¿Que no tenés plata? ¿Pero qué me decís? Ni siquiera el lamento repetido que venimos escuchando sobre salarios o jubilaciones que no alcanzan podrá aguarnos la fiesta que es un Mundial. Como cada cuatro años, el patriotismo y la alegría volverán a aparecer en nuestras calles y hasta podremos abrazarnos con el vecino que odiamos porque sus perros ladran de noche. Hace cuatro años se veía más movimiento, más euforia y creo, también, muchos más pasajeros abordando los aviones en una travesía bien larga. Tal vez el avance de estos días y el progreso de fases de nuestra selección vaya cambiando el panorama. Pero por ahora parece bien tibiecito. Imposible no adjudicarlo a una crisis económica que se manifiesta en los cambios de hábitos de consumo en cada hogar. Menos salidas, cambio de marcas y por supuesto restricción de los placeres, entre los que se podría contar este viaje al Mundial. Sin embargo nadie se privará de acompañar, sufrir, reír y ojalá, celebrar. No se trata simplemente de una competencia de equipos nacionales del deporte más vistoso y popular. Es mucho más que eso.
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