Tras semanas de rumores, globos sonda y declaraciones públicas para alentar un día más a los mercados, la Administración Trump consiguió lo que quería. Según filtraron varios funcionarios estadounidenses a última hora del domingo, Estados Unidos e Irán están próximos a un "principio de acuerdo" que se firmará –espera Washington– "en los próximos días". El principio de acuerdo alcanzado por los negociadores, que todavía estaría pendiente de la firma tanto del presidente de EEUU, Donald Trump, como del ayatolá Mojtaba Jamenei, puede resumirse en dos puntos clave: 1) se reabre Ormuz durante 60 días, 2) durante los cuales se negociará todo lo demás. El acuerdo deja así decenas de agujeros por cerrar en los próximos dos meses, con un Irán consciente ahora de su poder de negociación, un Estados Unidos muy reticente a reabrir la guerra abierta y una arquitectura de seguridad del Golfo destruida para siempre. Y pese a todo, es la opción menos mala que le quedaba a Trump. Se trata, por un lado, de un acuerdo necesario. Inexorable, la cuenta atrás para el fin de las reservas globales de crudo, que los expertos fechaban a finales de junio-principios de julio, se acercaba cada día más. Hasta el momento y pese a que el barril de petróleo ha rondado los 100 dólares, el mercado sigue funcionando a base de reservas estratégicas, inventarios acumulados y buques petroleros que han ido llegando en los últimos días tras desviarse por rutas más largas. “Ya se terminó el periodo de gracia. Los últimos petroleros que salieron del estrecho de Ormuz a finales de febrero ya han llegado a sus destinos. Ahora empezaremos a ver cómo los países dependientes de importaciones afrontan escasez crítica de suministro entre finales de junio y principios de julio”, pronosticaba Shon Hiatt, director de la Zage Business of Energy Initiative de la USC Marshall School of Business, a El Confidencial en un artículo publicado hace unas semanas. Por tanto, reabrir Ormuz era prácticamente obligatorio. Hasta el momento, el intento de Estados Unidos de sumar su propio bloqueo al iraní, con la intención de bloquear también los barcos que abastecieran de bienes de primera necesidad a Teherán y obligarle a claudicar económicamente, se ha demostrado un fracaso absoluto. La República Islámica, durante décadas bajo sanciones internacionales, ya traía aprendida la resiliencia al bloqueo. Según los detalles filtrados del acuerdo, Irán se compromete durante 60 días a reabrir Ormuz –es decir, ofrecer garantías a los cargueros de que no serán atacados y a retirar las minas marinas que hayan podido desplegar–, a cambio de que EEUU levante algunas sanciones y descongele parte (unos 25.000 millones) de sus activos bloqueados. “Un bloqueo naval no iba a obligar a Irán a rendirse. Volver a la guerra habría provocado un daño económico masivo, sin ninguna garantía de que Irán capitulara. Al final, Trump se vio obligado a aceptar las condiciones iraníes porque las alternativas eran aún peores”, resume Danny Citrinowicz, especialista en Irán del Instituto Nacional de Estudios de Seguridad de Tel Aviv. “Se trata de un acuerdo muy malo, pero quizá era la mejor opción disponible”. Dos meses para dejar de hablar de Irán Y es malo porque básicamente pospone a dentro de dos meses las cuestiones de siempre –¿cederá Irán su recién descubierto poder para imponer aranceles al paso de Ormuz?, ¿qué pasa con el programa nuclear?, ¿y el de misiles? —. Lo hace, en este caso, en un terreno más cómodo para Teherán. Los iraníes son expertos en alargar las negociaciones técnicas, frente a un frustrado equipo de Trump, que según ha demostrado en Ucrania y Gaza, busca un acuerdo sencillo y por puntos. Además, contarían con el balón de oxígeno del levantamiento de sanciones, lo que les permitirá sanear sus aturulladas cuentas y restaurar la financiación de sus grupos aliados en la región. “El mejor de los malos acuerdos habría consistido simplemente en una reapertura verificada del estrecho de Ormuz, manteniendo intactas las sanciones sobre Irán e intentar negociar después la reducción significativa del programa nuclear iraní (...) Sin embargo, el acuerdo actual parece incluso más débil que eso”, describe Dan Shapiro, exembajador de EEUU en Israel, quien en cualquier caso comparte el diagnóstico con Citrinowicz: “Es una de las opciones menos malas disponibles. Al menos, no ha optado por escalar aún más la guerra, algo que habría provocado una crisis económica global todavía mayor”. Pero en esencia es malo porque la guerra ha fracasado en el objetivo de derribar al régimen de los ayatolás, y en su lugar deja a un Irán más extremista y más decidido. Llegados a ese punto, "Washington ha asumido la responsabilidad de restaurar al menos cierto grado de estabilidad en el sistema económico internacional, incluso al elevado precio de aceptar la supervivencia del régimen iraní, reforzarlo económicamente y permitirle conservar buena parte de sus capacidades convencionales", concluye Citrinowicz. Y eso, sin contar las presiones internas que sufre Trump con motivo de la guerra en Irán, desde el desplome en las encuestas a los conatos de rebelión entre sus filas. Problemas antes de empezar Hay mucho que puede salir mal, antes incluso de que se llegue a firmar. Fuentes iraníes acusan a Washington de estar “echándose atrás” en dos puntos claves del acuerdo, según han filtrado a Al Jazeera. El primero sería El Líbano. Al igual que en el alto el fuego de principios de abril, el nuevo principio de acuerdo incluye la suspensión de los combates en el país árabe. En aquel entonces, el premier israelí, Benjamín Netanyahu, respondió con el peor ataque sobre El Líbano desde hacía décadas. En este caso, llamó rápidamente por teléfono a la Casa Blanca, obteniendo al parecer un ligero cambio de lenguaje, que permitiría a Israel continuar con la guerra: “El presidente Trump reafirmó el derecho de Israel a defenderse frente a amenazas en todos los frentes, incluido Líbano”, aseguró Netanyahu. También ha generado algunas dudas el capítulo nuclear. Según la filtración obtenida por , Irán se habría comprometido a deshacerse de sus reservas de uranio altamente enriquecido y a no desarrollar un programa nuclear militar durante al menos 20 años. Sin embargo, el portal Axios, que en general ha recibido interesantes filtraciones durante esta guerra tanto desde Washington como desde Tel Aviv, detallaba que esos compromisos habían sido… verbales. Teherán se apresuró a aclarar que tal compromiso no estaba incluido en el preacuerdo, y que ya se negociaría durante los 60 días establecidos. La mayoría de los analistas concuerdan en que no es imposible que Teherán acepte retrasar su programa nuclear militar, pero desde luego no entregarían una concesión así en el preacuerdo.