2026, pero en 2015 ni siquiera estaba sobre la mesa. La concesión, así como la necesidad de contener los estragos que se están ocasionando a la economía global, tienen que ver directamente con lo sucedido tras la guerra detonada por Trump este año, no con algún factor previo. C. Netanyahu y Trump declararon que cualquier “acuerdo futuro” deberá eliminar las capacidades nucleares iraníes, pero el acuerdo negociado hasta el sábado no mostraba exactamente cómo ocurriría eso. Por ahora, solo se habla de un pacto que se limitaría a obtener una suspensión del proyecto nuclear. Es decir, se plantea que Irán suspendería el enriquecimiento de uranio por 20 años, lo cual, sin duda, supera lo pactado en el JCPOA, pero no atiende el fondo de la crítica que el propio Trump hizo en su momento a ese acuerdo. Es decir, el nuevo pacto también tendría fecha de caducidad, aunque ligeramente más amplia. Lo único que, hasta hace dos días, se estaba obteniendo era una declaración del presidente iraní —cuyos poderes son limitados y quien, entre otras cosas, no dirige el proyecto nuclear— afirmando que Irán puede asegurar al mundo que no busca armas atómicas. No obstante, el propio Ayatola Alí Khamenéi, hoy asesinado, ya había hecho declaraciones similares en múltiples ocasiones. D. También se dio a conocer que Irán finalmente sí se desharía de los más de 400 kilogramos de uranio enriquecido que posee actualmente. Esa medida, aunque indispensable para Trump y para Israel, no supera en modo alguno al JCPOA. Irán ya se había deshecho desde 2015 de la totalidad del material enriquecido con el que contaba y solo volvió a enriquecer uranio después de que Trump abandonó el pacto en 2018. En otras palabras, el hecho de que Irán hoy se deshaga del nuevo material no es algo “extra” sino un mínimo indispensable para igualar lo que ya desde 2015 se había logrado. E. Por otro lado, ni el programa de misiles iraníes —que, según la inteligencia de EU, se conserva en un 70%—, ni el programa de drones, ni el respaldo de Irán a sus milicias aliadas en la región están contemplados por ahora, con lo que Trump parece estar abandonando esas demandas que tiene efectuando desde 2017 que asumió el poder. Más aún, sus críticas del 2016 y 17 a que Irán estaba siendo enriquecido por Obama tienen que ser puestas en relación con lo que actualmente se libere a Irán de sanciones y los activos que le permitan descongelar, lo que según se dijo hace dos días, serán cantidades muy importantes. F. Netanyahu afirma que Israel conservaría libertad de acción contra Hezbollah, la milicia libanesa aliada de Irán. Pero Teherán ha afirmado múltiples veces que, si el acuerdo no contempla un cese al fuego en Líbano, simplemente no habrá acuerdo. 4. Al final, lo que se percibe es a un Irán adoptando posiciones de fuerza, efectuando concesiones mínimas respecto a las que ya había aceptado en febrero, antes del inicio de la guerra, y que, para el caso, no resultan demasiado distintas de lo que Teherán ya había concedido en 2015. 5. La razón no es difícil de entender. Trump está atrapado en una situación llena de opciones malas y peores. A. Escalar las hostilidades siempre es una posibilidad, pero esa escalada no garantiza quebrar la determinación del régimen en Teherán para seguir resistiendo. Para ese régimen, esta es una guerra existencial, y hasta ahora ha demostrado tácticas que no solo le permiten sobrevivir, sino también desgastar la tolerancia de Trump frente al conflicto. Una escalada mayor sería respondida con escaladas todavía más severas por parte de Irán—contra países de la región, contra infraestructura energética y civil, y contra el comercio y las finanzas globales—por lo que tiene el potencial de seguir dañando políticamente a Trump, tanto fuera como, especialmente, dentro de su propio país. B. Además, una escalada y prolongación de la guerra agotaría aún más componentes críticos del arsenal estadounidense, incluidos misiles Patriot y Tomahawk, entre otros. Pero, sobre todo, está en juego el mensaje que se envía a actores como China, Rusia o Corea del Norte, quienes ya han interpretado el momento actual de EU como uno de debilidad. El problema es que, si Trump decidiera escalar y aun así no lograra doblegar a Teherán para obtener una negociación mejor que la que hoy se perfila, la percepción de EU como una potencia debilitada solo crecería. Tras lo sucedido desde febrero, la apuesta es demasiado alta. C. Todo ello provoca que Trump se perciba como indispuesto e intolerante a reanudar las hostilidades. Parece absolutamente necesitado de un acuerdo. Lo sabe él, lo sabe Irán y lo sabe el mundo entero. Y eso es precisamente lo que Teherán está buscando explotar. D. El problema es que, por otro lado, si el acuerdo alcanzado termina teniendo las características que se filtraron hace dos días, Washington también quedará como débil, y Trump no podrá argumentar que las acciones emprendidas desde 2018 hasta la fecha, especialmente la guerra de este año, han valido el altísimo costo que su país está pagando. De ahí la lluvia de críticas provenientes del sector conservador, tanto dentro como fuera de EU. 6. Por ahora, el resultado está a la vista. Trump está buscando no apresurar las negociaciones, obtener el mejor acuerdo posible con Teherán extrayendo mayores concesiones de la dirigencia iraní y, de paso, como sugieren las últimas noticias, vincular todo ello con la normalización de relaciones entre varios países musulmanes e Israel. Eso le permitiría, al menos, tener algo más sólido que presentar ante sus críticos y ante una opinión pública que, en su mayoría, considera que el presidente ha cometido errores que ya están afectando su vida cotidiana. Seguiremos pendientes. Instagram: @mauriciomesch TW: @maurimm