Dos milenios y medio después, todo sigue igual. Las guerras son sangrientas, se cobran vidas a mansalva y los reyezuelos vencidos siguen como si nada en el poder. O así lo percibe Àlex Ollé en su debut en el Teatro Griego de Siracusa, donde el Istituto Nazionale del Dramma Antico organiza desde 1914 una temporada de clásico que, a pesar de su ajustado presupuesto, es un acontecimiento mundial.Lee tambiénEl director de escena barcelonés y ex Fura dels Baus estrenó el sábado Los Persas de Esquilo en esta espectacular plaza siciliana en la que el propio padre de la tragedia griega, predecesor de Sófocles, vio representadas sus obras. El montaje es diáfano, a lo Peter Brook, y con el atractivo de una banda sonora de Josep Sanou y de la retransmisión por pantalla de un gran trabajo actoral, tal y como se merece la tragedia griega íntegra más antigua. Y que, al contrario de lo usual en la época, no se basa en mitos, sino en hechos contemporáneos: la Batalla de Salamina. Los persas, con Jerjes I decidido a conquistar Grecia, fueron derrotados con estrépito ahí, en el Golfo Sarónico.“Es una pieza cien por cien política de cómo perpetuarse en el poder. Sorprende que tenga 2.500 años”El combate naval ocurría en septiembre del 480 a.C. y, ocho años después, en el 472 a.C., Esquilo dramatizaba la historia. Y lo hacía poniéndose en la piel de los perdedores, con empatía y una denuncia del modus operandi de la clase dirigente totalitaria.“Es una pieza totalmente política sobre cómo perpetuarse en el poder. Y sorprende que tenga 2.500 años”, comentaba Ollé en el café que da la bienvenida al parque arqueológico de la Neápolis que alberga el teatro. Unas 4.500 personas acudían al estreno, tras haber gozado con una Antígona de Robert Carsen que cerraba una trilogía de Sófocles.Una vista del teatro griego de Siracusa, uno de los más grandes del mundoMichele PantanoPresidiendo el macroescenario (de ahí que se recurra a registas de ópera) hay una monumental mesa de 25x6 metros, idea del escenógrafo Alfons Flores. A su alrededor, o por encima, no solo deambulan los cuatro personajes de esta obra puramente narrativa –Jerjes, su madre Atossa, el espectro del padre, Darío, y el mensajero de la batalla, además del coro de ancianos dignatarios– sino que hay otros.Cantando en la Oreja de DionisoI Persiani, Los persas en italiano, contó en la edición de 1990 con banda sonora de Franco Battiato. Un joven Toni Servillo hacía de primer corifeo, el líder del coro, en el Teatro Griego de Siracusa. Y como todo indica que esta tragedia griega incorporaba en la época clásica elementos musicales, Àlex Ollé ha querido un soporte sonoro que sugiera atmósferas, como la inquietante base rítmica con melodías orientales y apoyos musicales para la voz, a modo de sprechgesang, que ha compuesto Josep Sanou. Incluso canta el coro de la Accademia d’Arte del dramma Antico que en la cena posterior en los jardines de la cantera de la Oreja de Dioniso siguieron la tradición de cantar dentro de la cueva de 23 metros de altura y en total oscuridad.“Con Ramon Simó, ayudante de dirección, vimos que este texto duro y sin acción ganaría juego si se cortaba en pedazos y se daba a decir a detractores y partidarios de Jerjes, que no contrarios al régimen dictatorial de su padre Darío”, decía Ollé. Esto que podía ser polémico funcionó con el sentido de la obra. Máxime si lo servía lo mejor clase actoral italiana, como la mítica Anna Bonaiuto (Atossa, la madre) o el atómico Giuseppe Sartori, pupilo de Luca Ronconi que fue ovacionado por su forma de narrar el drama, como si ocurriera en carnes propias. Y todo con el rostro proyectado en gran pantalla.Giovanni Nardoni y Fabrizio Bordignon en el papel de militares que respaldan o son contrarios al rey Jerjes por su gestión de la guerraMICHELE PANTANO¿Complacía eso al público? En realidad sí, “pero aquí no hemos venido a ver cine –decía una aficionada– ni a oír actores con micro”. Lo que menos convenció al purista fue la incrustación de textos nuevos en un clásico . Textos extraídos de testimonios de la Guerra Mundial o la del Golfo, como la madre que ha perdido a su hijo, el soldado que se ha perdido a sí mismo o la joven que ha enviudado. Esos personajes inesperados aparecían de entre el público para subrayar la atemporalidad del drama, que ya quedaba clara con el pulcro vestuario de Lluc Castells o la iluminación de Marco Filibeck, que avanzaba conforme se ponía el sol, el mismo que alumbró a los colonos de Corinto que fundaron Siracusa.Es redactora de La Vanguardia desde 1989, responsable en los últimos años de las áreas de ópera, danza y música clásica para la sección de Cultura. Anteriormente se especializó en temas de igualdad entre sexos y solidaridad. Ha publicado series sobre la prostitución y la evolución de las costumbres sexuales. Nacida en 1967 en Tortosa, en la comarca del Baix Ebre, es licenciada en Periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona y en fotoperiodismo por el International Center of Photography de Nueva York
Àlex Ollé sacude al exigente público de Siracusa con ‘Los persas’ de Esquilo
El director teatral barcelonés debuta en el Teatro Griego de la ciudad siciliana llevando al mundo actual la primera tragedia histórica de Occidente
Àlex Ollé estrena 'Los Persas' en Siracusa: tragedia griega de 2.500 años sobre la perpetuación del poder totalitario, vista desde los perdedores. Con testimonios modernos de conflictos, subraya cómo los patrones de abuso de poder trascienden los siglos y las culturas.










