El 81% de los mexicanos que no van a asistir al Mundial dice que no va porque no puede pagarlo. No porque no quiera México 2026 debió ser un regalo para este país. Un momento para decir: Aquí estamos, aquí seguimos, con todo y nuestros problemas. En cambio, se convirtió en una vitrina costosa, organizada con prisas, pensada para el turista con dólares y no para el aficionado que está acostumbrado a asistir para apoyar a su equipo cada que juega de local.Eso es lo que ha hecho la FIFA con nuestra pasión, ponerle precio de lujo a algo que siempre fue del pueblo.En estaciones de la Línea 2 del Metro, como Bellas Artes e Hidalgo, los usuarios realizan su recorrido entre polvo y el ruido de los obreros. Foto: Gabriel Pano/ EL UNIVERSALLlevamos meses viendo cómo esta ciudad se maquillaba a las carreras para recibir al mundo, mientras los de siempre seguíamos esquivando los mismos baches de siempre.Las obras en el metro, inconclusas. El aeropuerto, con remiendos que literalmente se cayeron a días del arranque. Los maestros y varios grupos más, en plena manifestación, no porque estén en contra del Mundial, sino porque el Gobierno sigue sin escucharlos.Todo al mismo tiempo, todo sobre la hora, todo con esa improvisación a la que parece cada día estamos más acostumbrados.Y mientras tanto, Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, dando conferencias en Beverly Hills, defendiendo los precios de los boletos.Su argumento: Como hay mucha demanda, los precios son justos.Dicho así, con esa naturalidad, como si hablar de 500 millones de solicitudes fuera una respuesta suficiente para el obrero que lleva toda su vida asistiendo cada domingo al estadio y que hoy no puede pagar ni el boleto más barato.Porque eso es lo que no se dice en los comunicados oficiales ni en los spots de la FIFA con música épica: el 81% de los mexicanos que no van a asistir al Mundial dice que no va porque no puede pagarlo. No porque no quiera. No porque no le importe. Sino porque este torneo, que se juega en su país, en su ciudad, a veces a unas cuadras de su casa, simplemente no fue hecho para ellos.La FIFA lleva décadas perfeccionando el arte de vender el futbol como patrimonio universal, mientras lo convierte en negocio de pocos.No es un secreto: sobornos, derechos de transmisión comprados con dinero sucio, escándalos que salpican a ejecutivos de televisoras y funcionarios por igual.Todo documentado, todo investigado, y sin embargo el espectáculo continúa. Porque el espectáculo siempre continúa.Lo que duele es que la señora que vende garnachas fuera del Estadio Azteca lleva semanas sin dormir por las obras y los cierres viales, y ni siquiera va a poder ver jugar a su Selección.Que los niños que crecieron soñando con pararse en esa grada, van a ver el partido en una pantalla, igual que si se jugara en otro continente.El balón va a rodar. Los goles van a caer. Y millones de mexicanos los van a celebrar desde sus casas, con la misma pasión de siempre, aunque nadie les haya reservado un lugar en el estadio.Únete a nuestro canal¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más