AnálisisGenera inflamación y crecimiento de bacterias malas que alteran el metabolismo.Conchi no consume grasas ni ultraprocesados. Foto: iStock13.06.2026 06:30 Actualizado: 13.06.2026 06:30

Últimamente es habitual oír hablar de “dieta occidentalizada” o “patrón dietético occidentalizado”. A grandes rasgos, se refiere a una alimentación basada en el consumo de alimentos energéticamente densos (con alto contenido en grasas saturadas y azúcares añadidos) y nutricionalmente pobres (bajo aporte de vitaminas, minerales y fibra, entre otros). Dicho de otra manera, la dieta occidentalizada se caracteriza por un consumo elevado de productos procesados y refinados, carnes rojas y procesadas, azúcares añadidos y grasas saturadas, a la vez que un bajo consumo de frutas, hortalizas, cereales integrales y frutos secos. LEA TAMBIÉN Según esta definición, llevar una dieta occidentalizada implica alimentarse de una forma poco saludable. Por un lado, el tipo de alimentos que se incluyen fomenta una sobreingesta energética que aumenta el riesgo de desarrollar obesidad. Por otro lado, el elevado contenido de azúcares añadidos y grasas saturadas de los alimentos procesados favorece el desarrollo de otras alteraciones metabólicas como diabetes de tipo 2 o problemas cardiovasculares.A ello hay que sumar que, con frecuencia, este patrón dietético suele estar acompañado de un estilo de vida sedentario, agravando todavía más su impacto negativo en la salud.Este patrón dietético suele estar acompañado de un estilo de vida sedentario Foto:iStockSalud intestinal¿Por qué son poco saludables estos alimentos? ¿En qué consiste su daño? Todo apunta a sus efectos sobre la microbiota intestinal. Definida como la compleja comunidad de microorganismos (principalmente bacterias) que habitan en nuestro intestino, esta microbiota es esencial ya que participa en procesos relevantes para la salud, como la obtención de nutrientes o la regulación de la respuesta inmune, entre otros. Para poder cumplir estas funciones, su composición debe ser la “adecuada”, lo que técnicamente se conoce como eubiosis.En este sentido, se han identificado diferentes factores que afectan a la composición de la microbiota intestinal y la dieta de cada individuo es la más determinante. LEA TAMBIÉN A nivel de macronutrientes, la dieta occidentalizada incluye una elevada cantidad de hidratos de carbono simples adicionados (principalmente glucosa y fructosa) que no son los que están presentes de forma natural en los alimentos. Como consecuencia, su consumo excesivo reduce la diversidad de la microbiota intestinal, con una mayor producción de moléculas proinflamatorias y la disminución de la función de la barrera intestinal (el intestino se vuelve más permeable).Este tipo de dieta puede generar inflamación Foto:iStockLos carbohidratos simples característicos de la dieta occidentalizada se relacionan con una reducción en la abundancia de bacterias con efecto antiinflamatorio. Simultáneamente, estos azúcares simples hacen que disminuya la producción de ácidos grasos de cadena corta (AGCC) y otros metabolitos antiinflamatorios que se generan cuando la dieta contiene fibra. Y todo ello se traduce en un estado inflamatorio intestinal.Además de demasiados carbohidratos, con la dieta occidentalizada abusamos de los lípidos. Y resulta que un exceso de la ingesta de grasas requiere una mayor secreción de bilis para su digestión. Ello favorece el crecimiento de patobiontes, que son microorganismos benignos pero que, ante un desequilibrio de la microbiota, pueden provocar patologías e inflamar el colon.La ingesta excesiva de lípidos también altera la composición de la microbiota intestinal al favorecer la producción de mediadores proinflamatorios y alterar la función de barrera intestinal. LEA TAMBIÉN A todo esto se suma un efecto en cadena más: cuando no hay suficientes ácidos grasos de cadena corta, se desregula el pH del intestino y el crecimiento de bacterias beneficiosas, lo cual suma más factores para que la salud digestiva se estropee.EnfermedadesLa disbiosis o desequilibrio de la microbiota es una característica común en pacientes con patologías intestinales. Por ejemplo, se ha observado que los pacientes con enfermedad del intestino irritable presentan una visible escasez de Faecalibacterium prausnitzii, una bacteria con un elevado potencial antiinflamatorio. En el caso de pacientes con sobrecrecimiento bacteriano (Sibo, por sus siglas en inglés), en los que existe una visible hinchazón abdominal y acumulación de gases por la excesiva abundancia de bacterias en el duodeno y yeyuno (partes iniciales del intestino delgado), también se puede hablar de disbiosis.Por su parte, los individuos con celiaquía presentan una menor abundancia de bacterias beneficiosas de las especies de Bifidobacterium y Lactobacillus, y una mayor abundancia de bacteroides.Es importante destacar que no se sabe con certeza si estos cambios preceden a la patología intestinal o si, por el contrario, son las patologías las que provocan la disbiosis. ¿Es primero el huevo o la gallina? Lo que sí es seguro es que la sustitución de un patrón alimentario occidentalizado por uno más equilibrado puede ayudar a mejorar la sintomatología de los pacientes afectados.Una mejor alimentaciónDel mismo modo que una alimentación inadecuada puede tener efectos negativos sobre la microbiota, una alimentación saludable puede ayudar a mantener o recuperar la eubiosis. En este sentido, la dieta mediterránea se considera una opción muy interesante para mantener una buena salud intestinal. LEA TAMBIÉN Este patrón alimentario se caracteriza principalmente por la presencia de alimentos de origen vegetal (frutas, hortalizas, legumbres y frutos secos), por el consumo moderado de pescado y carne blanca, leche y derivados lácteos, y por el uso del aceite de oliva como principal fuente de grasa. Ello resulta en un aporte adecuado de nutrientes, prebióticos y probióticos, que favorecen el mantenimiento de una microbiota intestinal sana.Una dieta con gran evidencia favorable es la mediterránea. Foto:iStockDebido a la presencia de estos alimentos, la dieta mediterránea aporta nutrientes (como los ácidos grasos omega-3) y fitoquímicos (como los polifenoles) con efecto antioxidante y antiinflamatorio que mejoran la salud intestinal.(*) Iñaki Milton Laskibar, profesor universitario e investigador del Centro de Investigación Biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CiberObn) y del Instituto de Investigación Sanitaria Bioaraba, Universidad del País Vasco. Iker Gómez García, investigador predoctoral, Universidad del País Vasco. Jenifer Trepiana Arin, investigadora del CiberObn y del Instituto de Investigación Sanitaria Bioaraba, Universidad del País Vasco. Laura Isabel Arellano García, investigadora predoctoral del CiberObn, Universidad del País Vasco. María Puy Portillo, catedrática de Nutrición, Universidad del País Vasco. Saioa Gómez Zorita, profesora e investigadora del CiberObn y del Instituto de Investigación Sanitaria Bioaraba, Universidad del País Vasco. (**) Es una organización sin ánimo de lucro que busca compartir ideas y conocimientos académicos con el público. Este artículo es reproducido aquí bajo licencia de Creative Commons. Sigue toda la información de Salud en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.