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Mantener la cadena de frío es la principal preocupación en los hogares para evitar el deterioro microbiológico del pescado fresco. No obstante, la seguridad alimentaria reside igualmente en los materiales de envasado que entran en contacto con el producto desde la pescadería hasta su consumo. En el comercio minorista, esas especies marinas se distribuyen habitualmente en bandejas plásticas, film transparente o bolsas de congelación.
La industria alimentaria utiliza ampliamente dichos empaques, los cuales están bajo evaluación regulatoria constante debido a la presencia de aditivos químicos. Esos componentes pueden interactuar de forma directa con los alimentos durante el almacenamiento doméstico, lo que altera su composición original, según un nuevo estudio científico publicado en ScienceDirect.
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Un estudio del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC) y la Universidad de Florencia examinó la migración de componentes desde recipientes plásticos hacia productos marinos bajo condiciones domésticas habituales. Los científicos recrearon situaciones de refrigeración a 4 °C por dos días y de congelación a -18 °C durante un mes. Los análisis confirmaron una transferencia de elementos nocivos en ambos escenarios de conservación.











