La conmoción por el femicidio de Agostina Vega volvió a poner en primer plano una pregunta: qué está ocurriendo con las adolescencias más vulnerables y cuáles son las responsabilidades de una sociedad que, una y otra vez, llega tarde. Para el padre Melchor López, vicario de los Pobres de la Arquidiócesis de Córdoba, la respuesta no puede buscarse únicamente en las fallas institucionales o en las carencias materiales. El problema, sostuvo, es más profundo y tiene que ver con una pérdida de sentido colectivo.
Desde su trabajo cotidiano en los barrios populares, advirtió sobre una sociedad “anestesiada”, atrapada por el consumo, con dificultades crecientes para conmoverse y para construir redes de cuidado capaces de proteger a niños, niñas y adolescentes. En diálogo con Perfil Córdoba, el sacerdote reflexionó sobre las causas de la violencia, el poder de las redes sociales, la retracción del Estado y el desafío de reconstruir comunidad.
—¿Qué revela sobre una sociedad el asesinato de una adolescente cuando, pasada la conmoción inicial, la vida colectiva sigue su curso casi sin interpelaciones de fondo?
—Revela lo “pasados de rosca” que estamos. El corazón humano está hecho para amar y ser amado, para tener sentidos trascendentes y significativos. También está hecho para conmoverse, para “moverse con” lo que acontece y transformar la realidad. Pero hemos comprado la falacia de “tener es ser” y de que “aparentar es gozar”. La velocidad con la que vivimos detrás de los consumos impuestos nos encegueció el corazón. Tenemos que recuperarlo.









