Hay cocinas que entran por el olor antes incluso de llegar al plato, y pocas lo hacen como la gastronomía árabe. Basta imaginar una mesa con pan recién hecho, cuencos al centro, especias bien medidas, legumbres trabajadas con mimo y ese contraste tan suyo entre lo fresco, lo untuoso y lo tostado para que empiece el antojo.
Lo bonito de este universo es que no se queda en una sola idea de cocina. Bajo el paraguas de la cocina árabe conviven el empuje especiado del Magreb, la delicadeza del Levante, la importancia del pan, las cremas suaves, las sopas reconfortantes y los platos donde un puñado de hierbas o un toque ácido cambian por completo el bocado.
Por eso en este artículo no nos vamos a quedar solo en el tópico del kebab rápido o en el dip de moda. Aquí hay mucho más: hay tradición, hay despensa, hay técnica sencilla y hay platos que, bien hechos, convierten una comida corriente en una pequeña celebración.
También hay una parte muy seductora en la forma de servirlo todo. La gastronomía árabe funciona de maravilla en formato mesa para compartir, picoteo largo o comida de fin de semana con invitados. Un par de cremas, un buen pan de pita, una sopa, una ensalada fresca, un plato más contundente y algo con especias bien afinadas bastan para montar un menú con personalidad.







