Abogada. Excomisionada de la CIDH

Elena tenía 17 años cuando fue con una amiga a la casa de unos amigos en Cusco. Empezaron a beber y ambas fueron agredidas sexualmente. A Elena, uno de los sujetos la llevó a un cuarto, cerró la puerta y le dijo "esto te va a gustar” mientras la desnudaba para violarla. Elena denunció los hechos y, aunque en primera instancia el sujeto fue condenado, luego apeló y se le absolvió, entre otras razones, porque no se consideró que había pruebas suficientes y porque la agraviada tenía “rasgos y características en formación de una personalidad dependiente inestable”.

En Zaragoza, Sergiu N.R. fue condenado por haber violado a una compañera de colegio durante una fiesta. Cuando la violaba, le dijo frases como “ven aquí tonta” y “te va a gustar”. En Argentina, se condenó a Sergio Prados por haber violado a su hijastra desde que tenía 9 años hasta que ella cumplió 19. En su testimonio, la víctima contó que al inicio de los abusos Prados le decía siempre “esto no es malo, te va a gustar”.

Y podría seguir narrando casos de violencia y agresión contra mujeres y niñas, donde el lenguaje que utiliza el agresor es muy similar, en una suerte de falso y perverso convencimiento de que lo que hace es algo bueno para su víctima. La normalización de la violencia de género es tal que se pretende disfrazar los discursos agresivos como un chiste, cuando no solo son una expresión de machismo, sino que también pueden incluirse en los supuestos de la Ley 30364 contra la violencia hacia las mujeres.