DiligenciasNo canalizamos nuestra frustraci�n colectiva a trav�s de la racionalidad institucional, sino de espect�culos procesales que solo sirven para satisfacer la sed de justicia popularEl ex consejero de Presidencia de la Junta de Andaluc�a Gaspar Zarr�as.EFEActualizado Domingo,
junio
22:40Audio generado con IALa d�cada de 2010 fue intensamente moralista. El 15-M y los nuevos partidos ten�an todo a favor para regenerar Espa�a, que sufr�a con la austeridad y ve�a c�mo la corrupci�n asolaba a la vieja clase pol�tica y la Corona. La derecha se llev� la palma: el caso G�rtel, la caja B del PP y B�rcenas, la trama P�nica o la operaci�n Kitchen, una pieza separada del basurero montado por Villarejo que hoy se juzga en la Audiencia Nacional. Tuvimos oportunidades para mejorar el marco regulatorio, limitar los cargos de libre designaci�n en la administraci�n y promover unas relaciones p�blico-privadas con mayores est�ndares �ticos. Lamentablemente, no canalizamos nuestra frustraci�n colectiva a trav�s de la racionalidad institucional, sino de espect�culos procesales que solo sirven para satisfacer la sed de justicia popular. Todo est� en el teatro cl�sico.La moci�n de censura de 2018 dej� claro, adem�s, que el monopolio de la moral pol�tica lo ten�a la izquierda. Era una cuesti�n de n�meros y, al fin y al cabo, uno de los mayores latrocinios de nuestra historia democr�tica, el caso de los ERE, qued� perdonado por una saga de memorables sentencias del Tribunal Constitucional. Si la tutela judicial efectiva ha permitido a Gaspar Zarr�as volver a salir en los peri�dicos, es porque la superioridad moral produce monstruos. No extra�a, entonces, la defensa que est� emergiendo de las aventuras internacionales de Zapatero: su antiguo ministro de econom�a nos dice que basta de hipocres�a, que el personal recibe regalos en sus viajes oficiales y no los declara a falta de protocolo. El rey honor�fico estar� ri�ndose desde Abu Dabi.Se detecta tambi�n una nueva Brigada Aranzadi que pretende exonerar al ex presidente cuestionando la legalidad de las pruebas obtenidas en Estados Unidos y aparecen animosos tertulianos que nos dicen que el nepotismo est� mal, pero que todo el mundo lo hace y solo se persigue si afecta a Pedro S�nchez. Lo mismo habr� pensado Urdangarin, el chivo expiatorio de los felices a�os 2000. Se est�n traspasando todos los l�mites de la desfachatez, s�, pero tambi�n esparciendo toneladas de cinismo que van a convertir a la democracia espa�ola en un erial en el que ya no ser� posible cultivar ninguna virtud pol�tica. Porque si nunca es el qu�, sino el qui�n, no queda otro remedio que sigan hablando los autos y sentencias.






