La gente a la que le gusta Bad Bunny, que aprecia su música, que se ha pasado más horas en Ticketmaster para conseguir su entrada de las que disfrutará en el concierto, la que soltó una lágrima cuando Benito Antonio Martínez Ocasio convirtió la Super Bowl en una fiesta del orgullo latino, todas las mujeres feministas que disfrutamos del reguetón, las que cantamos orgullosas “yo perreo sola”, toda esa gente ha salido a defender la Casita de Bad Bunny con toda la gracia de su retórica. No porque la Casita estuviera o les pareciera bien, porque de hecho ha sido un error lamentable, sino porque pensaban que Benito Antonio es un buen tipo. Y que si Bad Bunny es bueno entonces la Casita tiene que serlo también.Esta forma de pensar tan española sostiene la mayoría de las opiniones que en este país se escriben sobre la Casita y sobre cualquier cosa. En España gastamos muchísima energía en defender la bondad de ciertos sujetos o ideologías cuando se equivocan, como si la realidad pudiera dividirse con la línea simple y binaria que separa a los buenos de los malos. Si Bad Bunny es de los buenos, habrá que esforzarse en defender el despropósito de una casita clasista y pija, convertida en estandarte de la delgadez que enferma a tantísimas mujeres cada día. Y así es como personas nada clasistas, nada machistas y activistas del baile de todos los cuerpos se han lanzado a escribir para defender lo indefendible. Se ha defendido la Casita como escaparate de lo que mejor vende (relacionando los cuerpos con su comercio), se ha dicho que la polémica se debe a que es el espacio político de los jóvenes y que por eso los boomers se meten con ella (como si el problema fuera de los mayores y no del espectáculo), también que quienes la critican son hombres machistas que no critican otros machismos (el clásico “y tú más” de los peores políticos) y, por último, se ha insistido en que la Casita está mal, pero no es culpa de Benito sino del capitalismo, que se lo carga todo, hasta las buenas intenciones. Como si el hecho de vivir en un sistema capitalista borrara la responsabilidad individual de los sujetos de izquierdas.Todo esto lo ha escrito y dicho gente a la que admiro intelectualmente y me ha dado miedo. No por la Casita sino por la desidia moral en la que caemos todos cuando intentamos defender a “los nuestros” en vez de lo que está bien. Benito Antonio, igual que todas nosotras, no es completamente bueno ni completamente malo. Puede ser alguien que busca el bien, que lo persigue, que lo defiende y que no lo alcanza, como la mayoría. No hace falta defenderlo cuando se equivoca por mucho que nos guste, al contrario. El mundo es imperfecto, nosotros somos imperfectos y no pasa nada por recordarlo, porque esa es nuestra oportunidad de ser mejores. Por eso ha sido tan emocionante la respuesta de Benito a las críticas. Ha escuchado, ha atendido y ha cambiado. Tres cómodos pasos a imitar por organizaciones, políticos y hombres del mundo. Ahora dicen quienes lo critican (haga lo que haga) que la Casita ha cambiado por interés. Yo digo que cambiar para hacer lo correcto es el mejor interés posible. Eso y que aún quedan varias noches para disfrutar de uno de los mejores espectáculos del año (se siguen liberando puñados de entradas, no rendirse). “Vamo a perrear, la vida es corta”.
La respuesta correcta de Benito Antonio
Cuando el cantante puertorriqueño se equivocó con La Casita, la respuesta no consistía en defenderlo sin crítica, sino en aplaudirle cuando escuchó y rectificó












