La joven contó que fue abusada a los 4 años.
Jael Queipo tenía cuatro años la primera vez que sufrió violencia de género. Un hombre de más de 60 se bajaba los pantalones con un arma sobre la mesa y le decía: “Dale, tocame. Si no, voy a matar a toda tu familia”. Cuatro años. Un arma. Una amenaza que ninguna nena debería entender.Veintidós años después, Jael tiene 26 y subió un video a su cuenta de Instagram que acumula 160.000 likes. No habla de un monstruo escondido en un callejón. Habla de padres, novios, amigos, conocidos. Habla de ella frente a los abusos que sufrió durante su corta vida.PUBLICIDADLa chica aparece en cámara sin maquillaje y con un tono de voz neutro. Empieza a relatar los hechos por los que pasó en un poco más de dos década de vida. Entonces narra el abuso que sufrió a los 4 años, mientras se suena los dedos. “Pude hacerlo porque ya no estoy atravesada por esas situaciones - le cuenta a Infobae en una videollamada-. Fueron casi diez años de terapia que me ayudaron a elaborarlo. Por eso pude ponerlo en palabras.”Jael Queipo en una foto a sus 4 años en Plottier, NeuquénQueipo vuelve a sus 4 años y recuerda que “ya sentía en ese momento que algo no estaba bien. Veía que desde un lugar de poder, ese hombre me sometía.”PUBLICIDADJael resalta la importancia de la Educación Sexual Integral (ESI) brindada en los colegios. “Yo me hacía pis en la cama desde los 4 hasta los 10 años. Tenía miedo de ir sola a la escuela. Tampoco quería ir a dormir a la casa de mis amigas”, confiesa la joven.La chica recuerda a su maestra de ese momento que detectó el problema y la animó a que su familia haga la denuncia. La docente le preguntó si tenía miedo y eso hizo que una Jael de 10 años rompiera en llanto. “Me sometí a cámara Gesell y todo. Pero la causa no avanzó y mi abusador nunca fue preso”, explica. PUBLICIDADJael eligió el 3 de junio para subir el video que se hizo viral casi al instante. No es un día más. Ese día se cumplieron 11 años de la primera marcha de Ni una menos. Cientos de miles de mujeres volvieron a copar la Plaza del Congreso. Las marchas también se replicaron en Córdoba, Rosario, Mar del Plata y Mendoza, entre otras ciudades argentinas. Jael Queipo junto a sus padresEn Argentina, el movimiento Ni Una Menos y los observatorios especializados registran cifras alarmantes sobre la violencia de género. Entre 2015 y mediados de 2026, se contabilizaron al menos 3.205 víctimas letales de violencia de género, lo que representa un promedio de un femicidio cada 31 horas.PUBLICIDADEn el posteo se repiten los mensajes de aliento, pero también otros que la culpan por las situaciones vividas. “Me dicen desde mala suerte hasta dónde estaban tus papás. Esto de poner el foco en la víctima es muy común en el machismo”, sostiene Jael.A los diez, el papá de una amiga llegó borracho una noche, se sentó en la cama donde ella dormía, le bajó los pantalones y la tocó. A los quince, un novio la encerraba con muebles en la puerta de su habitación y la violentaba física y psicológicamente para que no lo dejara. A los diecisiete, otro novio la corrió tres cuadras para agredirla porque ella no quiso tener relaciones sexuales con él.PUBLICIDADCada episodio tiene un agresor distinto. Cada agresor convivía con otras personas. Jael lo cuenta en forma despojada en el clip subido a su cuenta de Instagram.“Son todas historias de hombres que quieren poseer a las mujeres. Es violencia física o psicológica de varones con rasgos de psicópata”, sostiene Jael. “La violencia contra las mujeres no empieza con un femicidio”, dice en el videoA los diecisiete, Jael salió con el hijo de un policía en Neuquén, su pueblo natal en Neuquén. Hubo hostilidad y violencia. En ese momento, no tenía tantas herramientas para defenderme".PUBLICIDADA los diecinueve, un hombre le agarró la cara y le metió la lengua en la boca mientras ella le gritaba que parara. A los veinte, un novio le pegó una trompada a la pared a cinco centímetros de su cara porque otro chico había querido estar con ella delante de él. A los 26, su último novio le dijo: “Ahora que conozco a tus papás, entiendo tus problemitas mentales. Sos irrelevante”.Siete episodios. Siete agresores distintos en apenas 26 años de historia.Lo que Jael señala en su testimonio no es solo su propia trayectoria. Es un patrón.“La violencia contra las mujeres no empieza con un femicidio”, dice en el video. “Empieza mucho antes. Empieza cuando una nena tiene miedo de hablar. Cuando una mujer dice que no y alguien decide ignorarlo. Cuando un adolescente cree que los celos son amor. Cuando una víctima cuenta lo que le pasa y la sociedad pregunta: ‘¿Qué hiciste para provocarlo?’”PUBLICIDADLa joven aclara que no es fácil confesar los abusos sexuales o los casos de violencia de género sufridosCada uno de esos “cuándo” tiene un nombre en su historia. El detalle que más pesa en su relato no es el más extremo, sino el más reciente. A los 26 años, la violencia ya no viene con un arma ni con una piña a la pared. Viene con una frase. “Sos irrelevante”. La violencia aprendió a volverse invisible.La joven aclara que no es fácil confesar los abusos sexuales o los casos de violencia de género sufridos. “Llevarlos a la esfera de lo público tiene un riesgo. Por un lado sentís alivio, pero pueden volver agresiones. Por eso, hay que estar preparada para que ese machismo que te señala como culpable no te atraviese.”PUBLICIDADApenas publicado el video de Jael, su psicóloga la llamó para felicitarla. “Hubo un tiempo de maduración y necesitaba sacarlo porque tenía todos esos temas atragantados”, explica Queipo.Jael no solo describe lo que le hicieron. Nombra a quienes miraron para otro lado.“No estoy hablando de un monstruo escondido en un callejón -relata la chica-. “Estoy hablando de hombres que convivían con otras personas y que probablemente también vieron señales, pero eligieron no hacer nada”.Esa frase reencuadra el problema. La violencia no ocurre en la oscuridad sino en espacios compartidos, con testigos que calcularon el costo de intervenir y decidieron no pagarlo.Jael Queipo en una entrevista con Nico Occhiato en una entrega de premiosCómo sigue su vida tras relatar lo que sufrió? La joven está mucho más atenta a las red flags. A esos comentarios de los hombres en las primeras citas que le recuerdan la violencia vivida. “Tengo un ojo más fino para ese tipo de situaciones”, explica.Hace menos de dos años, Jael se vino a vivir a Buenos Aires desde Neuquén. Vino detrás de un sueño. La joven trabaja como influencer desde sus redes sociales. “ME encanta comunicar desde un lugar de mujer común, no de modelo. Con los problemas comunes de toda las chicas”, sostiene.Jael también cuenta que es budista y participa en reuniones en la agrupación Soka Gakkai en Buenos Aires. La chica dice que de esta religión la convoca la búsqueda de la felicidad colectiva. El budismo enseña que la felicidad verdadera es un estado interior. Sostiene que esta no depende de la riqueza o las posesiones externas. Esta felicidad nace al liberarse del sufrimiento. La joven recuerda a otra mujer que fue importante en su vida. “Una prima que era budista y que cuando yo era chica me ayudó.” Su testimonio en las redes sociales cuenta con tres frases claves. “Ninguna mujer debería crecer aprendiendo a sobrevivir a la violencia. Ninguna niña debería cargar con secretos que no le pertenecen. Ninguna debería sentir miedo de existir por existir”.Jael cierra su relato con una precisión. “Hoy yo puedo contar todas estas historias porque hubieron personas que me escucharon, que me creyeron y que me ayudaron. No todas llegan a tiempo”, dice.La frase funciona como bisagra entre su historia y la de las que no pudieron contarla. Entre los 160.000 likes que acumuló el video y las mujeres que todavía no encontraron a nadie que les crean.










